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Ciencia

El supervolcán Yellowstone lleva 70.000 años dormido. Si alguna vez despierta de verdad, el problema no sería solo Estados Unidos sino que sería catastrófico para el mundo entero

Yellowstone protagoniza desde hace décadas escenarios sobre una futura supererupción capaz de alterar el clima mundial. Sin embargo, los datos actuales cuentan una historia muy diferente bajo la enorme caldera.
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Debajo de los géiseres, lagos y bosques de Yellowstone existe uno de los sistemas volcánicos más famosos del planeta. Allí ocurrieron tres erupciones gigantescas durante los últimos 2,1 millones de años y la más reciente actividad volcánica conocida dejó enormes flujos de lava hace alrededor de 70.000 años.

Desde entonces, ninguna nueva lava ha llegado a la superficie. Es fácil convertir esa cifra en una cuenta regresiva. Si Yellowstone lleva decenas de miles de años sin una erupción, ¿significa que cada día estamos un poco más cerca de la siguiente?

Los científicos que lo vigilan llevan años insistiendo en que los volcanes no funcionan así. Y los últimos datos disponibles en septiembre de 2026 son especialmente poco dramáticos: Yellowstone continúa en nivel de alerta NORMAL, con actividad sísmica y deformación del terreno dentro de sus valores de fondo. Durante agosto se localizaron 61 terremotos y el mayor apenas alcanzó magnitud 2,0.

El dato más tranquilizador está debajo del suelo

El supervolcán Yellowstone lleva 70.000 años dormido. Si alguna vez despierta de verdad, el problema no sería solo Estados Unidos sino que sería catastrófico para el mundo entero
© Shutterstock / Daphne Zheng.

Yellowstone sí tiene magma. Muchísimo. Pero eso no significa que exista bajo el parque un gigantesco océano de roca líquida esperando explotar.

La tomografía sísmica muestra dos grandes cuerpos magmáticos. El más superficial se extiende aproximadamente entre los 5 y 17 kilómetros de profundidad, alcanza unos 90 kilómetros de largo y 40 de ancho, pero solo entre el 5% y el 15% está fundido. El resto es principalmente una masa caliente de cristales sólidos. El reservorio profundo contiene todavía menos material líquido: alrededor del 2%.

En marzo de 2026, el propio Yellowstone Volcano Observatory resumía la situación de manera bastante clara: “no hay nada preparándose ahora mismo” y la cámara magmática permanece mayoritariamente sólida.

Eso importa porque una supererupción necesita reunir enormes cantidades de magma eruptible. Actualmente, los científicos no observan que semejante volumen esté acumulado en condiciones capaces de alimentar un evento de esa escala.

Yellowstone tampoco está “atrasado” para su próxima supererupción

El supervolcán Yellowstone lleva 70.000 años dormido. Si alguna vez despierta de verdad, el problema no sería solo Estados Unidos sino que sería catastrófico para el mundo entero
© YouTube / National Geographic.

Aquí aparece uno de los mitos más persistentes. Las tres grandes erupciones de Yellowstone ocurrieron aproximadamente hace 2,08 millones, 1,3 millones y 631.000 años. Sacar un promedio de esos intervalos produce unos 725.000 años y ha alimentado durante décadas la idea de que existe una especie de reloj geológico.

El USGS dice que utilizar ese cálculo para predecir la próxima erupción es prácticamente inútil. Solo existen dos intervalos que comparar y las erupciones volcánicas no ocurren periódicamente. Yellowstone podría volver a experimentar una gran erupción dentro de muchísimo tiempo o incluso no volver a producir otra supererupción.

Incluso la conocida estimación de una probabilidad anual aproximada de 1 entre 730.000 para otra erupción formadora de caldera es presentada por el propio USGS con una advertencia: surge simplemente de promediar aquellas erupciones anteriores y no constituye una predicción fiable. Y si Yellowstone volviera a entrar en erupción, el escenario más probable tampoco sería el apocalipsis. Sus erupciones magmáticas más comunes después de la formación de la caldera fueron flujos de lava mucho menores, no supererupciones.

Eso no significa que una supererupción fuera poca cosa

El supervolcán Yellowstone lleva 70.000 años dormido. Si alguna vez despierta de verdad, el problema no sería solo Estados Unidos sino que sería catastrófico para el mundo entero
© Shutterstock / rmbarricarte.

El escenario extremo existe, aunque sea extraordinariamente improbable. Una erupción formadora de caldera podría esparcir ceniza sobre grandes áreas de Estados Unidos, Canadá y el norte de México. Simulaciones del USGS muestran depósitos de metros o decímetros en regiones próximas, centímetros en partes del Medio Oeste y cantidades menores incluso en las costas. 

También podría alterar temporalmente el clima mundial. La entrada masiva de gases volcánicos en la atmósfera afectaría la temperatura y la agricultura durante años, aunque el USGS señala que todavía no es posible calcular con precisión la intensidad ni la duración exacta de esos efectos. Eso está lejos de afirmar que Yellowstone “acabaría con la humanidad”. De hecho, el observatorio ha dedicado artículos específicos a desmontar esa idea y considera exagerados muchos de los escenarios de desastre popularizados durante años.

Los riesgos mucho más realistas son otros: grandes terremotos y explosiones hidrotermales, como la registrada en Biscuit Basin en julio de 2024. Y si algún día algo mucho mayor empezara realmente a prepararse, tampoco aparecería de la nada. Los científicos esperarían observar fuertes enjambres sísmicos, deformaciones rápidas del terreno, cambios térmicos y alteraciones en las emisiones de gases durante semanas, meses o incluso más tiempo.

Yellowstone sigue siendo un volcán activo. Sigue moviéndose, respirando calor y produciendo miles de pequeños terremotos. Lo que no es, al menos según todo lo que podemos medir hoy, es una bomba con un reloj contando hacia cero.

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