Justo ahora hace 5 años el iPad salió a la venta por primera vez. Lo hizo en EE.UU. primero y luego, casi dos meses después, en 9 países más. El recibimiento, como suele ocurrir siempre con Apple, fue más bien negativo. «Es solo un iPhone gigante«, llegó a decir Wired. Hoy, 5 años después, el iPad ha cambiado la computación.
Una buena forma de juzgar el éxito o no del iPad 5 años después es compararlo con el iPhone. Creo que nadie discutirá que el iPhone fue una auténtica revolución. No tanto tecnológica, que también, pero sobre todo filosófica: cambió por completo el concepto de móvil. Puso patas arriba al sector. Literalmente. Fue un terremoto que se comió a gigantes como Nokia y BlackBerry. Dejó a todo el mundo 5 años atrás.
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El iPad llegaba con las mismas intenciones. Así lo presentó Steve Jobs, como el sucesor del PC, el equipo que revolucionaría la computación. ¿Lo ha hecho? Sí y no. Su impacto ha sido brutal: todos los fabricantes se apresuraron a lanzar sus propias tabletas, el PC cayó en picado en ventas, nacieron los ultrabooks, Windows 8 se adaptó (mal) a las pantallas táctiles y el Surface fue el intento de Microsoft de crear su propia era post-PC. Cambios enormes, pero no radicales ni revolucionarios: los portátiles siguen ahí, seguimos trabajando utilizando teclados físicos de toda la vida, PCs, consolas, ratón…
El iPad fue un cambio profundo, pero no reventó los cimientos de la computación. La reorientó. Fue como darle una sonora bofetada a Microsoft y compañía. No les tumbó, les hizo reaccionar (más o menos).
Tal vez la mejor forma de entender cómo el iPad ha cambiado la computación sea recordar las críticas que se le hizo justo tras su lanzamiento. Cinco años después, han quedado atrás. Hoy algunas, de hecho, solo producen risa:
Es solo un iPhone gigante
La frase se oyó y se leyó por todas partes tras la presentación. El iPad no aportaba nada. Era solo un iPhone gigante. Un capricho. Un lujo. Tal vez siga siendo un capricho, pero desde luego ha acabado convirtiéndose en mucho más que un iPhone gigante, un equipo desde el que poder hacer cosas demasiado incómodas para un móvil: leer, ver series, vídeos, jugar, escribir… Sí, escribir.
Imposible teclear en una pantalla
Teclear en el iPad se presentó como uno de los principales problemas. Algo parecido a lo que ocurrió al comienzo con el iPhone. En el móvil es más cómodo hacerlo con la yema de los dedos, pero, ¿hacerlo con ambas manos en gran formato? No funcionará. Lo hizo. Unos se han acostumbrado a escribir sobre la pantalla, otros lo hacen con geniales teclados bluetooth casi tan finos y ligeros como una hoja de papel.
Sólo sirve para entretenimiento
¿Gastarse 600 euros/dólares en un aparato par ver vídeos y leer noticias desde el sofá? Al final se ha demostrado que una tableta sirve para muchas cosas más que entretenimiento. Profesionales de todos los sectores lo utilizan para tareas de productividad, desde anotar en reuniones a llevar las listas de pasajeros en una aerolínea. Es cierto que la productividad sigue sin ser su punto fuerte pero, aún así, las cifras de venta, con más de 21 millones vendidos en el último trimestre, han demostrado que sí había hueco para un equipo como el iPad.
No hace multitarea
Cierto. El iPad original era bastante limitado en ese sentido. Pero el argumento iba más allá. Acostumbrados a la multitarea en un portátil, en Mac OS X o Windows, un iPad se iba a quedar corto. El software ha ido solucionado el problema y hoy trabajar utilizando múltiples aplicaciones en un iPad es casi tan cómodo, rápido y sencillo como en un ordenador.
No tiene puerto USB
Es la historia de Apple: ya lo hizo en el 2008 con el primer MacBook Air sin lector de CD, lo hizo con el iPad sin puertos USB y ahora con el nuevo MacBook, con un solo puerto USB tipo C. ¿Un nuevo «ordenador» sin puerto USB? Es lo que muchos no podían admitir en el 2010. Pero el iPad estaba (y está) pensado para consumo y almacenamiento online. Y, nuevamente, Apple acertó: la ausencia de USB no supuso absolutamente nada en contra, más bien un paso adelante.
Pantalla de 4:3 en lugar de 16:9
Ideal para las aplicaciones, pero pésimo para ver vídeos y películas. Fue una de las críticas clave que se le hizo a la pantalla del iPad: su relación de aspecto de 4:3. Esas bandas negras a la hora de consumir vídeos no iban a gustar a la gente. En realidad, lo que gustó fue la comodidad del 4:3 para navegar, enviar emails o escribir, y el diseño que esta relación de aspecto otorgaba al equipo en comparación con las tabletas de 16:9. Un punto en el que el iPad, nuevamente, abrió el camino a los demás.
Fotos: Getty Images
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