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Ciencia

Un tablero de juego de hace 1.200 años apareció tallado en las escaleras de unos baños medievales de Marruecos. El hallazgo muestra que los hammams del islam primitivo también eran espacios para jugar y socializar

El tablero fue grabado directamente sobre el escalón que conducía a la piscina de agua fría de un hammam construido entre finales del siglo VIII y el IX. Sus tres filas de agujeros podrían corresponder al tab o sig, un juego de estrategia que todavía se practica en regiones del norte de África y Oriente Próximo.
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La antigua ciudad de Volubilis es conocida principalmente por sus templos, mosaicos y monumentos romanos. Sin embargo, cuando el dominio de Roma terminó, el asentamiento no desapareció. Continuó habitado bajo el nombre de Walila y llegó a desempeñar un papel importante durante los primeros siglos del islam en Marruecos.

Es precisamente en esa etapa donde aparece uno de sus hallazgos más cotidianos y, al mismo tiempo, más reveladores: un tablero de juego tallado directamente sobre los escalones de unos baños medievales.

Según describe un estudio publicado en la revista Libyan Studies, el tablero se encontraba en la parte superior de la escalinata que conducía a la piscina de agua fría del hammam. El edificio fue levantado a finales del siglo VIII o durante el IX y quedó abandonado entre los siglos X y XI, lo que proporciona una ventana cronológica poco habitual para fechar este tipo de grabados.

Tres filas de agujeros en el lugar más visible del baño

Un tablero de juego de hace 1.200 años apareció tallado en las escaleras de unos baños medievales de Marruecos. El hallazgo muestra que los hammams del islam primitivo también eran espacios para jugar y socializar
© INSAP-UCL Volubilis Archaeological Project.

El tablero mide aproximadamente 34 centímetros de largo por 9,5 de ancho y está compuesto por tres filas de al menos 13 pequeñas cavidades semiesféricas. Los agujeros, de entre 1,2 y 1,6 centímetros de diámetro, fueron realizados sobre un bloque de piedra reutilizado que formaba parte del escalón de acceso a la piscina.

De acuerdo con el artículo firmado por Tim Penn, de la Universidad de Reading; Corisande Fenwick, del University College London; y Hassan Limane, del Instituto Nacional de Ciencias de la Arqueología y del Patrimonio de Marruecos, el grabado no parece fruto del desgaste ni de una intervención casual. Su disposición regular indica que fue creado deliberadamente para jugar.

La posición resulta tan importante como el propio diseño. Los jugadores podían sentarse enfrentados sobre los escalones, mientras el tablero permanecía visible desde la sala utilizada para cambiarse y desde el acceso a la piscina.

En referencia al estudio publicado en Libyan Studies, los investigadores interpretan esa ubicación destacada como una señal de que el juego era una actividad aceptada dentro del hammam. No parece un grafiti escondido ni una práctica que debiera mantenerse fuera de la vista, sino una incorporación realizada durante el periodo de uso del edificio.

Probablemente no era un tablero de mancala

La forma del grabado dejó dos candidatos principales: alguna variante de mancala o un juego conocido como tāb en Oriente Próximo y sig en el Magreb y el Sáhara.

El mancala agrupa numerosos juegos en los que se distribuyen semillas, piedras o fichas entre varias cavidades. Sin embargo, los autores consideran poco probable esa identificación porque sus tableros suelen necesitar agujeros más grandes y profundos, capaces de guardar varias piezas.

Además, según explica el estudio recogido por Morocco World News, las variantes de mancala con tres filas acostumbran a presentar un número par de cavidades por fila, ya que la línea central debe dividirse entre ambos jugadores. El tablero de Walila tiene al menos 13, un número impar.

La opción más plausible es el tab o sig, un juego de persecución y captura en el que dos participantes desplazan sus piezas por filas enfrentadas. En algunas versiones modernas, el movimiento se decide lanzando palos con caras diferenciadas en lugar de dados.

Los investigadores son prudentes: no pueden observar directamente cómo fue utilizado el tablero y, por tanto, la identificación no es absoluta. Aun así, su morfología coincide mejor con otros posibles ejemplos de tab encontrados en Arabia, Oriente Próximo y distintos puntos del Mediterráneo.

Podría ser la evidencia más antigua del tab o sig en el norte de África

Un tablero de juego de hace 1.200 años apareció tallado en las escaleras de unos baños medievales de Marruecos. El hallazgo muestra que los hammams del islam primitivo también eran espacios para jugar y socializar
© Fernanda Palmieri, INSAP-UCL Volubilis Archaeological Project.

La primera referencia escrita inequívoca al tab es considerablemente posterior y aparece en textos medievales del siglo XIV. El tablero de Walila, en cambio, tuvo que ser utilizado mientras el hammam estuvo en funcionamiento, entre finales del siglo VIII o el IX y aproximadamente el siglo X.

Por eso, el artículo de Libyan Studies lo presenta como la evidencia material más antigua conocida de este juego en el norte de África. El hallazgo sugiere que la práctica llegó al Mediterráneo occidental mucho antes de lo que permitían demostrar las fuentes textuales disponibles.

Una posibilidad planteada por los autores es que el juego viajara junto con personas familiarizadas con las costumbres del este del mundo islámico. El complejo donde se encontraba el hammam ha sido relacionado con Idris I, fundador de la dinastía idrisí, y con su entorno.

Según explica Morocco World News a partir de la investigación, Idris I llegó a Walila en el año 788 después de huir de la península arábiga. Algunos elementos arquitectónicos del complejo, incluidas sus casas con patio y ciertas características de los baños, también muestran afinidades con modelos orientales.

Eso no prueba que Idris I llevara personalmente el juego hasta Marruecos, pero sí sitúa el tablero dentro de una ciudad conectada con personas, objetos e influencias procedentes de regiones mucho más orientales.

Los hammams también eran lugares para pasar el tiempo

Los baños públicos del mundo islámico cumplían funciones relacionadas con la higiene, el cuidado corporal y la pureza ritual. Sin embargo, también eran espacios de conversación, encuentro y descanso.

El tablero de Walila aporta una prueba material de esa dimensión social. No se encontraba en una casa privada ni en un edificio exclusivamente militar, sino en un lugar compartido donde los bañistas podían detenerse, observar una partida o participar mientras esperaban.

El estudio recuerda que ya se habían encontrado tableros grabados en otros espacios islámicos tempranos, incluidos edificios religiosos, palacios y baños del Levante. Sin embargo, los ejemplos bien fechados son escasos, y la arqueología del juego en el Magreb sigue estando poco desarrollada.

Parte del problema es metodológico. Pequeñas cuadrículas, agujeros y líneas talladas sobre suelos o escalones suelen considerarse grafitis secundarios y quedan fuera de las publicaciones arqueológicas principales.

Tal como concluyen Penn, Fenwick y Limane en Libyan Studies, estos grabados aparentemente modestos pueden revelar mucho sobre el ocio, las relaciones sociales y la forma en que las personas utilizaban realmente los edificios.

En Walila, tres filas de agujeros bastan para transformar la imagen del hammam. Ya no aparece únicamente como un lugar para lavarse o cumplir una rutina corporal, sino como un espacio donde hace 1.200 años alguien se sentaba frente a otra persona, movía sus piezas y convertía una escalera de piedra en una mesa de juego.

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