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70 años después, Australia busca exhumar el cadáver del hombre de Somerton para poner fin al misterio

Imagen: Fotografía del cadáver, tomada por la policía australiana en 1948. Wikimedia Commons

Existen una serie de casos sin resolver que por sus peculiaridades se han repetido infinidad de veces en el tiempo. Muchos de ellos podrían ser una gran película o libro, y quizás por ello sean tan famosos entre el público. En Australia tuvo lugar uno de ellos, y 70 años después su resolución podría estar más cerca.

La historia la contamos hace unos años, el extraño caso de Tamam Shud (o el hombre de Somerton). Un caso que se remonta al 1 de diciembre de 1948, cuando un hombre tropezó en la playa de Somerton con un cuerpo sin vida apoyado sobre un rompeolas.

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El problema: no tenía identificación, y todas las etiquetas de su ropa habían sido eliminadas. Lo más llamativo era su atuendo, un traje que sugería que era un hombre de negocios adinerado, junto a unos zapatos de vestir elegantes. Un atuendo inusual para ir la playa.

La posterior autopsia enredó aún más. Los médicos llegaron a la conclusión de que el hombre probablemente había muerto por insuficiencia cardíaca, aunque una hemorragia interna sugería que fue un veneno, no causas naturales, lo que provocó su final. Si fue el veneno el que lo mató, habría sido una sustancia de acción y desaparición rápida, ya que no se encontraron rastros de ella.

Imagen: El pedazo de papel, con su distintivo tipo de letra, encontrado oculto en uno de los bolsillos del pantalón del difunto. Wikimedia Commons

Por último, había una pista más: tras un re-examen exhaustivo del cuerpo los investigadores encontraron un bolsillo previamente inadvertido en la cintura de los pantalones. Contenía un trozo de papel con las palabras Tamam Shud.

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La policía entonces convocó a varios profesionales para traducir el significado del texto. Descubrieron que se trataba de un trozo de página del libro de poesía Rubaiyat of Omar Khayyam, en este caso una edición neozelandesa extremadamente difícil de conseguir. La obra, escrita en el S.XII, se había convertido en un relato popular en Australia durante los años de guerra. La palabra en cuestión significaba “terminado” o “fin”, y eran las últimas palabras del libro.

El libro también contenía una serie de letras garabateadas en la contraportada. Los expertos no pudieron descifrarlas, suponiendo que las cartas fueran un código, y lo cierto es que sigue sin descifrarse hasta el día de hoy. Alguien también había escrito un número de teléfono en la parte posterior del libro. Ese número los llevó a una enfermera llamada Jo Thomson.

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Imagen: Entierro en 1949 del hombre de Somerton. Wikimedia Commons

Sin amigos ni familiares que se presentaran para reclamar el cuerpo, Thomson fue la única pista. Afirmó que nunca había conocido a la víctima ni le había dado el libro, pero cuando se le mostró un yeso de la cara, al parecer estuvo a punto de desmayarse.

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El caso fue ignorado durante años, pero en 2007, Derek Abbott, profesor de la Universidad de Adelaida, decidió revisarlo. Ahora, gracias a Abbott, las autoridades pueden estar más cerca que nunca de identificar al hombre de Somerton. Según su teoría, Thomson tuvo un hijo ilegítimo con el hombre de Somerton antes de morir, lo que explicaría por qué dudaba en admitir que lo conocía.

Cuando Abbott encontró una vieja fotografía del hijo de Thomson, Robin, notó que el chico compartía algunas características distintivas con el hombre Somerton: ambos tenían colmillos justo al lado de sus dientes frontales, y los huecos superiores en sus orejas eran más grandes que los huecos inferiores. Estas características son hereditarias y solo aparecen en el 1% o menos de la población.

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Imagen: La escritura a mano muestra marcas de lápiz en la parte trasera del libro. Wikimedia Commons

Rizando el rizo, Abbott se casó con Rachel Egan, la nieta biológica de Jo Thomson, después de conocerla durante su investigación. Si su corazonada es correcta, los tres hijos que ahora tiene con Egan son los bisnietos del hombre de Somerton.

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Esta es la razón por la que Abbott planea probar su teoría analizando el ADN del cadáver exhumado del hombre comparándolo con el de Egan. Incluso si no coincide, espera que el ADN lo pueda llevar a alguien vivo que sí lo haga. Sin embargo, si existiera relación, proporcionaría el cierre a uno de los misterios más desconcertantes de la historia de Australia.

Como informa el medio The Australian, la nueva fiscal general de Australia del Sur, Vickie Chapman, está considerando la propuesta de Abbott: exhumar el cadáver para que los investigadores puedan extraer y probar su ADN, lo que podría finalmente revelar la pieza del rompecabezas que faltaba en la historia: la identidad de la víctima. [The Australian, Mental Floss]

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Miguel Jorge

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