Un hombre semi-desnudo en una playa y ni una sola huella que permita identificarle. Como el caso de Tamam Shud en Australia ocurrido tras la Segunda Guerra Mundial, el misterio del hombre de Sligo sigue los mismos patrones. Con una diferencia. Ahora era el 2009 y las cámaras CCTV grabarían todos sus pasos.

En una época como la actual, rodeados de tanta tecnología, uno podría pensar que resulta tremendamente difícil desaparecer sin dejar huellas de ningún tipo. El caso de Jim Gray es quizá una de esas raras excepciones de casos sin resolver. En la historia que hoy nos ocupa, el tipo que decía llamarse Peter Bergmann se las ingenió para que todo el mundo fuera partícipe del borrado de su identidad.

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Si bien el final del relato parece explicar las razones del viaje, la travesía que emprendió este hombre para desaparecer sin dejar rastro se mantiene como uno de los grandes misterios de los últimos tiempos.

El cuerpo en la playa

Rosses Point. Wikimedia Commons

Al noreste de Irlanda se encuentra la pequeña ciudad costera de Sligo. Pequeña en cuanto a tamaño, porque estamos ante el segundo mayor centro urbano de la provincia de Connacht, hoy convertida en centro cultural, histórico, industrial, comercial y de servicios de gran influencia regional. Además y debido a su localización, la ciudad es un destino turístico muy popular, principalmente por su gran variedad y belleza natural de la zona.

En el extremo este de la ciudad nos encontramos con Rosses Point, una pequeña villa y playa que cubren toda la zona. Un lugar de temperaturas normalmente frías que iba a deparar una misteriosa sorpresa el 16 de junio del 2009.

Era una mañana agradable, de cielo despejado y temperaturas altas para lo que viene siendo habitual incluso en junio. El día anterior Arthur Kinsella había planeado salir a correr a la playa temprano con su hijo Brian. Ambos se estaban preparando para un triatlón que tendría lugar en pocos meses. Cuando padre e hijo comienzan el entrenamiento divisan una extraña figura a lo lejos. Eran las 06:45 de la mañana.

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Desde el lugar en el que se encontraban parecía una persona desnuda muy cerca del mar, casi en la orilla. Podría estar durmiendo, pero a esa hora de la mañana resultaría muy extraño, quizás podría tratarse de alguien en problemas, pensaron. Cuando llegaron hasta el cuerpo los peores presagios se hicieron realidad. El hombre no respondía a los intentos de llamada de Arthur y Brian. Arthur le toma el pulso y no nota nada. Inmediatamente llaman a la policía.

A las 08:10 es la doctora Valerie McGowan quien declara al hombre oficialmente muerto. A partir de entonces comenzaría una ardua búsqueda por identificar aquel cadáver y las causas que lo llevaron hasta allí.

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Cinco meses de una investigación llena de sorpresas.

Un viaje sin retorno

Sligo. Wikimedia Commons

Mientras el cuerpo estaba siendo analizado por los forenses la policía comienza la investigación paralela para intentar resolver el rompecabezas. El cuerpo del hombre en la playa se había encontrado semi-desnudo en la arena mojada, con unos calzoncillos de color negro, descalzo y una camiseta en el torso. Pero no había nada más a su alrededor. La policía encontró horas después, a unos 300 metros de la zona, lo que parecían sus efectos personales. Según publicaron se trataba de:

  • Unos zapatos.
  • Unos calcetines.
  • Unos pantalones.
  • Un jersey.
  • Una chaqueta de cuero negra.
  • Un paquete de pañuelos.
  • Una suma de dinero en efectivo.
  • Unas hojas de papel en blanco.
  • Unas tabletas de aspirina.
  • Un reloj de pulsera.
  • Un jabón de un hotel.

Ni rastro de una tarjeta o DNI que pudiera identificarle. Únicamente había una pista que les decía algo acerca de este misterioso personaje en la playa. Se trataba del jabón del hotel, lo que finalmente les condujo a reconstruir los pasos del hombre los días anteriores. Todo gracias a las numerosas cámaras CCTV que se pueden encontrar en los comercios y espacios públicos junto a los informes de los testigos que entraron en contacto con el misterioso personaje.

