Foto: Instituto de Virología Wuhan / Nature

Todo el que entre debe cambiarse de ropa al entrar y al salir, y nada, ni el agua que se cuela por el lavabo o el aire que respire, saldrá al exterior sin pasar por un complejo proceso de desinfección. Bienvenidos al primer laboratorio chino donde experimentarán con los patógenos más letales.

El laboratorio está en la provincia de Wuhan, y es la primera instalación de categoría BLS-4 en toda China. Lo más cercano son dos laboratorios con esa certificación en Taiwán y uno en Japón.

Wuhan es el primero del país, pero no el último. Las autoridades chinas quieren construir toda una red de laboratorios similares, siete en total, en los próximos años. La iniciativa ha despertado tanto entusiasmo como preocupación.

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Un laboratorio con nivel de bioseguridad 4 es una instalación en la que se investiga con patógenos altamente contagiosos por vía aérea, letales para el ser humano, y para los que no existe vacuna conocida. Actualmente hay solo un puñado de instalaciones de este tipo en el mundo, y lograr la certificación para ese nivel de seguridad es un proceso complejo. El único laboratorio BLS-4 de todo Japón se construyó en 1981, y no comenzó a trabajar con patógenos de ese nivel de peligrosidad hasta 2015. El laboratorio de Wuhan se terminó de construir en 2014. Si todo va bien, las autoridades chinas le darán el visto bueno para operar en junio de este año. El gobierno del país tiene previsto abrir los demás centros para 2025.

La idea de abrir un centro de patógenos peligrosos en China surgió en 2003, pero se aceleró tras la epidemia de Síndrome Respiratorio Agudo Grave (SARS, por sus siglas en inglés) que afectó al país. El centro de Wuhan ha costado 44 millones de dólares y está pensado para resistir terremotos de intensidad 7 en al escala Richter. Es una precaución encomiable pero innecesaria porque la zona en la que está no es sísmicamente activa.

Imagen del centro poco antes de su inauguración en 2015. Foto: Gopura

La construcción del centro ha contado con el asesoramiento de técnicos franceses y los especialistas que trabajarán allí se han entrenado en un laboratorio BLS-4 de Lyon, en Francia. También se han realizado ya simulacros de emergencia con virus de baja peligrosidad, pero no falta quien ha mostrado su preocupación por la apertura del centro.

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Las principales pegas a un laboratorio de este tipo en China son más políticas que científicas. Se cita, por ejemplo, la tradicional poca transparencia de la administración China a la hora de informar de posibles incidentes. Tim Trevan, consultor en bioseguridad de la compañía CHROME Biosafety explica que la rígida jerarquización laboral típica de China no es lo mejor a la hora de gestionar posibles crisis. En una instalación de Pekín donde almacenan muestras del virus SARS ya ha habido varias fugas peligrosas.

Tras Wuhan hay otro centro esperando acreditación en Harbin, y pronto se les unirán otros dos en Pekín y Kunmíng. Todos ellos, además, trabajarán con monos. En China la legislación y los reparos a trabajar con simios son menores que en otros países, pero Richard Ebright, biólogo molecular de la Universidad de Rutgers expone sus dudas sobre esta manera de trabajar: “Los monos son demasiado impredecibles. Corren. arañan. Muerden”, sentencia.

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Finalmente, esta la inevitable cuestión de que este tipo de laboratorios pueden servir tanto para investigar vacunas y tratamientos como para diseñar virus más peligrosos. Obviamente, China nunca va a reconocer que quiera crear una red de laboratorios BLS-4 con esa función, pero la preocupación está ahí, sobre todo teniendo en cuenta la inestabilidad geopolítica que rodea a China en algunas de sus regiones. [vía Nature]