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Ciencia

Nuevo estudio en Finlandia demuestra que los insecticidas domésticos reducen hasta un 5% el retorno de abejorros al nido. Un producto común en terrazas y jardines podría estar desorientando a los polinizadores

Investigadores finlandeses comprobaron que una exposición breve a insecticidas usados contra mosquitos no mata a los abejorros, pero sí altera su capacidad para regresar al nido. El impacto es silencioso: menos alimento, colonias debilitadas y más presión sobre unos polinizadores ya amenazados.
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Hay gestos que repetimos sin pensar: encender una espiral antimosquitos, conectar un difusor en la terraza o activar un repelente antes de cenar al aire libre. Parecen decisiones pequeñas, casi automáticas. Sin embargo, un nuevo estudio sugiere que ese hábito cotidiano podría estar afectando a uno de los engranajes más delicados de la naturaleza: la orientación de los polinizadores.

Investigadores de Finlandia han observado que ciertos insecticidas domésticos no matan directamente a los abejorros, pero sí pueden dificultar que encuentren el camino de regreso al nido. Y en una colonia, perder trabajadores no siempre ocurre por muerte visible. A veces ocurre simplemente porque no vuelven.

El problema no es morir: es desaparecer

Nuevo estudio en Finlandia demuestra que los insecticidas domésticos reducen hasta un 5% el retorno de abejorros al nido. Un producto común en terrazas y jardines podría estar desorientando a los polinizadores
© University of Turku.

Los abejorros desempeñan una función esencial en ecosistemas y agricultura. Visitan flores, transportan polen y ayudan a la reproducción de numerosas especies vegetales. También son especialmente eficaces en cultivos donde otros polinizadores rinden menos.

Cada salida del nido tiene un objetivo claro: recolectar néctar y polen para sostener a la colonia. Cuando un individuo no regresa, no solo se pierde un insecto. Se pierde alimento, tiempo y capacidad de trabajo. Una ausencia puntual puede compensarse. Muchas ausencias repetidas durante semanas ya representan otra historia.

Qué analizaron exactamente los científicos

El estudio fue realizado por equipos de las universidades de Turku y Oulu y se centró en la praletrina, un compuesto perteneciente a la familia de los piretroides. Este tipo de sustancia se utiliza en dispositivos domésticos para repeler o eliminar mosquitos y otros insectos.

Los investigadores trabajaron con 167 abejorros de la especie Bombus terrestris, una de las más conocidas en Europa. Tras exponerlos durante periodos breves (1, 10 y 20 minutos) a un dispositivo comercial, los soltaron a aproximadamente un kilómetro del nido. Después midieron algo muy concreto: cuántos lograban regresar durante los tres días siguientes.

Los resultados fueron más llamativos de lo esperado

En el grupo no expuesto, alrededor del 37% consiguió volver al nido. Entre los abejorros expuestos durante diez minutos, el porcentaje cayó al 17%. Y tras veinte minutos de exposición, apenas regresó un 5%. La diferencia no apunta a una simple variación estadística menor. Sugiere una alteración seria en la capacidad de orientación.

Lo interesante es que muchos de los insectos no mostraban señales externas de daño. No parecían más lentos, ni incapaces de volar, ni físicamente debilitados. El problema parecía estar en otro lugar: navegación, memoria espacial o procesamiento sensorial.

El efecto invisible de los pesticidas modernos

Durante años, la preocupación pública se centró en la toxicidad directa: productos que matan insectos de forma inmediata. Pero la ciencia lleva tiempo alertando sobre otro fenómeno más difícil de detectar: los efectos subletales.

Son impactos que no causan muerte instantánea, pero alteran conducta, reproducción, aprendizaje o capacidad de regresar al refugio. En especies sociales como los abejorros, esos daños pueden acumularse hasta debilitar toda la colonia. Es una amenaza silenciosa. No hay montones de insectos muertos sobre el suelo. Solo menos actividad, menos retorno y menos eficacia ecológica.

Por qué importa también en ciudades y jardines

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© University of Turku.

Podría pensarse que el riesgo solo existe en zonas agrícolas. Sin embargo, jardines privados, balcones y parques urbanos se han convertido en pequeños refugios para polinizadores en muchas ciudades.

Precisamente por eso, el uso extendido de insecticidas domésticos introduce una paradoja incómoda: espacios creados con flores y plantas para atraer biodiversidad pueden volverse hostiles al mismo tiempo. No hablamos de una gran fumigación visible. Hablamos de miles de pequeñas emisiones repartidas por barrios enteros durante todo el verano.

Un problema que se suma a otros ya conocidos

Los polinizadores ya soportan pérdida de hábitat, cambio climático, enfermedades emergentes y exposición a pesticidas agrícolas. Añadir presión doméstica constante empeora un escenario delicado. Menos abejorros activos significa menos polinización. Eso repercute en plantas silvestres, cultivos, producción de semillas y estabilidad de ecosistemas completos.

El hallazgo finlandés no significa que cada repelente sea una catástrofe inmediata. Pero sí recuerda algo importante: algunos impactos ambientales no llegan con estruendo. Llegan poco a poco, cuando quienes sostienen el sistema empiezan a perder el camino de vuelta a casa.

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