El ayuno intermitente ha ganado popularidad como una de las formas más efectivas para perder peso. Sin embargo, un nuevo enfoque desafía su base más estricta. Investigadores han descubierto que quizás no sea necesario reducir tanto las calorías… si apuntamos al enemigo correcto. ¿Es posible engañar al metabolismo restringiendo solo los carbohidratos?

Una nueva forma de entender el ayuno intermitente
Durante años, el ayuno intermitente ha sido considerado una herramienta poderosa para adelgazar. Desde métodos como el 5:2 hasta ventanas de alimentación diarias, su efectividad parece estar ligada a la reducción temporal de la ingesta calórica. Pero nuestro cuerpo, siempre adaptativo, responde a esta escasez ralentizando el metabolismo, lo que limita los resultados a largo plazo.
Este es uno de los principales desafíos: aunque comamos menos, también gastamos menos energía. Frente a esta paradoja, algunos investigadores creen que podríamos obtener beneficios similares enfocando la estrategia en la supresión de carbohidratos durante los días de restricción.
El experimento que pone en duda lo que creíamos saber
Un equipo de investigadores liderado por Adam Collins, de la Universidad de Surrey, decidió comprobar si el tipo de alimento que se elimina importa tanto como la cantidad. Para ello, reclutaron a 12 personas con sobrepeso u obesidad, que participaron en una dieta intermitente con dos enfoques distintos.
Durante dos días no consecutivos, los participantes siguieron una de estas dos variantes: una dieta baja en carbohidratos o una de restricción calórica severa (reducción del 75 % de las calorías). Los otros cinco días, comieron con normalidad, incluso incluyendo alimentos altos en grasa y azúcar.
El resultado fue sorprendente: ambas estrategias ofrecieron efectos similares sobre el metabolismo. La restricción de carbohidratos, sin necesidad de reducir drásticamente las calorías, podría ser tan efectiva como el ayuno clásico.

¿Un camino más fácil hacia una mejor salud?
La clave de esta nueva perspectiva parece estar en la “flexibilidad metabólica”, la capacidad del cuerpo para alternar entre distintas fuentes de energía. Reducir temporalmente los carbohidratos obliga al organismo a recurrir a las grasas como combustible, lo que favorece un mejor control del azúcar en sangre y una reducción del riesgo de enfermedades cardiometabólicas.
Aunque los resultados son prometedores, los autores insisten en que se necesitan más estudios y muestras más amplias. No obstante, combinar estas dos estrategias podría ofrecernos una alternativa más accesible, eficaz y menos agresiva para perder peso y mejorar la salud.
Fuente: Xataka.