Imagen: Puesta del sol en la playa de Somerton (Adelaida). Amophoto.net / Shutterstock

Era el 30 de noviembre de 1948, alrededor de las 19:00, cuando una pareja se encuentra paseando por la playa de Somerton en Adelaida (Australia) y observan una figura extra√Īa tumbada en la arena. Se trataba de un hombre que iba elegantemente vestido, con las piernas extendidas y casi inm√≥vil. Al pasar por delante el hombre extiende su brazo derecho hacia arriba muy lentamente para luego dejarlo caer sobre el suelo. La pareja percibe un cigarro en la mano y piensan que lo m√°s probable es que el hombre este borracho. Al d√≠a siguiente el hombre continuaba all√≠, en la misma postura. Pero ahora estaba muerto. La posterior investigaci√≥n policial ha denominado al caso como uno de los misterios m√°s grandes e inexplicables de Australia.

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Y es que lo que comenzó como un caso relativamente sencillo, la muerte de una persona anónima en la playa, se transformó con el paso del tiempo en un enigma que ha atraído a la propia prensa internacional y a los amigos del misterio que pueblan el planeta. Una muerte por causas inexplicables junto a una serie de textos y presuntos códigos cifrados en el contexto del inicio de la Guerra Fría hicieron el resto.

El cuerpo en la playa

Imagen: La X marca el lugar donde fue encontrado el cuerpo. Wikimedia Commons

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Vamos primero con aquello que se sabe a trav√©s de la versi√≥n oficial de los hechos. Seg√ļn explic√≥ la polic√≠a, tras la primera pareja, ese 30 de noviembre otras dos personas estuvieron por la zona y vieron al sujeto. M√°s o menos media hora despu√©s que la primera pareja, otros testigos contaron que el hombre segu√≠a all√≠ en la misma posici√≥n; vestido de manera impecable con un traje y zapatos aparentemente nuevos, inm√≥vil, con el brazo izquierdo extendido sobre la arena. Este segundo grupo de testigos pens√≥ que el hombre simplemente se hab√≠a dormido, aunque tambi√©n percibieron que alrededor de su cuerpo ten√≠a bastantes mosquitos. No le dan importancia y siguen de largo.

Al d√≠a siguiente John Lyon se dirige a la playa como todas las ma√Īanas para ba√Īarse en el mar. Se trata del primer testigo que vio junto a su pareja al hombre elegantemente vestido a las 19:00. Cuando acaba el ba√Īo se da cuenta que en el mismo lugar en el que ayer estaba el misterioso hombre hay un nutrido grupo de personas. Lyon se acerca y ve al hombre exactamente en la misma posici√≥n que la noche anterior. Con una √ļnica diferencia, al acercarse su cuerpo est√° completamente fr√≠o. El hombre est√° muerto, pero sin signos de violencia aparentes y el cigarro a medio fumar en la arena, lo que indicaba que se le hab√≠a ca√≠do de la boca.

Acto seguido llega una ambulancia para trasladar al sujeto al hospital Royal Adelaida. El doctor John Bennett Barkley es el que analiza el cuerpo en primera instancia y certifica la hora de la muerte, no antes de las 02:00 de la ma√Īana del 1 de diciembre, se√Īalando como causa probable de la misma una insuficiencia card√≠aca, a√Īadiendo en todo caso la sospecha de que sea debido a un envenenamiento.

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Luego hace su aparición el patólogo John Cleland, quién aporta a la investigación oficial los siguientes datos sobre el misterioso hombre:

  • Tiene unos 45 a√Īos de edad, 1.80 metros de estatura, ojos casta√Īo claro, cabello rubio, de aspecto brit√°nico.
  • Gran condici√≥n f√≠sica.
  • Camisa blanca, corbata azul y roja, pantal√≥n marr√≥n, medias y calcetines. Todo impecable.

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Luego pasan a analizar el contenido de sus bolsillos:

  • Un billete de autob√ļs de Adelaida a la playa.
  • Un paquete de chicles.
  • Un peine.
  • Una caja de f√≥sforos de la marca Bryan & May.
  • Un paquete de cigarros de la marca Army Club cuyo interior conten√≠a cigarros de la marca Kensitas.

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Y hasta aquí. No había cartera, dinero en efectivo o carnet de identidad. Además había otra curiosidad, ninguna de las prendas de ropa del hombre tenían etiqueta, todas las etiquetas de los fabricantes habían sido cuidadosamente cortadas con unas tijeras. En el caso de un bolsillo del pantalón observaron que había sido reparado con una variedad inusual de hilos de color naranja.

