Bajo la estación central de Nueva York, a diez pisos de profundidad, hay una sala oculta casi tan grande como la propia estación de tren. ¿Qué hay en esa sala? Una máquina que los Nazis intentaron destruir durante la segunda guerra mundial.

En concreto se trata de unos inmensos transformadores de 15 toneladas capaces de convertir 11.000 voltios de corriente alterna en corriente continua. Dotando así de electricidad a toda la red de trenes del noreste de los Estados Unidos. Así que cuando los Estadounidenses decidieron unirse al bando aliado durante la guerra, los Alemanes mandaron soldados para destruirla. Cosa que, evidentemente, nunca consiguieron.

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