En 1962 la ciencia formuló la hipótesis de que la forma conocida del diamante – un cristal mayormente cúbico – no era el mineral más duro, como se buscaba. Desde entonces los investigadores han estado trabajando para crear un diamante hexagonal, que afirman que sería un 50% más duro que un diamante tradicional. Ahora, unos investigadores chinos podrían haberlo logrado.
En un trabajo que se publicó ayer en Nature se describe la síntesis de un “diamante hexagonal de fase pura y tamaño milimétrico”, hecho con un método muy específico de compresión de grafito a elevadas temperaturas. El diamante de 1 milímetro era un poco más duro, rígido y resistente a la oxidación que los diamantes cúbicos.
Además, el equipo sometió al producto de su trabajo a análisis con rayos X y microscopios a escala atómica y confirmó que la estructura del cristal era hexagonal, con mínimos defectos. Eso constituiría la evidencia más potente de que pueden existir los diamantes hexagonales, según afirma el equipo.
“Hay centenares de personas que creen haberlo visto”, le dijo a Nature News Oliver Tschauner, cristalógrafo de la Universidad de Nevada. Tschauner es un experto que revisó este trabajo y añadió que se trata de “la primera caracterización muy precisa de tan elusivo material”.
¿Es extraterrestre? ¿Es un defecto? ¿Es real?
A cinco años de que se predijeran los diamantes hexagonales, los geólogos afirmaron haber encontrado un diamante hexagonal natural, nada menos que dentro de un meteorito. A esta singular estructura la nombraron lonsdaleita. Más o menos al mismo tiempo otro laboratorio dijo que había producido diamantes hexagonales comprimiendo grafito.
Pero unos 50 años después dos trabajos independientes (encabezados por el mismo investigador) argumentaron que, basándose en investigaciones más modernas, ni la lonsdaleíta ni el cristal hecho en el laboratorio eran verdaderos diamantes hexagonales sino diamantes cúbicos con extraños defectos. A comienzos d ela década de 2020 hubo otros intentos y se crearon variaciones de “lonsdaleite”, aunque resultaron ser demasiado diminutas, o no duraban más de unos nanosegundos.
“Como resultado, el diamante hexagonal siguió siendo algo controversial y elusivo”, señalan los investigadores en este trabajo, “mayormente por las dificultades para producir diamantes en bulto y de fase pura, lo que impide poder entender mejor sus propiedades intrínsecas”.
La receta del grafito
Para crear su versión de diamante hexagonal, el equipo se decidió por el grafito altamente orientado, material de carbono sintético que suele usarse en estudios químicos avanzados. Ubicaron la hoja de grafito entre yunques de carburo de tungsteno, donde lo sometieron a una presión de 20 gigapascales (200.000 veces la presión atmosférica) y a temperaturas de entre 1.300 y 1.900 °C.
El equipo también identificó un ángulo específico para aplastar al grafito, con la presión desde arriba y no desde los costados. Así produjeron un diamante hexagonal puro, diminuto, de casi 1 milímetro, que los microscopios a escala atómica confirmaron que consiste en átomos de carbono apilados en configuración hexagonal.
Cuando pusieron a prueba las propiedades del diamante, hallaron que era más rígido y resistente a la oxidación, tal como lo esperaban. Pero en términos de dureza era tan solo un poco más duro que los diamantes tradicionales, a pesar de que esperaban que la diferencia fuera del 50%.
Un patrón que emerge
Lo sorprendente es que en 2025 dos grupos diferentes habían llegado a un resultado similar al de este trabajo, aunque las señales de rayos X no eran tan claras como en este caso. Al mismo tiempo esos resultados, aunque separados pero repetidos, demuestran que es posible reproducir diamantes hexagonales en laboratorio, aspecto esencial de cualquier tecnología que tenga aplicaciones prácticas.
Eso “debería bastar para convencer a los escépticos de que el material existe y se puede fabricar en el laboratorio”, le dijo a Nature News uno de los autores principales del trabajo, Chongxin Shan, físico de la Universidad de Zhengzhou, China.
Los investigadores afirman que su trabajo “resuelve la histórica controversia en torno a la existencia de los cristales hexagonales”, pero tenemos que esperar que haya más trabajos porque los científicos en materiales suelen ser escépticos.
Si se confirma, se trata de una gran noticia porque los diamantes regulares ya son utilizados en entornos industriales. Por eso, una versión más dura y resistente podría representar algo grandioso para los fabricantes.