Autopsia del hombre elegantemente vestido

Imagen: Fotografía del cadáver, tomada por la policía australiana en 1948. Wikimedia Commons

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Unas d√≠as despu√©s comenzar√≠a la autopsia completa del desconocido. Por aquel entonces la polic√≠a ya hab√≠a agotado las bazas que ten√≠an como sujetos potenciales para identificar al hombre. Desgraciadamente la autopsia tampoco arroj√≥ grandes resultados. El estudio revel√≥ que las pupilas del hombre eran m√°s peque√Īas de lo normal junto a la secreci√≥n inusual de un hilo de saliva que hab√≠a corrido por el lado de la boca que yac√≠a el hombre. Tambi√©n encontraron que:

Su bazo era sorprendentemente grande y firme, cerca de tres veces el tama√Īo normal. Hubo destrucci√≥n del centro de los l√≥bulos del h√≠gado revelados bajo el microscopio. ... hemorragia g√°strica aguda, congesti√≥n extensa del h√≠gado y el bazo, congesti√≥n cerebral. Hab√≠a sangre mezclada con alimentos en el est√≥mago. Ambos ri√Īones estaban congestionados, y el h√≠gado conten√≠a un exceso de sangre en los vasos.

Imagen: Fotografía del cadáver, tomada por la policía australiana. Wikimedia Commons

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En resumen, la autopsia encontró restos de comida reciente junto a una cantidad de sangre adicional que sugería un posible envenenamiento, aunque no pudieron llegar a la conclusión de que el veneno se encontraba en la comida. En cambio sí se sugirió que el comportamiento relatado por los testigos, ese movimiento elevando y dejando caer lentamente el brazo, podría deberse al efecto de una dosis letal que estaba haciendo efecto.

Fue entonces cuando la investigación contacta con un químico experto, el doctor Dwyer. Tras analizar el cuerpo, el profesional concluye lo siguiente:

Estoy convencido de que la muerte no fue natural, supongo que el veneno utilizado puede haber sido un barbit√ļrico o un hipn√≥tico soluble.

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As√≠ que todo indicaba que el hombre hab√≠a sido envenenado, pero hasta donde sab√≠a la ciencia y los expertos, no pod√≠a haber sido a trav√©s de la comida ingerida. Todo un rompecabezas que dej√≥ al forense Thomas Cleland en un mar de dudas. La √ļnica soluci√≥n pr√°ctica, de ser posible, fue la aportada a Cleland por el profesor de Fisiolog√≠a y Farmacolog√≠a de la Universidad de Adelaida, Cedric Stanton Hicks, qui√©n inform√≥ que la muerte pod√≠a deberse a un veneno extremadamente raro que hab√≠a estudiado.

Se trataba de un compuesto que era capaz de ‚Äúdesaparecer‚ÄĚ y descomponerse despu√©s de la muerte de un cuerpo sin dejar rastro. Un veneno al que seg√ļn Hicks, muy pocas personas en Australia ten√≠an acceso. Estas opci√≥n y l√≠nea de investigaci√≥n ten√≠a dos nombres, los posibles compuestos eran Digitalis y Strophanthin. Hicks cre√≠a que podr√≠a ser la √ļltima, un gluc√≥sido card√≠aco que se encuentra en las plantas africanas del g√©nero Strophanthus, las mismas utilizadas hist√≥ricamente por algunas tribus somal√≠ para el uso de flechas envenenadas.

Investigación policial

Imagen: Maleta encontrada en la estación de trenes. Wikimedia Commons

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La polic√≠a no sabe muy bien por donde seguir la l√≠nea de investigaci√≥n, as√≠ que toman las huellas dactilares del sujeto y las mueven por toda Australia para luego distribuirlas a nivel internacional. Nada, no consiguen ninguna pista v√°lida que identifique al misterioso cuerpo. En un intento desesperado se hace un llamamiento a la poblaci√≥n en Adelaida para que, por peque√Īa que sea la posibilidad, si piensan que saben de quien se puede tratar, acudan al dep√≥sito de cad√°veres y den alg√ļn nombre que ofrezca luz.

Fueron semanas de gran confusi√≥n donde el hombre ‚Äúadopt√≥‚ÄĚ m√ļltiples personalidades, a veces por personas que cre√≠an saber de qui√©n se trataba por la foto que hab√≠an difundido algunos medios, otras por familiares que llevaban tiempo buscando a alg√ļn miembro de la familia‚Ķ todas finalmente err√≥neas. Cualquier esperanza de identificarlo se fue desvaneciendo con el tiempo y para el 11 de enero de 1949 la polic√≠a australiana hab√≠a descartado pr√°cticamente todas las pistas posibles que ten√≠an.

