El extrañamente adorable y resiliente tardígrado, u osito de agua, quizá tenga la clave para hacer que el tratamiento contra el cáncer sea más llevadero. Eso piensa el equipo de investigadores que acaba de hallar evidencia de que una proteína que producen estas microscópicas criaturas podría proteger a nuestras células sanas de los estragos que causa la terapia de radiación.
Científicos del MIT, de la Universidad de Iowa y otros lugares llevaron adelante un estudio nuevo que se publicó el miércoles en Nature Biomedical Engineering. En experimentos con ratones los investigadores observaron que la proteína reducía el daño que la radiación causa en las células normales en tanto que la terapia de radiación puede apuntarse a las células cancerosas. Este hallazgo podría algún día resultar en un invalorable beneficio para muchos pacientes de cáncer, según afirmaron.
Los tardígrados son extremófilos notorios por su asombrosa capacidad para sobrevivir en algunas de las condiciones más inhóspitas de la Tierra (y del espacio). Han evolucionado incluso para soportar dosis extremas de radiación – miles de veces más de lo que puede soportar un humano – y uno de los trucos que usan para resistir a esa radiación es la producción de algo que se conoce como proteína supresora de daños, o Dsup. Esta proteína, como lo implica su nombre, parece suprimir el daño al ADN inducido por la radiación, al ligar hebras de ADN e impedir que se rompan como suele suceder.
Primeros ensayos
El equipo de investigadores decidió probar si era posible transferir a otros animales esa armadura corporal contra la radiación que presenta el tardígrado, y comenzaron por los ratones.
Utilizando tecnología de ARNm el equipo logró que algunas células de los ratones produjeran temporalmente Dsup (solo por unas horas) y luego expusieron las células a la radiación. Eligieron específicamente células que tapizan la boca y el recto porque la radiación suele usarse para tratar cánceres en esas áreas.
Tal como sucedía con los tardígrados, los ratones del equipo parecían tener protección adicional contra los daños de la radiación, según hallaron los investigadores. En experimentos con ratones que tenían cáncer de boca también demostraron que la terapia de ARNm no impedía que la radiación matara las células tumorales cercanas.
El trabajo continúa
“La estrategia podría aplicarse de manera amplia para proteger el tejido sano de los agentes dañinos para el ADN”, escribieron los científicos en su trabajo. Por supuesto que todavía hay un largo camino por recorrer para que esto sea aplicable a pacientes humanos con cáncer, y harán falta más estudios y ajustes para que esta tecnología sea práctica y segura para uso médico.
Los científicos piensan crear una versión mejorada de la proteína que tenga menos probabilidades de provocar una respuesta no deseada de nuestro sistema inmune, por ejemplo. En otros estudios también se descubrió recientemente que los tardígrados son más resistentes aún a la radiación, lo que sugiere que la Dsup no es la única herramienta a prueba de radiación que podríamos tomar de ellos. Pero si el trabajo del equipo sigue avanzando, eventualmente podría brindar amplios beneficios al quizá 50 o 60% de los pacientes de cáncer que pasan por radioterapia.
La proteína incluso podría tal vez usarse para proteger a los astronautas de la radiación relacionada con el espacio, o para proteger a pacientes de cáncer de otras causas de daño al ADN inducido por el tratamiento como sucede con las drogas de quimioterapia, indican los investigadores.
“La radiación puede ser muy útil en el caso de muchos tumores pero reconocemos también que los efectos colaterales pueden ser limitantes”, dijo el coautor del trabajo Giovanni Traverso, profesor adjunto de ingeniería mecánica en el MIT y gastroenterólogo del Brigham and Women’s Hospital, según MITNews. “Hay una necesidad insatisfecha respecto de ayudar a los pacientes a mitigar el riesgo del daño a tejido adyacente”.
Los tardígrados hace tiempo que se cuentan entre los animales más fascinantes debido a sus múltiples invulnerabilidades. Si somos afortunados, tal vez algún día podamos aprovechar parte de ese super poder, para beneficio nuestro.