Como una burbuja, o como una especie de disco de negrura. Cuando el ser humano ha imaginado o interpretado científicamente los agujeros negros, a menudo ha ofrecido símiles como esos para describir estos fenómenos cósmicos. Una nueva teoría sugiere una forma completamente nueva que podría revolucionar la astrofísica.

¿Cuál es la nueva forma que podrían tener en realidad los agujeros negros? La de una esfera de bordes difusos, como un ovillo de lana muy esponjosa y suave. Jennifer Ouellette, lo explica así en la revista científica Quanta:

A finales del siglo XVIII, el científico John Michell teorizaba sobre que ocurriría si una estrella fuera tan masiva y su gravedad tan fuerte que su velocidad de escape fuera equivalente a la de la luz. Michell concluía que cualquier luz emitida se redireccionaría hacia el interior. El investigador llamó a esos objetos hipotéticos: Estrellas Oscuras.

La hipótesis que postuló Michell pasó desapercibida hasta que volvió a ser objeto de atención en los años 70. Para esa época, los físicos teóricos ya estaban al tanto de la idea de los agujeros negros. La idea de las estrellas oscuras se tradujo en la Teoría de la relatividad de Einstein. Los agujeros negros tienen una frontera llamada horizonte de sucesos que representa un punto de no retorno. Asimismo implica la existencia de una singularidad, un punto de infinita densidad en su interior.

Sin embargo, la descripción que hace Einstein del mundo es inconsistente con la mecánica cuántica, lo que ha llevado a los físicos a buscar una teoría completa de la gravedad cuántica que pueda reconciliar las dos. La teoría de cuerdas es una de las principales, y ahora presenta una nueva imagen potencial: Los agujeros negros reinterpretados como esferas compuestas de hebras, sin singularidad ni horizonte de sucesos.

Toda la región que se consideraba el horizonte de eventos es una maraña de cuerdas, las unidades de energía que la teoría de cuerdas postula que vibran en para formar el espacio-tiempo, y todas las partículas y fuerzas que conocemos. En lugar de un horizonte de eventos, la esfera tiens una superficie difusa e irregular, no muy diferente a la de una estrella o un planeta.

Samir Mathur, defensor de la teoría de cuerdas en la Universidad del Estado de Ohio, cree que estos ovillos de lana son la auténtica descripción cuántica de un agujero negro, y se ha postulado como el portavoz de lo que el mismo llama “conjetura del ovillo”.

Esta hipótesis de los agujeros negros reconcilia teorías como la de la radiación de Hawking, que postula que los agujeros negros emiten calor en forma de radiación. También anula por completo la paradoja de la información. La información no se pierde en un infinito vacío más allá del horizonte de sucesos porque no existe ese horizonte. En ese sentido, el agujero negro tiene su propia superficie, y según algunos, es una superficie extremadamente caliente por la cantidad de radiación que emite.

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La nueva teoría no solo es una cuestión estética. Si se llegara a confirmar, significaría renunciar completamente a un concepto de la astrofísica, el del horizonte de sucesos, que muchos hoy consideran imprescindible. A cambio, la conjetura del ovillo posibilitaría reconciliar la definición de un agujero negro propuesta en la física clásica y en la cuántica. Por supuesto esta representación teórica de los agujeros negros es eso, teórica, e implica asumir que la teoría de cuerdas es correcta, un asunto que aún está en pleno debate. [vía Quanta]

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