El actual cañón a bordo del USS Ponce. Foto: Marina de Estados Unidos

El verano de 2014, la Oficina de Investigación Naval (ONR) de la marina estadounidense probaba su nuevo sistema de armamento láser (LAWs por sus siglas en inglés) a bordo del navío de transporte y apoyo USS Ponce. Debe haber funcionado muy bien, porque la ONR acaba de anunciar que quintuplicará su potencia hasta una potencia de 150 kilovatios.

En realidad les sobran razones para apostar por los cañones láser. No solo son mortalmente precisos, sino que dispararlos cuesta una fracción ridícula de lo que cuesta disparar un misil (59 céntimos de dólar en concepto de consumo eléctrico. Disparar un misil interceptor estándar como los que se utilizan para destruir el mismo tipo de blancos cuesta en torno a 400.000 dólares).

La idea de elevar la potencia del arma responde a una cuestión de eficacia a la hora de abatir blancos móviles muy rápidos. El daño que hace el haz de un cañón láser depende de dos variables: potencia y tiempo de exposición al haz. Aumentar la potencia eléctrica del arma permitirá abatir blancos móviles en mucho menos tiempo, algo crucial si lo que se pretende destruir es un proyectil enemigo en pleno vuelo.

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No es la primera vez que el ejército estadounidense trata de desarrollar cañones láser de alta potencia. La última vez fue a bordo de aviones y no tuvo muy buen resultado. Es posible que la estabilidad de un barco y su mayor potencia eléctrica marquen la diferencia esta vez. [vía Foxtrot Alpha]


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