De un tiempo a esta parte se ha popularizado la expresión “gente tóxica” para retratar a todas esas personas que nos complican la vida o tienen por costumbre aprovecharse de nosotros. El problema es que a veces apretamos el gatillo demasiado rápido cuando se trata de juzgar a los demás.

Si empezamos a etiquetar como “personas tóxicas” a todos los conocidos que alguna vez nos mintieron o nos hicieron daño, nos quedaremos sin amigos antes de poder darnos cuenta. La clave está en reconocer que todos cometemos errores y saber diferenciar a las personas que tuvieron un mal día de la “gente tóxica” que verdaderamente queremos evitar.

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En su libro The Sociopath Next Door, Martha Stout —psicóloga de la Universidad de Harvard— recomienda la “regla del tres” para distinguir errores sin mala intención de un comportamiento manipulador. Consiste en restar importancia a la dos primeras mentiras o promesas rotas:

Una mentira, una promesa rota o una sola responsabilidad descuidada pueden ser un simple malentendido. Dos pueden implicar un grave error. Sin embargo, tres mentiras dicen que estás tratando con un mentiroso, y el engaño es el eje de una conducta sin escrúpulos.

Aun así habrá excepciones, que sabremos identificar si prestamos la suficiente atención. Puede que una persona esté descuidando sus responsabilidades porque acaba de salir de una ruptura sentimental, o puede que te haya mentido por una serie de circunstancias que poco tienen que ver con la personalidad de un sociópata. [Barking Up The Wrong Tree]

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