Apple acaba de actualizar la cámara de su iPhone de 8 a 12 megapíxeles. Sobre el papel, la cifra resulta hasta ridícula. Sin embargo, sospecho que la compañía lo haya vuelto a hacer y su cámara sigue siendo la mejor del mercado a pesar de las especificaciones.

Sí, se lo que estaréis pensando, que si soy un fanboy, que si el campo de distorsión de la realidad me ciega, que si Android... Muchos enarbolaréis las especificaciones de tal o cual teléfono y tendréis razón, al menos sobre el papel. El problema es que las cámaras de los móviles son como las recetas de paella, y más granos de arroz no significa necesariamente que el plato quede más sabroso.

La falacia de los megapíxeles

Muchos fabricantes de Android aplican la máxima de que más es mejor. No se les puede culpar. Se dejan llevar por el departamento de marketing en vez de por el de ingeniería, y el marketing, que es la más inexacta de las disciplinas que van de exactas pero no lo son, necesita un lenguaje común, un lema pegadizo, un paradigma, una frase corta que signifique: “¡Eh, mira! Esto es mejor que eso.” Durante mucho tiempo, ese paradigma fueron los megapíxeles. Compre nuestra paella, oiga, que tiene más arroz que las otras.

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Desgraciadamente, el consumidor es lento aprendiendo, pero aprende. Pronto, unos gurús malvados les pincharon la rueda del marketing a los fabricantes. ¡Oh dolor! ¡Oh campos de tristeza! Resulta que tener más megapíxeles no significa nada si el tamaño del sensor (la paellera) es diminuto. Para más inri, está la apertura de la lente, la distancia focal, el estabilizador óptico. Para su horror, los departamentos de marketing descubrieron que esto de hacer cámaras, como lo de hacer paellas, era una ciencia después de todo.

Y la falacia de todo lo demás

En algún momento, los megapíxeles se estancaron y los fabricantes comenzaron a hinchar especificaciones. Menor tiempo de obturación, un número f cada vez más bajo. Sensores más grandes. Volviendo al ejemplo de las paellas, Samsung, Sony, LG o Huawei se lanzaron como locos a anunciar paellas con más cigalas, más garrofons y más mejillones.

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Si nos vamos a ejemplos concretos, el Sony Xperia Z3 tiene una óptica f/2.0 con sensor Sony Exmor de 1/2,3 de pulgada y 20,7 megapíxeles. Eso significa píxeles de 1,12 micrómetros. El iPhone 6 tiene un sensor de 1/3,2 de pulgada, 8 megapíxeles y un tamaño de píxel de 1,5 micrómetros. La óptica es una f/2.2.

¿Cómo es posible, en el nombre de Daguerre, Niépce y los huesos de Robert Capa, que la cámara del iPhone 6 saque mejores fotos que la del Xperia Z3 si sus especificaciones, una por una, son peores? ¿Cómo es posible?

Una cuestión de equilibrio

La respuesta es que Apple trata de que la paella le salga equilibrada aunque eso suponga que sea más pequeña y lleve menos cigalas. En el caso de los megapíxeles, Apple ha subido a 12, y la única razón por la que lo ha hecho ahora, es la misma por la que no ha subido a 16 o a 21 megapíxeles.

Esa razón es una nueva tecnología que lo que hace es aislar la señal que llega a cada diodo del sensor. A muchos les parecerá una chorrada de marketing, pero esa tecnología llamada deep-trench isolation es precisamente la que permite que los niveles de señal-ruido de cada pixel no se disparen al arrejuntar unos píxeles con otros y hacer que los electrones ya no sepan si están entrando por el rojo, el azul o el verde. Apple asegura que, gracias a esta mejora, la cámara de los nuevos iPhone podrá sacar fotos más luminosas, con menos ruido y mejor fidelidad de color. La afirmación tiene su lógica más allá del marketing.

Apple no ha aumentado su tamaño de sensor. ¡Que poco innovadores son, hay que ver! Pues no, verá, resulta que si aumentamos el tamaño del sensor, tenemos que aumentar el tamaño y la profundidad del grupo óptico en consonancia o el nuevo sensor no será más que un dato de marketing. Esa es la razón por la que la cámara del iPhone 6 sobresale un poco. Cómo la compañía probablemente no quiere hacer el iPhone más grueso, la única salida es desarrollar nuevas tecnologías de lentes, y eso lleva tiempo.

Usabilidad extrema

Hay un último factor que hace que la cámara del iPhone sea mejor que muchas de las cámaras de otros fabricantes: su software está pensado para tontos terminales con problemas en los dedos.

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Los entusiastas de Android estarán sonriéndose ahora mismo pensando que es que los usuarios de Apple son un poco necios, pero no hay peor tonto que el que no quiere ver. Mi esposa, personaje atecnológico donde los haya, sabía manejar perfectamente la cámara del iPhone. Hace poco le cambié el teléfono por un LG G4 y desde entonces todo son quejas.

La aplicación de cámara de LG no es mala, pero no es tan mortalmente simple como la de Apple, ni responde con tanta fluidez. He puesto el ejemplo de LG, pero el resto de aplicaciones de cámaras Android tienen el mismo problema. Hay que conocerlas. Hay que saber un poco. Hay que bucear en sus menús. De repente hacen extraños o se traban. De repente toman siete fotos sin que les hayamos ordenado que lo hagan... El iPhone sigue siendo el único teléfono con el que hasta una zarigüeya manca y tuerta puede sacar una foto magnífica como estas. En este caso más fácil no es “para tontos”. Simplemente es “mejor”.

La mejor cámara con las peores cifras

Apple, en definitiva, apuesta por seguir mejorando su cámara pasito a pasito y sin estridencias. Llevo probando cámaras móviles desde 2003. Ese fue el año en el que cayó en mis manos mi primer teléfono con cámara, un correoso Nokia 6230 con sensor VGA. En el último año he probado las cámaras de autenticas bestias como el propio LG G4, el Samsung Galaxy S6, el Xperia Z3, el Moto X Style...

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Todas ellas tienen algo. Todas te obligan a renunciar a algo. Aún no he probado la cámara del iPhone 6S, pero algo me dice que, una vez más, va a ser la más equilibrada de cuantas llegan al segmento smartphone. El precio a pagar por ese equilibrio perfecto probablemente sea tener bajas especificaciones y un departamento de Marketing muy enfadado por no hinchar las cifras a tope.

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