Los íberos del noreste de la península vivían conectados con un Mediterráneo en permanente movimiento. En sus asentamientos aparecieron cerámicas importadas, ánforas, monedas y objetos relacionados con comerciantes fenicios, griegos, púnicos e itálicos.
Esa abundancia de materiales podía hacer pensar que aquellos contactos también provocaron grandes desplazamientos de población. Sin embargo, el ADN antiguo ofrece ahora una imagen muy distinta.
Según explica la Universitat Autònoma de Barcelona, el análisis genético de 54 bebés procedentes de tres yacimientos revela que las comunidades del noreste peninsular conservaron una marcada continuidad genética durante unos seis siglos, desde el inicio de la Edad del Hierro hasta las primeras etapas de la romanización.
El estudio, publicado en la revista científica iScience, concluye que la aparición de la cultura íbera no estuvo asociada con una sustitución masiva de la población. En cambio, parece haber surgido principalmente a partir de los grupos locales que ya habitaban la región al final de la Edad del Bronce.
Tres yacimientos permiten seguir la historia durante generaciones

Los restos proceden de Els Vilars, en Arbeca; Sant Miquel d’Olèrdola, en el Penedès; y El Camp de les Lloses, en Tona. Cada enclave representa un momento diferente dentro de la evolución de las comunidades íberas del noreste.
Els Vilars permitió estudiar la transición desde el final de la Edad del Bronce hasta la primera Edad del Hierro. Olèrdola aportó información sobre una fase más consolidada de la cultura íbera, mientras que El Camp de les Lloses mostró lo ocurrido durante la etapa final y el inicio del dominio romano.
En referencia al artículo publicado en iScience, el equipo pudo recuperar información genómica amplia de 22 individuos y genomas mitocondriales de otros nueve. Los análisis se realizaron en el Laboratorio de ADN Antiguo de la Facultad de Biociencias de la UAB.
La elección de bebés no fue casual. Las comunidades íberas cremaban habitualmente a sus muertos, un proceso que destruye gran parte del ADN. Los lactantes, en cambio, eran enterrados con frecuencia bajo las casas o en áreas de trabajo, por lo que sus huesos conservaron material genético aprovechable.
La cultura cambió mucho más deprisa que la población
Los individuos analizados presentan una combinación genética ya conocida en poblaciones prehistóricas de la península: ascendencia de cazadores-recolectores occidentales, agricultores neolíticos llegados de Anatolia y grupos vinculados con las estepas euroasiáticas durante la Edad del Bronce.
Según señala la UAB, esta continuidad respalda la idea de que las sociedades íberas se desarrollaron sobre una base demográfica local. El cambio hacia poblados fortificados, élites más visibles, comercio de larga distancia y una organización social jerarquizada no necesitó la llegada de una nueva población dominante.
Esto no significa que los íberos permanecieran aislados. El estudio detectó individuos concretos con posibles vínculos ancestrales con el Mediterráneo oriental o el norte de África, especialmente en Els Vilars y Olèrdola.
La diferencia está en la escala. Esos contactos dejaron huellas puntuales y graduales, pero no transformaron de golpe el perfil genético general de las comunidades.
La conclusión resulta especialmente interesante porque muestra que cultura y genética no siempre avanzan al mismo ritmo. Una sociedad puede adoptar objetos, técnicas, creencias y formas políticas extranjeras sin que eso implique una migración masiva.
Roma sí aumentó la diversidad, pero tampoco borró a los íberos

El Camp de les Lloses permite observar el comienzo de una nueva etapa. La llegada de Roma introdujo más ascendencia mediterránea y norteafricana, coincidiendo con una intensificación de los movimientos de soldados, comerciantes, trabajadores y administradores.
Aun así, según detalla el estudio de iScience, la población iberorromana continuó conservando una fuerte señal de los grupos locales anteriores. La romanización aparece, por tanto, como un proceso gradual de mezcla y transformación, no como una sustitución inmediata.
Parte de la ascendencia norteafricana también pudo haber llegado antes de la consolidación romana mediante redes púnicas vinculadas con el sur de la península y las Baleares. Los investigadores subrayan que todavía se necesitan más muestras para distinguir con precisión cada una de esas rutas.
El análisis del ADN mitocondrial, transmitido por vía materna, tampoco mostró grandes diferencias entre los distintos grupos íberos. Sí aparecieron pequeñas variaciones en la frecuencia de algunos linajes, lo que sugiere que comunidades como ilergetes, cosetanos y ausetanos mantenían contactos, pero también cierto grado de autonomía.
Los bebés revelan vínculos familiares y formas de movilidad
El ADN también permitió buscar relaciones de parentesco. En Els Vilars no se identificaron vínculos familiares próximos entre los individuos analizados. En Olèrdola, dos bebés enterrados juntos no eran gemelos ni familiares cercanos.
En El Camp de les Lloses, en cambio, los investigadores encontraron dos hermanas y varias relaciones de segundo grado. Estos resultados pueden ayudar a entender cómo se seleccionaban los espacios funerarios y si determinados enterramientos estaban asociados con familias concretas.
El cromosoma Y mostró, además, la persistencia de los linajes paternos introducidos durante la Edad del Bronce, cuando la expansión de poblaciones con ascendencia esteparia transformó buena parte del panorama genético masculino de la península.
Sin embargo, el estudio también detectó la supervivencia de algún linaje anterior, una señal de que incluso aquel gran cambio prehistórico no eliminó por completo a las poblaciones precedentes.
La principal conclusión no es que los íberos fueran genéticamente inmóviles. Es que su historia estuvo hecha de incorporaciones lentas, contactos individuales y mezclas progresivas.
La arqueología muestra una sociedad abierta a influencias mediterráneas. El ADN añade ahora que esa apertura no destruyó su base local. Durante siglos, los íberos cambiaron de objetos, tecnologías y estructuras políticas mucho más rápido de lo que cambiaron de población.