Coyote Peterson es un individuo que se dedica básicamente a ser vapuleado, mordido, y picado por todo tipo de animales salvajes para que nadie más sienta la necesidad de hacerlo. Su última chaladura es dejarse atacar por el insecto con la segunda picadura más dolorosa de mundo.

Las avispas cazadoras de tarántulas son una familia de insectos dignos de una película de terror, sobre todo si eres una tarántula. En esencia, lo que hacen estos enormes avispones es cazar arañas tres veces más grandes que ellos y paralizarlas con su formidable aguijón. Después, arrastran al infortunado arácnido a un agujero y depositan un huevo sobre su abdomen. Cuando la larva nace, se abre camino hacia las entrañas de la tarántula y se alimenta de ellas mientras la araña aún está paralizada pero viva.

Las avispas caza tarántulas evitan al ser humano a menos que se las provoque, y eso no es nada recomendable. La especie más conocida es la Pepsis formosa. Su picadura es tan potente que roza el límite máximo en el índice del dolor de Schmidt. En los años 40, otro loco de los insectos, el entomólogo Justin O. Schmidt, se dejó picar por todo tipo de bichos para determinar los efectos de sus picaduras en el ser humano. La Pepsis formosa obtuvo la máxima puntuación solo por debajo de otro insecto con nombre desagradable: La hormiga bala.

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La buena noticia es que lo peor del efecto dura solo entre 3 y 5 minutos. Después solo queda un dolor leve y muchísimo picor. La mala noticia es que en esos cinco primeros minutos solo puedes retorcerte y gritar. Schimdt escribió lo siguiente sobre la picadura: “Es un dolor excruciante, inmediato, que simplemente elimina la capacidad de hacer algo, excepto, quizás, gritar. La disciplina mental simplemente no funciona en esas situaciones.”

El siguiente y último paso de Coyote Peterson es la hormiga bala. Esperemos que con ella termine su loca carrera por molestar a los bichos más horribles del mundo. [vía Brave Wilderness]