Últimamente, no es raro toparse en redes con vídeos que, en pocos segundos, prometen revelar trastornos mentales ocultos o darte un diagnóstico con base en una anécdota cotidiana. Lo que comenzó como una forma de visibilizar la salud mental se ha transformado en una peligrosa moda de autodiagnóstico. ¿Estamos entendiendo mejor nuestros problemas o simplemente adoptando etiquetas sin respaldo clínico?

La era del diagnóstico exprés
«Si haces esto, puede que tengas TDAH»; «Estas son las señales de que eres autista y no lo sabías». Este tipo de contenido abunda en TikTok, Instagram y otras plataformas. En apariencia inofensivos, estos vídeos ganan miles de visualizaciones y generan identificación instantánea entre quienes los ven.
Muchos usuarios, especialmente jóvenes, empiezan a creer que tienen un trastorno solo porque reconocen un rasgo propio en esos clips. El TDAH, la ansiedad, el autismo o los rasgos narcisistas se simplifican hasta volverse irreconocibles. Y lo que parece un ejercicio de autoexploración se convierte en una etiqueta asumida sin diagnóstico.
Esta tendencia responde a una necesidad humana legítima: comprendernos mejor. Pero cuando el algoritmo se convierte en terapeuta, el riesgo es alto. El contenido emocional y personal tiene más chances de viralizarse, y por eso los vídeos sobre salud mental dominan los feeds. Sin embargo, identificación no significa diagnóstico.

La psicología en tiempos de likes
Hablar de salud mental en redes es un avance. Ha roto tabúes y permitido que más personas pidan ayuda. Pero también ha abierto la puerta a la sobreexposición, la banalización y los malentendidos.
Muchos psicólogos han empezado a utilizar las redes como una herramienta de divulgación rigurosa. Sin embargo, no todos los vídeos vienen de fuentes confiables. Como advierte la psicóloga Claudia Pradas, cada vez más pacientes llegan a consulta convencidos de tener un diagnóstico, basados solo en lo que han visto en TikTok.
“Confundimos anécdotas con criterios clínicos”, explica Pradas. Un solo síntoma o una experiencia compartida en redes no basta para definir un trastorno. Y, en algunos casos, asumir un diagnóstico erróneo puede empeorar el malestar original o retrasar un tratamiento adecuado.
Las redes pueden ser aliadas para visibilizar la salud mental, pero no sustituyen la evaluación profesional. Entendernos mejor es importante, sí, pero hacerlo con responsabilidad lo es aún más.
Fuente: Xataka.