Tener las extremidades frías puede parecer una simple molestia, especialmente en días de bajas temperaturas. Sin embargo, cuando esta sensación se vuelve constante e independiente del clima, podría estar indicando desequilibrios internos o afecciones de fondo que conviene identificar. Aquí exploramos las posibles causas según expertos, y qué hacer al respecto.
Causas frecuentes de las extremidades frías
Según Harvard Health, sentir frío en manos o pies no siempre se debe al ambiente. En muchas personas sanas, puede ser una reacción natural del cuerpo. Pero también podría estar vinculado a afecciones médicas como anemia, diabetes, lupus, hipotiroidismo, problemas neurológicos o circulatorios, entre otras.

La Ohio State University aclara que estas zonas son más propensas al enfriamiento por estar lejos del corazón y tener menos masa muscular, lo que dificulta su calentamiento. Además, ciertos medicamentos también pueden contribuir a este fenómeno.
Un caso particular es el síndrome de Raynaud, donde los vasos sanguíneos se contraen excesivamente ante el frío. Los dedos pueden cambiar de color y, en situaciones severas, sufrir daño en los tejidos por falta de oxígeno.
La circulación, el ejercicio y otros factores
La mala circulación, ya sea por aterosclerosis o daño nervioso (neuropatía), es otra causa habitual. En personas con diabetes, por ejemplo, los nervios dañados pueden provocar sensación de frío aunque la piel esté caliente. También es común ver cambios de color en los pies cuando se altera el flujo sanguíneo.
El estilo de vida influye notablemente. Según la Ohio State University, evitar el tabaco y el alcohol ayuda a mejorar la circulación, al igual que llevar ropa adecuada al clima y practicar ejercicio físico de forma regular.
Un estudio de Taylor and Francis Online sugiere que la hipoxia (bajo nivel de oxígeno) y la exposición al frío también afectan la respuesta vascular. Quienes viven en altitudes elevadas o se enfrentan a temperaturas extremas pueden experimentar más fácilmente este problema.

Curiosamente, las personas con gran capacidad aeróbica tienen una mejor circulación en las extremidades, pero su menor grasa corporal podría hacerlas más sensibles al enfriamiento general, compensando ese beneficio local.
Cuándo consultar a un especialista
Si esta sensación de frío es persistente y no se explica por el entorno, puede ser momento de consultar a un médico. Tratar afecciones de base como la diabetes, la anemia o los trastornos hormonales puede mejorar notablemente el confort y la salud vascular de manos y pies.
Fuente: Infobae.