La ciudad de Sverdlovsk, en los 70. Foto: Fred Grinberg / AP

Abril de 1979. Una extra√Īa epidemia seg√≥ las vidas de 105 personas en la peque√Īa ciudad rusa de Sverdlovsk. Las autoridades locales achacaron el incidente a carne en mal estado. La historia real no se ha confirmado hasta hoy, y comienza en un laboratorio clandestino llamado Compuesto 19.

Por mucho que la policía rusa culpara a carne vendida en el mercado negro, las agencias de inteligencia occidentales siempre sospecharon que la plaga que pasó por Sverdlovsk (hoy Ekaterimburgo) tuvo su origen en un accidente con un arma biológica. Una investigadora de Harvard por fin ha confirmado la hipótesis y lo ha hecho con una prueba irrefutable: el mapa genético del arma con la que los rusos estaban ionvestigando: Antrax.

Lo que ocurri√≥ aquella ma√Īana de abril fue el resultado de una larga serie de decisiones desastrosas. Para empezar, Compuesto 19 no deb√≠a de haber estado en funcionamiento. En 1975 entr√≥ en vigor la Convenci√≥n sobre la Prohibici√≥n del Desarrollo, la Producci√≥n y el Almacenamiento de Armas Bacteriol√≥gicas (Biol√≥gicas) y Tox√≠nicas. Se trataba de un acuerdo internacional que Rusia, junto a otros 2 pa√≠ses firm√≥ en 1972.

Los países firmantes se comprometían expresamente a nunca desarrollar, producir, almacenar, adquirir o conservar agentes biológicos peligrosos con fines que no fueran estrictamente médicos.

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El documento no establecía medidas de vigilancia para asegurar su cumplimiento, y Rusia fue uno de los países que se lo saltó a la torera manteniendo instalaciones de investigación en las que se trasteaba con diferentes patógenos, entre ellos el antrax.

El antrax de Compuesto 19 se preparaba en forma de un fino polvo que se secaba en unos dep√≥sitos. La √ļnica barrera que evitaba que el polvo en suspensi√≥n saliera al exterior eran unos filtros. Un operario retir√≥ uno de esos filtros para sustituirlo y desactiv√≥ la m√°quina de secado, pero el funcionario que supervisaba la instalaci√≥n no lo apunt√≥, y el siguiente operario encendi√≥ la m√°quina de secado sin el filtro.

Alevtina Nekrasova visita la tumba de su padre Vasily Ivanov, una de las primeras víctimas del incidente.

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El sistema de ventilaci√≥n de Compuesto 19 liber√≥ en la atm√≥sfera una nube de Antrax de extrema virulencia. Las esporas dejaron una estela de 105 fallecidos (64 seg√ļn fuentes rusas) y un n√ļmero indeterminado de animales muertos. Los s√≠ntomas eran espeluznantes y variaban entre la meningitis aguda, neumon√≠a con necrosis de los tejidos y lesiones gastrointestinales hemorr√°gicas. Hubo mucha suerte. Si el viento hubiera soplado en direcci√≥n a la ciudad aquel d√≠a, las v√≠ctimas se hubieran contado por miles.

37 a√Īos despu√©s del incidente, un grupo de investigadores por fin han logrado descifrar por completo el mapa gen√©tico de la cepa de antrax que provoc√≥ la masacre en Sverdlovsk. Las muestras con las que trabajaron provienen de tejidos de las propias v√≠ctimas recogidos por investigadores rusos en los 90 y conservados en formol. El estado de conservaci√≥n no era id√≥neo, y hasta hoy no se hab√≠a podido aislar el mapa gen√©tico completo.

El Bacillus Antracis, visto al microscopio electrónico. Foto: Wikimedia Commons.

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La cepa de antrax que encontraron curiosamente apenas muestra rastro e modificación genética. La razón es que la bacteria Bacillus anthracis pierde virulecia cuanto más tiempo se la somete a tratamientos en laboratorio. De hecho, los cambios genéticos orientados a que se haga resistente a los antibióticos a menudo tienen un efecto indeseado: la bacteria es más resistente, pero menos agresiva y su índice de mortalidad es menor.

La cepa que se escap√≥ en Sverdlovsk se llamaba Antrax 836, y proced√≠a de animales muertos durante otra fuga de la bacteria en un laboratorio de la ciudad de Kirov, en 1953. El microorganismo estaba casi en estado salvaje y su genoma coincide a la perfecci√≥n con otras muestras que se conocen de los a√Īos 60. En esa d√©cada, los rusos realizaron todo tipo de manipulaciones gen√©ticas del Bacillus anthracis y, de hecho, lograron desarrollar una vacuna.

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El antrax no era el √ļnico microorganismo que estudiaban. Como explican en el libro The Soviet Biological Weapons Program: A History, los cient√≠ficos rusos investigaron con variantes de la peste que pudieran pasar desapercibidas, cepas de tularemia resistentes a los antibi√≥ticos y hasta variantes de la legionella que no produjeran s√≠ntomas evidentes hasta el final. Las autoridades rusas nunca han dejado a expertos internacionales entrar en laboratorios como el de Compuesto 19. A d√≠a de hoy, ni siquiera se sabe cu√°ntos permanecen activos y qu√© se guarda en ellos. [mBIO y Universidad de California v√≠a Ars Technica]