Se trataba de un tipo delgado, de pelo corto gris/blanco, probablemente de entre 50 y 60 años. Su estatura era de 1,78 centímetros, ojos azules y tez morena. Los primeros testigos ya hablaban de un tipo extranjero, su acento parecía delatarlo como alemán. Un señor que vestía perfectamente arreglado y aseado, con el rostro afeitado y el cabello limpio y peinado.

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Las cámaras mostraban a un tipo que vestía una chaqueta de cuero negra, unos pantalones azules, unos calcetines azules también, un cinturón de cuero negro y par de zapatos negros, todo ello y como vemos, parte de las pertenencias encontradas en las cercanías de la playa.

Otro detalle en el que se fijaron era que la marca de toda la ropa era de C&A, una compañía de moda bastante famosa en Europa, siendo Alemania y Austria los sitios donde hay más tiendas. Los investigadores dirían que por su apariencia parecía un tipo con trabajo. Por último y según pudieron recoger en los primeros vídeos de las cámaras, se trataba de un fumador empedernido.

Seguimiento de las cámaras

El primer vídeo del que se tiene constancia del tipo es del viernes 12 de junio. En ese momento las cámaras lo captan por primera vez en la parada de autobuses del aeropuerto de Derry, ciudad de Irlanda del Norte. Desde allí se dirige hasta la estación de autobuses de la ciudad, lugar donde las cámaras lo vuelven a captar a las 16:00 del viernes.

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A continuación se observa como toma un autobús con dirección a la estación de Sligo. En este momento se puede apreciar que porta una bolsa negra en el hombro junto a una maleta de equipaje de mano estándar. A las 18:28 las cámaras capturan la llegada del autobús y el misterioso hombre a la estación de Sligo. Desde allí toma un taxi hasta el Hotel Sligo City.

Aquí entra en contacto con la recepcionista del hotel. El hombre, muy educadamente, se registra bajo el nombre de Peter Bergmann pagando en efectivo por tres noches. Además ofrece su dirección o residencia actual como Ainstettersn 15, 4472, Viena, Austria. Cuando la policía llega hasta esta pista rápidamente investigan por el nombre y la dirección. Desgraciadamente, quien quiera que fuera ofreció unos datos falsos, no existía ni el señor Bergmann ni la dirección ofrecida. Dicho de otra forma, aquella fue la primera señal que parecía indicar que el hombre quería permanecer en el anonimato.

Al día siguiente, el sábado 13 de junio, el falso Bergmann es captado por las cámaras de varios comercios. Ese día había salido temprano del hotel y se dirigió a la oficina de correos a las 10:49. Allí compró ocho sellos de 82 centavos junto a varias pegatinas de correo aéreo. Los investigadores creen que presumiblemente estaba escribiendo una serie de cartas a sus seres queridos, ¿se estaría despidiendo?

El domingo 14 de junio, entre las 11:00 y las 11:30 el tipo deja el hotel Sligo City. Antes y como recordarían los empleados del hotel solicita un taxi. Una vez dentro del vehículo el hombre le pregunta al taxista por alguna recomendación, una playa bonita y tranquila a la que pudiera ir y nadar. El taxista le recomienda Rosses Point y le dice que es el mejor lugar que conoce. El falso Bergmann le pide al taxista que lo lleve hasta allí.

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Cuando llegan a la zona Bergmann le pide al taxista que espere unos segundos. Con tranquilidad se baja del taxi y en absoluto silencio se queda mirando la postal de la playa durante unos minutos, parecía como si estuviera analizando la zona. Tras este breve espacio de tiempo Bergmann asiente con la cabeza, vuelve al coche y le pide al taxista regresar a la ciudad, en este caso a la estación de autobuses de Sligo.

Pero había un detalle que no se le había escapado a los investigadores. Tanto el sábado como el domingo el hombre había salido del hotel con una bolsa de plástico de color violeta. Las cámaras CCTV lo captaban saliendo con ellas, pero cuando regresaba de sus largos paseos ya no volvía con dicha bolsa. ¿Por qué?

