La investigación revela un escenario que parecía impensado: los nanoplásticos pueden atravesar las defensas naturales de las plantas y acumularse en sus partes comestibles. Lejos de ser una simple anécdota, el descubrimiento plantea preguntas urgentes sobre la calidad de los alimentos que ponemos a diario en nuestra mesa.
Una barrera vegetal superada
Las plantas cuentan con un filtro biológico llamado franja de Casparya. Este tejido impermeable bloquea sustancias dañinas, al igual que los cilios de la nariz evitan la entrada de polvo o bacterias en nuestro cuerpo. Sin embargo, los nanoplásticos —mil veces más pequeños que el grosor de un cabello— consiguen atravesarlo.
El equipo de la Universidad de Plymouth cultivó rábanos en condiciones de laboratorio y comprobó que las plantas retenían el 5 % de las partículas plásticas a las que estaban expuestas. Lo llamativo fue la distribución: una cuarta parte se localizó en la raíz comestible y hasta un 10 % alcanzó las hojas.
Plástico en cada rincón del ecosistema
El profesor Nathaniel Clark, autor principal del trabajo, fue tajante: “Es la primera vez que demostramos que los nanoplásticos pueden acumularse en las plantas y transmitirse a cualquier organismo que las consuma”. Su colega Richard Thompson añadió: “Ya sabíamos que los mariscos retenían microplásticos, pero ahora comprobamos que también ocurre en los vegetales”.
Après les bouteilles échouées sur une plage ou sacs plastiques abandonnés dans une forêt, une menace encore plus insidieuse pourrait déjà se trouver dans notre assiette.
Par @ponsheloise
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Partículas casi imposibles de rastrear
Detectar nanoplásticos es un desafío técnico. Su diminuto tamaño hace que se confundan con el propio tejido vegetal. Para superar ese obstáculo, los investigadores diseñaron partículas de poliestireno fácilmente identificables bajo el microscopio. Aun así, reconocen que este material es solo un punto de partida y que la interacción puede variar según el tipo de plástico, su forma y su composición química.
A diferencia de los animales, que pueden eliminar parte de estas partículas a través del aparato digestivo o los riñones, las plantas parecen actuar como sumideros: retienen los nanoplásticos en sus estructuras, con consecuencias aún desconocidas para la salud humana.
Un desafío para el futuro de la alimentación
Este estudio marca el inicio de una línea de investigación que podría redefinir la noción de “alimentación sana”. La presencia de nanoplásticos en verduras abre interrogantes sobre la exposición crónica de las personas y la necesidad de repensar la gestión de residuos plásticos en agricultura.
El hallazgo, aunque preliminar, funciona como advertencia: los plásticos que inundan el planeta no desaparecen, simplemente se transforman en fragmentos cada vez más pequeños que terminan en los lugares más insospechados, incluso en aquello que consideramos lo más natural: los alimentos de nuestra mesa.
Fuente: Meteored.