En ese momento comenzaron una nueva l√≠nea de investigaci√≥n. La idea era que si el hombre hab√≠a viajado desde alg√ļn punto de Adelaida hasta la playa, es posible que tuviera el resto de sus pertenencias en alg√ļn lugar; quiz√°s objetos personales abandonados o quiz√°s algo de equipaje en un hotel o similares, cualquier cosa que pudiera sugerir que efectivamente ven√≠a de fuera del pa√≠s. Esto supon√≠a que deb√≠an comprobar cada establecimiento, ya fuera un hotel u hostales, tintorer√≠as, oficinas de objetos perdidos o incluso estaciones de trenes o autobuses.

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Comenzaron las labores de b√ļsqueda y por fin dan con una pista. Los investigadores acuden a la estaci√≥n principal de Adelaida desde la que supuestamente parti√≥ el hombre (la misma que reflejaba el ticket de autob√ļs). All√≠ encuentran una maleta marr√≥n que hab√≠a sido depositada en las taquillas del guardarropa el 30 de noviembre, el mismo d√≠a que nuestro hombre elegantemente vestido parti√≥ de la estaci√≥n seg√ļn el ticket.

Se interroga al personal de la estación pero ninguno recuerda al propietario de la maleta. En el interior de la misma encuentran:

  • Un carrete de hilo de color naranja id√©ntico al utilizado para reparar el bolsillo de los pantalones del hombre.
  • Cuatro calzoncillos.
  • Unas pantuflas.
  • Un pijama.
  • Unos pantalones marrones.
  • Art√≠culos de afeitar.
  • Un destornillador.
  • Un cuchillo.
  • Unas tijeras.
  • Un pincel.

Tras examinar minuciosamente el contenido, los investigadores se dan cuenta de que la ropa tampoco tiene etiquetas, al igual que la indumentaria que llevaba el hombre en la playa. En cambio en la ropa interior se hab√≠a mantenido el nombre ‚ÄúKeane‚ÄĚ en las etiquetas. En este caso la polic√≠a investiga y rastrea la posibilidad de que se trate de alguien con ese nombre en alg√ļn pa√≠s de habla inglesa, incluso se trabaja con esta posibilidad junto a Scotland Yard pero finalmente descartan la posibilidad.

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Lo que s√≠ identifican es el hilo naranja. Una sastre sit√ļa el origen del mismo en Estados Unidos, un ovillo de hilo de Barbour inusual que no estaba disponible en Australia, lo que suger√≠a que tal vez, nuestro hombre hab√≠a viajado durante los a√Īos de la guerra‚Ķ pero una vez m√°s no dejaban de ser suposiciones, ninguna certeza en un caso cada vez m√°s complicado.

Tamam Shud

Imagen: El pedazo de papel, con su distintivo tipo de letra, encontrado oculto en uno de los bolsillos del pantalón del difunto. Wikimedia Commons

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Totalmente perdidos en una investigación que cada vez tiene menos lógica, aparece en escena un nuevo experto para trabajar con la policía. Se trata de John Cleland, profesor de patología en la Universidad de Adelaida, quién vuelve a examinar el cadáver y las posesiones encontradas.

Cuatro meses despu√©s, en abril de 1949, Cleland abre una nueva puerta con un hallazgo que lo cambiar√≠a todo. Se trataba de una nueva evidencia, la m√°s desconcertante de todo el caso y la que abr√≠a el mismo a una nueva dimensi√≥n. El pat√≥logo descubre que existe un peque√Īo bolsillo escondido cosido en la cintura de los pantalones del hombre elegantemente vestido (y muerto).

Un detalle que los anteriores investigadores hab√≠an pasado por alto. En su interior encuentra un peque√Īo papel enrollado. Este conten√≠a dos palabras bajo una tipograf√≠a impresa, un tipo de escritura elaborada. Las palabras dec√≠an: Tamam Shud. El reverso del papel estaba en blanco.

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La polic√≠a convoca a varios profesionales que puedan traducir el significado del texto. Descubren que se trata de un trozo de p√°gina del libro de poes√≠a Rubaiyat of Omar Khayyam, en este caso una edici√≥n neozelandesa extremadamente dif√≠cil de conseguir. La obra, escrita en el S.XII, se hab√≠a convertido en un relato popular en Australia durante los a√Īos de guerra. La palabra en cuesti√≥n significaba ‚Äúterminado‚ÄĚ o ‚Äúfin‚ÄĚ y eran las √ļltimas palabras del libro.

