Sí, Un monstruo viene a verme va sobre un niño y un árbol que habla, pero es más profunda, emotiva y potente que la mayoría de las películas protagonizadas por adultos. Es la historia de una pérdida, llena de lecciones de vida que todos, incluso los niños, encontrarán difíciles y dolorosas.

Basada en la novela A Monster Calls de Patrick Ness (que también escribió el guión), Un monstruo viene a verme sigue la vida de un niño llamado Conor (Lewis MacDougall) cuya madre (Felicity Jones) se está muriendo de cáncer. Para hacer frente a la situación, Conor se aísla del mundo dibujando en sus cuadernos hasta que un día un monstruo con forma de árbol (y la voz de Liam Neeson) lo visita. El monstruo promete contarle tres historias si después Conor le cuenta una a él. Y entonces el misterio será revelado.

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Las historias no solo le dan a la película una estructura simple, cada una está narrada con animaciones hermosas y presenta una metáfora de algunas de las lecciones más complejas de la vida. Lecciones que ilustran cómo la mayoría de las cosas no siempre son buenas o malas, blancas o negras. A veces está bien estar en el medio, pensar una cosa y hacer otra... A través de estas lecciones, los espectadores se van enterando de la verdad sobre Conor y, con suerte, la verdad sobre sí mismos.

La película ha sido dirigida por Juan Antonio Bayona, el talentoso director detrás de El Orfanato, Lo Imposible y la futura Jurassic World 2. Sus planos continuamente dinámicos combinados con transiciones fluidas dan a la película un toque verdaderamente etéreo. En un momento de Un monstruo viene a verme se habla de que, a veces, no podemos distinguir los sueños de la realidad, y el cine de Bayona es un ejemplo de ello.

Como resultado, hay momentos en los que la película puede resultar agotadora. Bayona mantiene un ritmo firme y rara vez sube el volumen. Ese ritmo, unido a los pensamientos profundos que transmite la película, hacen que Un monstruo viene a verme llegue a cansar. Pero la cosa no queda así mucho tiempo, porque todas las piezas se unen en un precioso y emocional acto final.

El papel de MacDougall como Conor es sobresaliente. Ofrece una de esas actuaciones infantiles difíciles de ver en las que cada vez que sale en pantalla puedes percibir un millón de cosas en su cara. Está cansado, triste, enfadado y confundido todo el tiempo, todo al mismo tiempo. Sigourney Weaver, que hace de abuela de Conor, ofrece una actuación del mismo nivel. Los padres, Toby Kebbell y Jones, tienen algo menos de trabajo, pero aun así te identificas con ellos y te preocupas.

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Después está el monstruo en sí. Sí, parece un Groot más alto y más inteligente, pero cuando acerca la cara a la cámara los efectos visuales desaparecen y todo lo que puedes ver es el personaje. Es un hermoso logro mezclado con una película atemporal.

Y sí, habrá lágrimas en las últimas escenas de Un monstruo viene a verme. Sería difícil no llorar ante unos momentos finales para los que la cámara de Bayona y las palabras de Ness te han estado preparando desde el principio.

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De eso trata también la película en su conjunto. Desde el primer momento, Un monstruo viene a verme hace que te sientas y pienses de una manera muy específica. Consigue su objetivo, pero ocurre un poco más lento de lo que podrías esperar, y el impacto no aterriza tan fuerte como se pretende. Sin embargo, las metáforas y las intenciones que subyacen de la superficie son realmente los más gratificante que te llevas de la película.

Un monstruo viene a verme se estrenará el próximo 7 de octubre en España y el 21 de octubre en Estados Unidos.


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