Sabemos mucho más de algunos objetos situados a cientos de miles de kilómetros de nosotros que de lo que ocurre bajo nuestros propios pies. Y cuanto más se acercan los científicos al centro de la Tierra mediante modelos, experimentos y ondas sísmicas, más extraño se vuelve el planeta.
El ejemplo más reciente está en el núcleo interno, a más de 5.000 kilómetros de profundidad. Allí las presiones y temperaturas son tan extremas que los materiales pueden adoptar comportamientos prácticamente imposibles en la superficie.
Un estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) en 2026 acaba de profundizar en uno de ellos: el hidrógeno superiónico presente en aleaciones de hierro e hidrógeno. Los cálculos indican que este elemento podría distribuirse de forma desigual a través del núcleo interno, formando un gradiente desde unas zonas hacia otras. Y lo realmente extraño es cómo se mueve.
El hierro puede ser sólido mientras el hidrógeno se comporta como un líquido

Normalmente pensamos en sólido, líquido y gas como estados claramente separados. En condiciones extremas, esa división deja de funcionar tan bien.
En una fase superiónica, una parte del material mantiene una estructura cristalina ordenada mientras determinados átomos se desplazan libremente a través de ella. En el caso del núcleo terrestre, los átomos de hierro pueden conservar esa red sólida mientras elementos ligeros como el hidrógeno presentan una movilidad similar a la de un líquido.
La idea no apareció ahora. En 2022, investigadores de la Academia China de Ciencias ya mostraron mediante simulaciones que aleaciones de hierro con hidrógeno, carbono y oxígeno podían alcanzar este estado bajo las condiciones del núcleo interno. Aquello ayudaba además a explicar por qué el núcleo presenta unas propiedades sísmicas más “blandas” de lo que cabría esperar de una esfera convencional de hierro sólido.
El trabajo de 2026 va un paso más allá: intenta averiguar cómo se reparte específicamente el hidrógeno dentro de esa estructura.
El hidrógeno no está repartido por igual

Los investigadores calcularon desde primeros principios las energías libres de diferentes fases de aleaciones hierro-hidrógeno bajo presiones y temperaturas equivalentes a las del núcleo. Después construyeron diagramas que describen cuándo esas aleaciones deberían permanecer en fase superiónica o pasar al estado líquido.
El resultado apunta a algo importante: la distribución del hidrógeno depende mucho más de la temperatura relativa al punto de fusión del hierro que de los cambios de presión.
Eso provoca que el hidrógeno no tenga una concentración uniforme. Según el modelo, aparece naturalmente un gradiente radial de hidrógeno superiónico dentro del núcleo interno como consecuencia del equilibrio termodinámico.
Conviene hacer aquí una precisión: no estamos hablando de una enorme bolsa de gas atrapada en el centro de la Tierra. El hidrógeno forma parte de aleaciones de hierro y sus átomos se desplazan a través de la red cristalina en ese estado superiónico. Describirlo simplemente como “gas” resulta engañoso.
Y podría ayudar a explicar por qué la Tierra tiene campo magnético
La importancia va más allá de descubrir un estado exótico de la materia.
A medida que el núcleo interno crece mediante la solidificación de material procedente del núcleo externo, los elementos ligeros se redistribuyen. Esa separación química puede generar flotabilidad, uno de los mecanismos que contribuyen a mantener los movimientos del núcleo externo líquido relacionados con la geodinamo que produce el campo magnético terrestre.
El nuevo modelo también podría servir para entender cómo se distribuyen otros elementos ligeros (como carbono u oxígeno) en las profundidades del planeta.
Así que la imagen clásica de una Tierra formada por capas perfectamente diferenciadas se queda corta. En el mismísimo centro del planeta puede existir algo bastante más extraño: una estructura de hierro que sigue siendo sólida mientras átomos de hidrógeno recorren su interior con una libertad propia de un líquido.