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Ciencia

A 358 kilómetros de Tokio existe un pueblo de apenas 160 habitantes construido sobre un volcán activo. Sus vecinos cocinan con vapor geotérmico y dependen de un helicóptero o un ferry que el océano puede cancelar en cualquier momento

Aogashima es el municipio menos poblado de Japón y una de las islas habitadas más aisladas del archipiélago de Izu. Su doble caldera, las fumarolas y el mar impredecible condicionan desde la comida hasta la llegada de suministros.
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Sobre el mapa, Aogashima forma parte de Tokio. En la práctica, sus habitantes viven a 358 kilómetros al sur de la capital, aislados en una pequeña isla volcánica de acantilados casi verticales y sin una conexión directa con el territorio continental.

La imagen aérea ayuda a entender por qué este lugar parece inventado. Una gran caldera ocupa buena parte de la isla y, dentro de ella, se levanta un segundo cono cubierto de vegetación. Las carreteras, los cultivos y los edificios se adaptan al relieve como pueden, mientras el océano golpea una costa sin grandes puertos naturales.

El dato de los 170 habitantes, repetido durante años, ya está algo desactualizado. Según cifras del registro básico de residentes recopiladas en 2025, Aogashima tenía alrededor de 160 vecinos, lo que la mantiene como la municipalidad menos poblada de Japón.

No todo el pueblo está dentro del cráter, pero toda su vida depende del volcán

A 358 kilómetros de Tokio existe un pueblo de apenas 160 habitantes construido sobre un volcán activo. Sus vecinos cocinan con vapor geotérmico y dependen de un helicóptero o un ferry que el océano puede cancelar en cualquier momento
© Getty Images / Ippei Naoi.

Decir que sus habitantes viven “dentro de un volcán” funciona como imagen, aunque necesita un matiz. Las principales viviendas se concentran en las zonas habitables del norte de la isla y alrededor del borde exterior, mientras la región de Ikenosawa, dentro de la caldera, alberga cultivos, instalaciones y varios de los puntos geotérmicos más conocidos.

El volcán continúa clasificado como activo. Según el Programa Global de Vulcanismo del Instituto Smithsonian, su última etapa eruptiva documentada se prolongó entre 1780 y 1785 y alcanzó una intensidad considerable.

Aquella crisis cambió la historia de la comunidad. De una población de 327 personas, entre 130 y 140 murieron durante la gran erupción de 1785. Los supervivientes fueron evacuados a la vecina Hachijō-jima y la isla permaneció abandonada durante décadas, hasta que sus descendientes comenzaron a regresar en el siglo XIX.

Hoy no existe una erupción inminente conocida, pero vivir allí significa aceptar que el terreno no es completamente pasivo. Las fumarolas llamadas hingya siguen expulsando vapor y calor desde el subsuelo.

Cocinar con el calor que sale directamente de la Tierra

A 358 kilómetros de Tokio existe un pueblo de apenas 160 habitantes construido sobre un volcán activo. Sus vecinos cocinan con vapor geotérmico y dependen de un helicóptero o un ferry que el océano puede cancelar en cualquier momento
© Aogashima Village.

Aogashima ha convertido esa actividad geotérmica en parte de su vida cotidiana y de su identidad turística. En la zona de Ikenosawa existen recipientes comunitarios calentados por vapor donde pueden cocinarse huevos, patatas, pescado y verduras sin utilizar una cocina convencional.

La guía oficial de las islas de Tokio incluye entre las principales experiencias de Aogashima cocinar en una “olla geotérmica” y visitar la sauna natural de la isla.

No se trata exactamente de colocar los alimentos dentro de cualquier grieta del suelo. Se utilizan instalaciones preparadas para aprovechar de manera controlada el vapor caliente. El mismo recurso alimenta una sauna comunitaria frecuentada tanto por residentes como por visitantes, según explica el Gobierno Metropolitano de Tokio.

El calor también participa en la elaboración de la sal hingya, obtenida mediante la evaporación de agua marina. A ello se suma el aochu, un destilado local elaborado principalmente con batata que se produce en pequeñas cantidades y rara vez llega fuera de la isla.

Llegar depende del mar, del viento y de que queden nueve asientos

A 358 kilómetros de Tokio existe un pueblo de apenas 160 habitantes construido sobre un volcán activo. Sus vecinos cocinan con vapor geotérmico y dependen de un helicóptero o un ferry que el océano puede cancelar en cualquier momento
© Aogashima Village.

No existe un vuelo directo desde Tokio. Primero hay que llegar a Hachijō-jima y desde allí elegir entre un pequeño helicóptero o el barco.

El servicio aéreo conecta ambas islas en unos 20 minutos, pero dispone de solo nueve plazas y puede suspenderse por niebla o mal tiempo. La web oficial de acceso de Tokio recomienda consultar el estado de cada operación en tiempo real.

La alternativa es un ferry que tarda alrededor de dos horas y media. Su funcionamiento depende tanto del estado del mar que la decisión final sobre cada salida se anuncia a las siete de la mañana del mismo día.

Ese aislamiento condiciona el abastecimiento, los desplazamientos médicos y la vida diaria. La isla no cuenta con hospital ni con grandes servicios comerciales, por lo que cualquier emergencia importante exige un traslado fuera de Aogashima.

Un pueblo pequeño bajo uno de los cielos más oscuros de Japón

La otra cara del aislamiento aparece cuando cae la noche. La escasa iluminación artificial permite observar la Vía Láctea con una claridad difícil de encontrar cerca de una gran ciudad.

El mirador de Oyama, situado a unos 400 metros de altitud, ofrece una vista completa de la doble caldera y se promociona oficialmente como uno de los mejores puntos de la isla para contemplar las estrellas.

Aogashima pertenece a Tokio, pero vive bajo reglas distintas. Allí los horarios no los marca solamente un reloj: también intervienen el oleaje, la niebla, el vapor que emerge del suelo y un volcán que lleva más de dos siglos en silencio.

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