El brote de hantavirus a bordo del MV Hondius se ha convertido en uno de los eventos más seguidos hasta ahora este año. Y con razón. Dicho esto, cuanto más vamos conociendo sobre este brote y el virus en cuestión, menos preocupados estamos.
El viernes por la mañana se informó que ha habido ocho casos confirmados o sospechosos de hantavirus vinculados al crucero, y tres muertes relacionadas con este brote. Aunque hay probabilidades de que surjan nuevos casos, también hay cada vez más evidencia de que no se trata de algo sin precedentes. Por lo tanto, aunque resulta importante asegurar la seguridad de los pasajeros del Hondius y de quienes estuvieron en contacto con ellos, estoy de acuerdo con la evaluación de la Organización Mundial de la Salud que dice que este brote representa un riesgo bajo para todos los demás. Quiero explicar por qué.
Conocemos al culpable
El primer caso del brote fue un hombre de Países Bajos que enfermó el 6 de abril y murió cuatro días después. Su contacto estrecho, una mujer de igual nacionalidad, empezó a sentirse enferma unas dos semanas más tarde. Dejó el crucero el 24 de abril al llegar a la isla de Santa Elena en el Atlántico sur. Murió dos días después, pero antes había abordado un vuelo a Johannesburgo, Sudáfrica, e intentó abordar otro vuelo hacia los Países Bajos (en ese segundo vuelo la hicieron bajar del avión y la mujer colapsó en el aeropuerto).
La OMS informó al público sobre el brote el fin de semana último y las autoridades sanitarias de diversos países han estado trabajando para entender y contener la propagación de la enfermedad en caso necesario. El miércoles las autoridades de Sudáfrica confirmaron que el culpable es la variante andina del virus.
Los hantavirus suelen propagarse a través del contacto con roedores infectados o sus heces. Pero el virus andino es la única especie de hantavirus de la que se cree que puede darse el contagio por contacto estrecho entre personas. Por eso este brote no tiene su causa en un hantavirus que no sea conocido desde antes.
Ayer se reveló la estructura genética de la cepa del brote, y hallaron que era muy similar a las cepas andinas actuales que se encuentran en América del Sur. Es un descubrimiento importante porque probablemente significa que el virus no evolucionó para ser más virulento o transmitirse con mayor facilidad de persona a persona.
Ya hubo brotes anteriores de enfermedad por virus andino a lo que se conoce como “super propagadores”. Son brotes que parecen requerir circunstancias específicas como casos infectados con elevada carga viral o entornos multitudinarios en donde las personas se encuentran confinadas junto con los que están infectados. Un crucero en un viaje de un mes de duración, como sucede con el Hondius, parecería cumplir con esos criterios.
Es decir que aunque el bote resulte extraño, lo que se ha visto hasta ahora se ajusta a los parámetros conocidos de este virus. Y aunque la cepa andina sí causa enfermedad y muerte en humanos allí donde es endémica, se trata de clústeres que suelen desaparecer rápidamente. La mayoría de los casos de enfermedad por virus andino no se vincula con exposición a otros humanos sino a roedores infectados.
El rastreo importa
Pero nada de eso significa que no haya que darle importancia a este brote.
Después de la evaluación médica de tres personas sospechadas de estar enfermas, sigue habiendo más de 100 personas —pasajeros y tripulantes— a bordo del Hondius. Se espera que el fin de semana el buque amarre en las Islas Canarias, a pesar de que el gobierno local se oponga.
Hay probabilidades de que se haya infectado gente que no estuvo en el crucero, por haber estado en contacto con la mujer de Países Bajos, especialmente si fueron pasajeros del vuelo en que ella viajó. Hay decenas de personas que salieron del crucero y llegaron a Santa Elena al mismo tiempo que la mujer, con lo que queda abierta la posibilidad de otros contagios.
Sin embargo, hay una buena noticia. Un miembro de la tripulación del vuelo del que bajaron a la pasajera enferma, y que mostraba posibles síntomas de infección, dio resultado negativo en los análisis. Hay otras personas que también estaban en los vuelos y que siguen siendo monitoreadas, y esperan los resultados de sus análisis. Sigue habiendo otras preguntas importantes, como el origen del brote (una de las teorías es que el hombre se contagió en una excursión de avistamiento de aves que hizo en Argentina).
La situación además ilustra la realidad de que las enfermedades zoonóticas – las que se transmiten de animales a humanos – como lo es el hantavirus, siguen siendo un riesgo constante para la salud humana, y que hay que rastrear y estudiar todo lo posible. Aunque podría no tratarse de este virus en el caso de este crucero, sin duda en el futuro habrá una gran epidemia o incluso, una pandemia, y probablemente haya más de una. Lamentablemente, en este momento EE.UU. no está haciendo demasiado como para mantener el ojo puesto en esta clase de peligro, porque eso incluye trabajar en estrecha colaboración con los países y organizaciones sanitarias que sí se están ocupando del tema.