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Ciencia

Yellowstone estuvo 70 años sin lobos. En 1995 reintrodujeron apenas 14 y, tres décadas después, el paisaje comenzó a contar una historia inesperada

En 1995, Yellowstone recuperó 14 lobos después de siete décadas sin ellos. Treinta años más tarde, los científicos descubrieron cómo su regreso contribuyó a recuperar árboles, modificar el ecosistema y transformar la vida silvestre.
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Durante aproximadamente 70 años, los lobos desaparecieron del Parque Nacional de Yellowstone, en Estados Unidos. Su eliminación parecía una buena noticia para los grandes herbívoros que habitaban el territorio, pero terminó alterando relaciones ecológicas que habían tardado miles de años en establecerse. Sin uno de sus principales depredadores, los alces pudieron alimentarse de árboles jóvenes y arbustos con una presión que dificultaba la regeneración de determinadas zonas del paisaje.

Entonces, en enero de 1995, ocurrió algo que cambiaría la historia de la conservación ambiental: 14 lobos grises fueron trasladados desde Canadá hasta Yellowstone. Al año siguiente llegaron otros 17. Lo que comenzó como un intento de recuperar una especie desaparecida se convirtió en uno de los experimentos de restauración ecológica más estudiados del mundo.

Treinta años después, nuevas investigaciones muestran que parte de la vegetación está recuperándose. Y el fenómeno plantea una cuestión fascinante: hasta qué punto el regreso de un depredador puede transformar todo lo que sucede a su alrededor.

Yellowstone recuperó 14 lobos en 1995 y desencadenó una transformación que nadie podía medir completamente

Yellowstone estuvo 70 años sin lobos. En 1995 reintrodujeron apenas 14 y, tres décadas después, el paisaje comenzó a contar una historia inesperada
El río Lamar atraviesa uno de los paisajes más estudiados de Yellowstone. Los cambios en su vegetación ribereña forman parte de las investigaciones sobre las cascadas tróficas. © National Park Service.

Los lobos habían sido perseguidos sistemáticamente durante las primeras décadas del siglo XX. Las políticas de eliminación de depredadores terminaron por hacer desaparecer las manadas reproductoras de Yellowstone hacia mediados de la década de 1920.

El panorama comenzó a cambiar cuando las autoridades estadounidenses aprobaron su reintroducción. Según la historia oficial del Servicio de Parques Nacionales, los primeros 14 ejemplares llegaron en enero de 1995 y permanecieron inicialmente en recintos de aclimatación. En 1996 fueron incorporados otros 17, y en 1997 se trasladaron diez lobos adicionales desde Montana.

La presencia de los depredadores añadió una presión sobre las poblaciones de alces, sus presas principales. Pero el efecto no se limitó a la caza: al reducirse el número de herbívoros y cambiar las condiciones de alimentación, algunas plantas comenzaron a encontrar nuevas oportunidades para crecer.

Este proceso se conoce como cascada trófica. Ocurre cuando los cambios en una población de depredadores se transmiten a sus presas y, posteriormente, a la vegetación y otros componentes del ecosistema. Sin embargo, los lobos no actuaron solos. Los osos, los pumas, la caza realizada fuera del parque y las variaciones ambientales también influyeron sobre los alces. Por eso, atribuir toda la recuperación exclusivamente a los lobos sería simplificar una transformación mucho más compleja.

Treinta años después, los científicos encontraron árboles que llevaban décadas sin conseguir crecer

Yellowstone estuvo 70 años sin lobos. En 1995 reintrodujeron apenas 14 y, tres décadas después, el paisaje comenzó a contar una historia inesperada
El 12 de enero de 1995 llegaron los primeros lobos destinados a la reintroducción en Yellowstone. © Jim Peaco / National Park Service.

En 2025, investigadores de la Universidad Estatal de Oregón publicaron un estudio que permitió medir uno de los resultados más importantes de esta restauración.

Los científicos analizaron 87 agrupaciones de álamos temblones (Populus tremuloides) en el norte de Yellowstone. Descubrieron que el 43% de las zonas estudiadas presentaba nuevos árboles jóvenes incorporándose a los estratos superiores del bosque, algo que no se había documentado allí durante décadas. Según la investigación publicada en Forest Ecology and Management, la densidad de álamos jóvenes de al menos dos metros de altura aumentó más de 152 veces entre finales de los años noventa y 2020-2021. Es una señal importante de recuperación, especialmente en lugares donde los herbívoros habían impedido durante años que los árboles alcanzaran suficiente altura.

Los resultados, sin embargo, no indican que todo el bosque haya regresado. En aproximadamente el 38% de las agrupaciones estudiadas seguía habiendo pocos árboles jóvenes o ninguno, mientras que otras zonas mostraban una recuperación parcial.

La investigación también identificó un nuevo desafío: el aumento de la población de bisontes, que continúa consumiendo vegetación y puede dificultar la regeneración en determinados sectores. La recuperación es real, pero desigual. Y precisamente por eso resulta científicamente más interesante que la idea de un parque transformado de manera instantánea.

La historia de los lobos que cambiaron los ríos de Yellowstone tiene un detalle que casi siempre se omite

Yellowstone estuvo 70 años sin lobos. En 1995 reintrodujeron apenas 14 y, tres décadas después, el paisaje comenzó a contar una historia inesperada
Álamos temblones en Yellowstone, una de las especies arbóreas que muestran signos de recuperación después de décadas de presión por herbivoría. © Luke Painter / Oregon State University.

Una de las afirmaciones más famosas sobre Yellowstone sostiene que los lobos no solo recuperaron los bosques, sino que también modificaron el curso de los ríos. La explicación parece lógica: menos herbívoros consumiendo sauces y álamos permitirían que las raíces estabilizaran las riberas, redujeran la erosión y transformaran los cauces.

Sin embargo, la ciencia todavía debate hasta qué punto los lobos fueron responsables de esos cambios. El Servicio de Parques Nacionales estadounidense advierte que la disponibilidad de agua, las precipitaciones, las temperaturas y otros factores también condicionan la recuperación vegetal. De hecho, la investigación más reciente muestra que la recuperación del ecosistema no está terminada. Un trabajo publicado en 2026 reconoce avances significativos en los álamos, pero también destaca la influencia de los bisontes y las diferencias entre distintas zonas del parque.

La lección que deja Yellowstone es incluso más interesante que la historia popular de unos lobos capaces de cambiar ríos. La eliminación de un depredador puede alterar relaciones ecológicas durante décadas y su regreso puede contribuir a restaurarlas, aunque el resultado nunca dependa de una sola especie.

Treinta años después, los árboles jóvenes que vuelven a crecer son una evidencia de esa transformación. No es que 14 lobos hayan reconstruido un parque por sí solos: ayudaron a poner en marcha procesos naturales que llevaban décadas interrumpidos.

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