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El rastreo exhaustivo posterior de las cámaras de vigilancia de la ciudad mostrarían a Bergmann deshaciéndose de lo que fuera que llevara en las bolsas. Lo hacía en diferentes puntos de la urbe y jamás se pudo identificar qué era lo que tiraba a los contenedores, entre otras cosas, porque el misterioso hombre lo hacía siempre en los puntos ciegos de las cámaras de vigilancia. Era, sin ninguna duda, unos movimientos meticulosos, metódicos y estudiados, como si supiera dónde iba a esconder sus pertenencias sin que lo pudieran identificar. Este fue el móvil que siempre barajó la policía.

El lunes 15 de junio nuestro hombre misterioso sale del hotel al mediodía. El reloj marcaba las 13:06. En el hall del hotel deposita las llaves de la habitación y sale por la puerta principal con una bolsa negra al hombro (la misma con la que había llegado a la ciudad), la bolsa de plástico violeta y una nueva maleta de mano de color negra. No era la misma con la que había llegado a Sligo.

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La ruta que siguió captada por las cámaras le llevó hasta la estación de autobuses, lo hizo a través de Quay Street, luego Wine Street y a mitad de camino se detiene en el centro comercial Quayside, espacio en el tiempo donde pasa unos minutos.

Cuando el reloj marcaba las 13:16 se marcha del centro comercial y camina en dirección a la estación, todavía con las tres bolsas. A las 13:38 el tipo llega a la estación y se puede observar como entra en un café. Los trabajadores del local recuerdan que pide un capuccino y un sándwich de jamón y queso. Ya fuera del local se aprecia como el falso Bergmann disfruta de la comida mientras se dedica a mirar los papeles que guarda en sus bolsillos.

Cuando acaba de comer rompe el papel por la mitad y lo tira en una basura cercana. Luego se monta en un autobús que parte de la estación a las 14;20 con dirección a Rosses Point. No fue lo último que se supo de él. Al menos 16 personas informaron que lo vieron mientras caminaba ese día por la playa. Además, casualmente Bergmann o como fuera que se llamara, se mostró afable con muchos de ellos saludándoles cuando pasaban a su lado.

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Y aquí se pierde la pista de las últimas horas del hombre. A la mañana siguiente Arthur y su hijo Brian encontraban su cuerpo en la playa. ¿Por qué? El informe forense declaró que probablemente se había ahogado, aunque las causas siguen siendo un misterio. Los médicos no encontraron señales de ningún tipo que pudieran sugerir que la muerte del hombre fue un homicidio.

Pero a pesar de lo bien vestido y afable que se mostró exteriormente en determinadas circunstancias, el hombre estaba en muy mala salud. La autopsia reveló que se encontraba en una etapa muy avanzada de cáncer de próstata junto a varios tumores óseos. Su corazón mostraba claros signos de ataques cardíacos previos y que poseía un único riñón, el otro anteriormente extirpado.

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Para un hombre bajo estas condiciones de salud tan sumamente graves, lo más extraño de todo era que el informe toxicológico demostró que no estaba bajo ningún tipo de medicación. El médico forense indicó que debido a sus ataques cardíacos previos y a su debilitado estado de salud, lo normal era que aquel tipo habría estado padeciendo un gran dolor durante mucho tiempo, un estado que normalmente se trata de paliar con medicamentos prescritos, o como mínimo, con analgésicos que ayuden a manejar estos niveles de dolor.

Así que tras cinco meses de investigación, el hombre sin nombre, el falso Bergmann, era enterrado en la ciudad de Sligo a la espera de que alguien lo reclame. No parece que eso vaya ocurrir después de varios años. Su viaje a la ciudad parecía indicar que aquel tipo había decidido que Sligo y la playa de Rosses Point serían el lugar desde el que decir adiós.

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Jamás se supo porqué decidió morir sin un nombre o la razón que le llevó a eliminar todas las huellas que pudieran descubrir su identidad. Ese misterio se lo llevó a la tumba y ni siquiera las autoridades europeas podrán averiguarlo. No existe una notificación de la Interpol para el hombre sin nombre porque el cuerpo se recuperó, razón por la que no puede ser “persona desaparecida” o “persona bajo búsqueda”.

Solamente a su país de origen le corresponde denunciarlo como desaparecido.