China ha sido una de las naciones más firmes al rechazar el uso de criptomonedas como el bitcoin. Sin embargo, mientras mantiene una postura oficial de prohibición, en la práctica, sus autoridades están vendiendo millones en criptoactivos incautados. Esta dualidad ha abierto un debate interno sobre la legalidad, los riesgos y el futuro de los activos digitales en el gigante asiático.
El negocio oculto de los criptoactivos incautados

Desde 2021, China mantiene una línea dura contra el comercio y la minería de criptomonedas. Aun así, ante la acumulación de activos digitales decomisados por delitos financieros, varias provincias han comenzado a liquidarlos a través de empresas privadas en exchanges internacionales.
Ciudades como Xuzhou y Taizhou delegan estas operaciones a compañías como Jiafenxiang, con sede en Shenzhen, que han vendido miles de millones de yuanes en criptomonedas. El dinero es repatriado mediante bancos locales para aliviar las finanzas públicas, muy afectadas por la desaceleración económica. Esta práctica, sin embargo, se lleva a cabo en un vacío legal que despierta serias preocupaciones.
Expertos como Chen Shi y Liu Honglin coinciden en que se trata de una medida improvisada y riesgosa. La falta de un marco regulatorio claro abre la puerta a la corrupción, al lavado de dinero y a irregularidades difíciles de rastrear.
¿Hacia un cambio en la política oficial?

Con cifras récord en incautaciones —más de 59.000 millones de dólares en 2023 según SAFEIS—, el dilema de qué hacer con los activos digitales crece. Algunos expertos, como Guo Zhihao y Winston Ma, proponen que el Banco Popular de China gestione directamente las ventas o que se cree una reserva nacional de criptomonedas, inspirada en modelos como el de Hong Kong o incluso el propuesto por Donald Trump en EE.UU.
A pesar de la postura oficial, informes como los de CryptoQuant revelan que China habría liquidado ya más de 190.000 bitcoins relacionados con el fraude Plustoken, operando en silencio en el mercado internacional.
Esta contradicción entre prohibición y aprovechamiento económico podría obligar al país a redefinir su relación con los criptoactivos. Por ahora, las criptomonedas no se pueden usar legalmente en transacciones comerciales, pero han sido reconocidas como “mercancías virtuales” con valor de propiedad, al menos en procesos judiciales.

En un mundo que ya abraza las criptomonedas, la pregunta es inevitable: ¿puede China seguir ignorando su peso real en la economía global?