Con esta nueva pista volvía a cobrar fuerza la posibilidad de que todo se tratara de un suicidio. De hecho, la propia policía nunca dejó aparcada esta línea de la investigación. Estaban, quizá, más cerca que nunca de identificar al hombre, aunque al mismo tiempo se les suma un nuevo problema. El cuerpo había comenzado a descomponerse y ya estaban dispuestos los preparativos para un entierro. Conscientes de que el propio cuerpo era una de las pocas pistas y elementos que disponían en el caso, acaban realizando un busto de cabeza y torso superior.

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La enfermera y el Teniente

Imagen: Entierro en 1949 del hombre de Somerton. Wikimedia Commons

Pasaron unos meses hasta que en el mes de julio -ocho meses despu√©s de que la investigaci√≥n comenzase- la b√ļsqueda del libro dio resultados. Tras la publicaci√≥n en los medios de una foto del pedazo de papel se presenta un hombre de Glenelg en las oficinas de los detectives en Adelaida con una copia del libro y una extra√Īa historia.

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Al parecer, a principios del mes de diciembre de 1948, justo despu√©s de que se descubriese el cuerpo del desconocido, este hombre an√≥nimo se encontraba paseando en coche con su cu√Īado en las cercan√≠as de la playa de Somerton. Ese d√≠a encontraron una copia del libro en la playa y el hombre lo dej√≥ en el interior del coche hasta que se enter√≥ por los peri√≥dicos del caso. Alertado, el an√≥nimo acudi√≥ al libro y efectivamente encontr√≥ que la √ļltima p√°gina hab√≠a sido arrancada, justo con las √ļltimas letras Tamam Shud. Un posterior test microsc√≥pico por parte de la polic√≠a indic√≥ que, efectivamente, el pedazo de papel hab√≠a sido arrancado de ese libro.

Los investigadores tomaron la obra e investigaron la fuente an√≥nima. No encontraron nada que pudiera relacionarlo con el caso pero en cambio el libro s√≠ mostraba algo. Haciendo uso de una lupa hab√≠an encontrado un n√ļmero de tel√©fono medio borrado escrito a l√°piz en la cubierta trasera. ¬ŅDe verdad ten√≠an por fin una pista?

Imagen: Un busto del hombre desconocido hecho por la policía en 1949. Wikimedia Commons

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El n√ļmero de tel√©fono sal√≠a en la gu√≠a telef√≥nica de Adelaida. Era de una joven enfermera que viv√≠a cerca de la playa de Somerton. La mujer les cuenta que hab√≠a regalado el libro a un Teniente del Ej√©rcito cuando trabajaba en el Hotel Clifton Gardens de Sydney en 1945, tambi√©n le da a la polic√≠a el nombre del hombre: Alfred Boxall.

La polic√≠a piensa que por fin hab√≠an dado con el enigm√°tico nombre del hombre en la playa, deb√≠a ser sin ninguna duda Alfred Boxall. Ocurre que cuando encuentran su direcci√≥n en Maroubra, Boxall contin√ļa con vida. No s√≥lo eso, tambi√©n ten√≠a la copia intacta del libro que le hab√≠a regalado la enfermera.

Los investigadores regresan a la casa de la joven y esta niega tener cualquier relación con el caso. La policía la investiga y siguen sin hallar un móvil que una a la mujer con el hombre de la playa .

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Hoy, despu√©s de muchos a√Īos, esta l√≠nea de investigaci√≥n es la que m√°s se presta a la duda, principalmente por la poca eficacia aparente de la polic√≠a, quienes siempre dieron la impresi√≥n de no presionar lo suficiente a la enfermera. Se sabe que el sargento Lionel Leane, el hombre que llevaba el caso, le lleg√≥ a mostrar el busto del hombre muerto. Leane inform√≥ que su reacci√≥n al ver el busto fue de sorpresa, ‚Äúhasta el punto de que me pareci√≥ que estaba a punto de desmayarse‚ÄĚ. Por tanto pareci√≥ reconocer al hombre, aunque siempre neg√≥ conocerlo.

El c√≥digo ¬Ņcifrado?

