Ocurre muy pocas veces en la historia que un barco es capaz de eludir una guerra en pleno conflicto bélico. Y una sola vez que ese mismo barco fuera capaz de disfrazarse de isla para pasar desapercibido. Esto fue lo que ocurrió en plena Segunda Guerra Mundial, momento en el que un buque de guerra holandés fue capaz de “convertirse” en una misteriosa isla durante ocho días.

Se trataba del HNLMS Abraham Crijnssen, un dragaminas de los Países Bajos de la clase Jan van Amstel de la Royal Netherlands Navy (RNN). Un barco construido durante la década de 1930 que se encontraba con base en las Indias Orientales Neerlandesas (las colonias establecidas originalmente por la VOC bajo la administración de los Países Bajos en el siglo XIX) cuando Japón atacó a finales de 1941.

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El comienzo del ataque japonés dio lugar posteriormente a lo que se conoce como la batalla del Mar de Java en febrero de 1942, uno de los conflictos navales de la denominada Guerra del Pacífico. Fue sin duda una de las batallas más cruentas entre las fuerzas aliadas y las japonesas.

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Un momento de la historia que culminó con la ocupación japonesa de las Indias Orientales Neerlandesas y los protectorados británicos en Borneo. Durante la misma, el almirante neerlandés Karel Doorman había comandado una serie de flotas de diversas nacionalidades hacia el mar de Java con el único fin de detener a los japoneses, comandados a su vez por Takeo Takagi. Superados en número, la fuerza de Doorman fue hostigada en la noche por la flota de Takagi perdiendo un gran números de navíos.

El resultado fue un desastre para la defensa de Java que además puso en evidencia la desventaja aliada. Así, el 8 de marzo la guarnición neerlandesa se rinde y se da por finalizada la campaña de las Indias Holandesas.

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Sin embargo y antes de que el conflicto llegara a su fin, en vista de la situación adversa se decide que el último buque de guerra dragaminas holandés en pie debía escapar a Australia junto a otros tres buques. Lo que ocurrió a partir de entonces fue insólito.

El barco-isla

Imagen: el HMAS Abraham Crijnessen. Wikimedia Commons

Así fue como comenzó la “aventura” del HNLMS Abraham Crijnssen. El buque formaba parte originalmente de una flota de ocho dragaminas y fue lanzado el 22 de septiembre de 1936. Un navío que tenía como misión principal la identificación y destrucción de minas marinas.

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Tras las órdenes de huida a Australia junto a otros tres barcos, el capitán del HNLMS se percata de que finalmente deben emprender el viaje solos. Todo un reto sobrevivir a semejante aventura desde un barco que contaba con tan “sólo” con dos cañones Oerlikon de 20 mm, un proyectil de 3 pulgadas y una escasa velocidad de 15 nudos (equivalente a 27 km/h). Dicho de otra forma, no tendrían mucho que hacer ante un supuesto ataque de los bombarderos japoneses.

Por tanto se llega a la primera conclusión lógica. Para terminar con vida la travesía debían pasar totalmente desapercibidos. Nadie los debía detectar, algo que obviamente resulta complicado cuando hablamos de semejante megaestructura.

Imagen: el HMAS Abraham Crijnessen. Wikimedia Commons

A partir de aquí el relato se presta a varias interpretaciones. No sabemos en qué momento o quién fue el personaje de la historia que se le ocurrió la genial idea, pero lo que sí es cierto es que posteriormente se pusieron de acuerdo después de que los 45 miembros de la tripulación debatieron sobre las posibles huidas. La idea ganadora: nada menos que convertir el barco en una isla. Puede sonar ridículo, pero la historia demostró que fue una de las decisiones más insólitas y acertadas en la Segunda Guerra Mundial.

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Lo primero que pensaron fue en la manera de modificar el barco. Para evitar ser detectados por los aviones japoneses el buque fue camuflado con todo tipo de follaje de la selva a las islas contiguas en la que estaban varados. Los 45 miembros de la tripulación desembarcaron a tierra cortando árboles y recolectando todo aquello que les pudiera servir para luego cubrir la cubierta del barco. No sólo eso, la tripulación también disponía de pintura en el interior del buque, pintura que usaron para que el navío tuviera partes que hicieran las veces de rocas.

Imagen: el barco-isla. Wikimedia Commons

Finalmente quedaba una incógnita por resolver: ¿cómo demonios iban a engañar a los japoneses con una misteriosa isla que se mueve? Así también es como se decide que para promover la “ilusión”, el barco se mantendría cercano a la costa, anclado e inmóvil durante el día y se movería únicamente por la noche.

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El plan trazado tenía todo el sentido del mundo para la tripulación. Mientras el sol estaba alto sería una isla más, a la noche intentarían cubrir la mayor parte del océano. Y es que para los japoneses debía ser complicado percatarse de la “desaparición” o “aparición” de una isla de entre las más de 18.000 islas en Indonesia.

Y así fue. El HNLMS logró pasar desapercibido por los aviones japoneses y sobrevivió los ocho días de viaje que duró la travesía hasta Australia, momento en el que se reencontraron con las fuerzas aliadas. Al llegar a aguas australianas el dragaminas sufriría una serie de cambios que mejoraban sus prestaciones para la RNN.

Posteriormente llevó a cabo muchas más misiones hasta que fue retirado de la marina de guerra en 1960. Hoy y desde 1995 el HNLMS Abraham Crijnssen es parte del Museo de la Marina holandesa en Den Helder. El primer y único barco de la historia que pudo eludir la batalla en la Segunda Guerra Mundial convirtiéndose en una isla en movimiento.

Imagen: el Abraham Crijnssen en el Museo de la Marina holandesa. Wikimedia Commons

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