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Ciencia

A cinco metros bajo una ciudad suiza aparecieron más de 1.300 postes de madera. Revelaron cómo una tormenta destruyó en horas un poblado neolítico de hace 5.860 años

Hay descubrimientos arqueológicos que muestran objetos. Y otros que devuelven escenas completas. Bajo el centro de Biel, en Suiza, apareció uno de esos casos rarísimos: una aldea neolítica cuya breve historia pudo reconstruirse casi al detalle, incluido el temporal que la arrasó.
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Las grandes ciudades modernas suelen ocultar capas enteras de pasado bajo calles, edificios y estaciones. Pero pocas veces una obra contemporánea destapa un episodio tan preciso como el hallado durante la construcción del nuevo campus de la Universidad de Ciencias Aplicadas de Berna, en la localidad de Biel.

Lo que surgió a unos 4,5 metros de profundidad no fue solo un yacimiento más. Fue la memoria casi intacta de una comunidad que vivió junto al lago hace cerca de seis mil años y desapareció tras una catástrofe natural.

Una ciudad enterrada en madera

A cinco metros bajo una ciudad suiza aparecieron más de 1.300 postes de madera. Revelaron cómo una tormenta destruyó en horas un poblado neolítico de hace 5.860 años
© Archäologischer Dienst des Kantons Bern, / Andreas Marti.

Entre 2018 y 2019, los equipos arqueológicos recuperaron más de 1.300 postes clavados que pertenecían a viviendas, estructuras de contención y defensas del asentamiento. A ellos se sumaron unos 700 elementos adicionales de madera.

La cifra impresiona, pero lo verdaderamente excepcional fue su conservación. Al quedar sepultados en condiciones húmedas y protegidos del oxígeno durante milenios, muchos restos mantuvieron suficiente integridad como para ser estudiados con enorme precisión. Gracias al análisis dendrocronológico (la lectura de anillos de crecimiento de los árboles) los especialistas pudieron fechar cada fase constructiva y reconstruir la evolución del poblado casi año por año.

Una aldea que apenas duró cinco años

A cinco metros bajo una ciudad suiza aparecieron más de 1.300 postes de madera. Revelaron cómo una tormenta destruyó en horas un poblado neolítico de hace 5.860 años
© Archäologischer Dienst des Kantons Bern / Daniel Marchand und Philippe Joner.

Los datos indican que el asentamiento existió entre 3842 y 3838 antes de Cristo. Es decir, tuvo una vida inferior a cinco años. Durante ese breve tiempo, la comunidad levantó al menos 23 casas y organizó un trazado que hoy puede interpretarse como uno de los planos urbanos definidos más antiguos documentados en la zona del lago Biel.

La distribución muestra un crecimiento orgánico: primero una línea inicial de viviendas, luego una expansión hacia ambos flancos. Más tarde, los habitantes instalaron rompeolas de madera orientados hacia el lago, señal de que ya conocían el riesgo del entorno. No eran improvisados. Sabían adaptarse.

El día que llegó la tormenta

El final, sin embargo, fue abrupto. Los investigadores concluyen que en el verano de 3838 a. C. una fuerte tormenta procedente del oeste, combinada con inundaciones y oleaje violento, golpeó el asentamiento con intensidad devastadora.

La posición inclinada de numerosos postes y el patrón de daños sugieren que varias estructuras fueron arrancadas del suelo o desplazadas con fuerza. No se trata de una decadencia lenta ni de abandono progresivo: todo apunta a un evento puntual y destructivo. Ese detalle convierte el hallazgo en algo extraordinario. En arqueología no siempre es posible identificar un desastre concreto con tanta claridad.

Cómo vivían antes del colapso

A cinco metros bajo una ciudad suiza aparecieron más de 1.300 postes de madera. Revelaron cómo una tormenta destruyó en horas un poblado neolítico de hace 5.860 años
© Archäologischer Dienst des Kantons Bern / Khaled Bordji.

Además de las viviendas, el yacimiento ofreció restos de cerámica, herramientas de piedra, hueso y asta de ciervo, semillas carbonizadas, fitolitos y restos óseos animales.

Eso permitió reconstruir dieta, técnicas artesanales y redes de intercambio. Aunque la base económica era local, también existían contactos con regiones alejadas como Suiza central, el valle del Ródano, Provenza, Alsacia e incluso la cuenca parisina. Es decir, no hablamos de una comunidad aislada, sino de un mundo neolítico más conectado de lo que solemos imaginar.

Una tragedia pequeña que aún habla

Tras el temporal, los supervivientes intentaron recomponer parte del poblado. Pero finalmente lo abandonaron. Miles de años después, bajo una ciudad moderna, quedaron las pruebas silenciosas de aquella decisión.

A veces la arqueología encuentra tesoros. Otras veces encuentra algo mejor: el instante exacto en que una comunidad entendió que ya no podía quedarse.

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