Imagen: La escritura a mano muestra marcas de l√°piz en la parte trasera del libro. Wikimedia Commons

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Leane regres√≥ a la √ļnica pista que ten√≠a entre manos, el libro entregado por el an√≥nimo. El hombre pens√≥ que si hab√≠an encontrado una pista casi imperceptible con el n√ļmero de tel√©fono, quiz√°s podr√≠an encontrar algo m√°s con una an√°lisis m√°s exhaustivo. As√≠ fue como el libro pas√≥ a examinarse bajo luz ultravioleta y encuentran en la parte trasera una nueva pista.

Como vemos en la imagen de arriba, se trataba de cinco l√≠neas de letras desordenadas en may√ļsculas. La segunda l√≠nea estaba tachada, lo que r√°pidamente se consider√≥ un error del autor, ya que exist√≠a una gran similitud con la cuarta l√≠nea, probablemente la correcta. Adem√°s, las tres primeras l√≠neas se separan de las dos √ļltimas por un par de l√≠neas rectas con una X escrita sobre ellas‚Ķ. Llegados a este punto y en un caso que parece sacado de una cap√≠tulo de CSI que se encuentra con otro de Iker Jim√©nez, todo puede pasar. ¬ŅPodr√≠a tratarse de un c√≥digo cifrado?

Eso es lo que pensaron los investigadores, quienes acuden a Inteligencia Naval, el lugar donde se encontraban los mayores expertos en cifrados de Australia, para ver si podrían romper el supuesto código. Una vez allí, el mensaje se filtra a la prensa, lo que produjo que aficionados y pseudoexpertos enredaran con teorías, todas un rotundo fracaso. Finalmente el Departamento de Defensa analiza el código y llega a la conclusión de que es imposible romper el supuesto código:

No hay símbolos suficientes para establecer un patrón o al menos un análisis medianamente viable. Estos símbolos pueden ser desde un código complejo hasta un sinsentido de una mente enferma. Por esta razón jamás se podría dar un resultado satisfactorio.

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Un rompecabezas sin solución

Imagen: Imagen: Puesta del sol en la playa de Somerton (Adelaida). Cloudia Spinner. Shutterstock

Tras estas palabras podr√≠amos decir que el misterio qued√≥ sepultado para siempre. No hab√≠a m√°s l√≠neas de investigaci√≥n ni aparecieron nuevas pistas. Nadie hab√≠a descifrado el supuesto c√≥digo ni identificaron al desconocido. En 1958, 10 a√Īos despu√©s de la aparici√≥n del cuerpo en la playa, conclu√≠a oficialmente la investigaci√≥n. En los papeles que se publicaron el m√©dico forense afirmaba lo siguiente:

Soy incapaz de decir quién era el difunto… y soy incapaz de decir cómo murió o lo que le causó la muerte.

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Con los a√Īos el caso no ha dejado de ser recurrente para detectives y aficionados a casos tan singulares. No ha faltado la teor√≠a del espionaje tampoco. La naturaleza aparentemente ‚Äúex√≥tica‚ÄĚ (y a√ļn desconocida) de la muerte del sujeto ha avivado una l√≠nea conspiranoica donde nuestro hombre fue posiblemente un esp√≠a que muri√≥ en el contexto del inicio de la Guerra Fr√≠a. Unas pocas b√ļsquedas en Internet y podemos acceder a todo tipo de tramas, todas con cierta base donde encontramos cuarteles generales ultra secretos, dobles esp√≠as, una segunda persona en la playa...

De todos los estudios y/o trabajos posteriores a la investigaci√≥n oficial, quiz√° el m√°s importante sea el que llev√≥ a cabo el detective de la polic√≠a ya retirado Gerald Feltus. El hombre, primer autor de un libro sobre el caso, admite que no ha resuelto el misterio, pero apunta a lo m√°s obvio: todo indica que la enfermera era la conexi√≥n, o al menos la √ļnica persona que conoc√≠a al hombre, tesis que se apoya en la reacci√≥n de ella tras ver el busto.

Feltus lleg√≥ a conseguir la direcci√≥n de la enfermera, la cual siempre pidi√≥ a la polic√≠a que mantuvieran su nombre en el anonimato. Logr√≥ entrevistarla en el 2002 y en su libro recuerda que la encontr√≥ ‚Äúevasiva‚ÄĚ y rehuyendo muchas preguntas. En el 2007 y tras la insistencia de una gran masa social √°vida por resolver un misterio que clamaba numerosos fallos en la investigaci√≥n, el caso estaba a punto de reabrirse.

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Llegaban tarde, para aquellas fechas la enfermera ya había muerto.


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