Hay una contradicción que resulta bizarra: los asteroides como el infame Chicxulub que acabó con los dinosaurios, se vieron seguidos de vida que prosperó. Esa roca espacial que impactó en Yucatán con 100 millones de megatones de fuerza, por ejemplo, creó al mismo tiempo un rico ecosistema marino que surgió de las chimeneas hidrotermales que crearon vida.
Dos investigadores que estudian patógenos fúngicos revelaron evidencia geológica de lo que dieron en llamar “florecimiento global de los hongos”, que literalmente brotó en los polvorientos y áridos desiertos que quedaron tras el impacto del Chicxulub. El polvo, piedras y todo lo que salió volando con este impacto junto a las erupciones de los volcanes que formaron las Trampas del Decán en el oeste de India, transformaron eventualmente el clima de la Tierra, en algo parecido a un sótano húmedo. Aunque era un entorno inhóspito para casi toda la megafauna, creó las condiciones casi perfectas para que una red mundial de hongos prosperara y se alimentara de los restos de las especies exterminadas.
“Los hongos son los grandes digestores de la materia orgánica”, afirman Rosanna Baker y Arturo Casadevalls, microbióloga e inmunólogo respectivamente, que escribieron un trabajo sujeto a revisión para sumar a su estudio, publicado el martes en Proceedings of the National Academy of Sciences.
Ambos han estudiado los patógenos fúngicos que afectan a las personas que sufren de enfermedades autoinmunes y sistemas inmunológicos debilitados, y señalan que esta creciente red de hongos podría haberse alimentado también de los animales que quedaran vivos.
“No hace falta la mortalidad en masa para que proliferen los hongos ya que las catástrofes ecológicas también pueden debilitar la resistencia de las especies vivas ante las enfermedades causadas por los hongos”, señalaron.
El reino de los hongos
Baer y Casadevall recurrieron a la litoestratigrafía, estudio geológico de las capas de roca que se han ido apilando a lo largo de milenios, para encontrar evidencia de este dominio mundial de los hongos durante el evento de extinción del límite Cretácico-Paleógeno (K/Pg o K-Pg) de hace unos 66 millones de años. Antes de su investigación, solo se había documentado evidencia sólida de este crecimiento en las poblaciones de hongos en un estudio de antiguas esporas fósiles de Moody Creek Mine en Nueva Zelanda.
Los investigadores se centraron en dos sitios geológicos bien preservados en Denver Basin, Colorado, y Williston Basin, Dakota del Norte, tomando muestras de material relacionado con el Cretácico y “arcilla fronteriza” de la era K/Pg, más material depositado en el Paleoceno.
Casi todas las capas del Bowring Pit de Denver Basic eran ricas en diminutos restos fósiles de plantas y animales, palinomorfos, con excepción de la arcilla del límite K-Pg y otra capa del Cretácico tardío “donde las formas fúngicas constituían 50% o más del total”, escribieron en su trabajo los científicos.
Esto último constituía una sorpresa, que Baker y Casadevall dijeron “se correlaciona con un período de enfriamiento climático en intrigante coincidencia con la fase Poladpur de las Traps de Decán”, catástrofe similarmente apocalíptica que ayudó a apresurar la extinción de los dinosaurios.
Las muestras que recolectaron en Williston Basin de Dakota del Norte revelaron dos picos fúngicos, uno antes y otro, después, de las capas límite Pg-K, muestras ricas en raíces de hongos y esporas fosilizadas.
Las capas perdidas
Baker y Casadevall atribuyen su éxito a un método más delicado que el usual en el análisis de sedimentos geológicos. Explican que en general, la zaranda de palinomorfos suele implicar que se lavan los minerales no relacionados con “ácido hidroclórico e hidrofluórico, tratamientos alcalinos, oxidación y acetólisis” y todo eso puede disolver y lavar antigua evidencia de hongos en las muestras de campo.
Lo que hicieron los investigadores esta vez fue trabajar con una alternativa no ácida, el hexametafosfato de sodio, compuesto que reacciona de manera deseada desarmando o separando las partículas de arcilla sin dañar los microfósiles de hongos que tengan incrustados
“También omitimos el paso de colado de 10 micrómetros que suele eliminar el material orgánico amorfo, pero implica la pérdida de esposas más pequeñas”, añadieron.
Baker y Casadevall esperan que estos métodos más nuevos ayuden a revelar episodios adicionales de dominio fúngico en el registro fósil “o períodos adicionales de estrés ecológico en la historia geológica, incluyendo eventos regionales en lugar de globales”.