Desde el aire, algunos parecen simples manchas circulares de un azul mucho más oscuro que el agua que los rodea. Sin embargo, debajo de esa superficie pueden esconderse cavidades verticales de cientos de metros de profundidad, túneles y complejos sistemas de cuevas.
Son los llamados agujeros azules, formaciones geológicas especialmente frecuentes en regiones de roca caliza como Bahamas, Belice y la península de Yucatán.
Cómo se forma un agujero azul
La mayoría está asociada con terrenos kársticos, es decir, regiones compuestas por rocas solubles como la caliza.
Durante las edades de hielo, enormes cantidades de agua quedaron atrapadas en glaciares y capas de hielo. Como consecuencia, el nivel global del mar llegó a situarse más de 100 metros por debajo del actual.
Eso dejó al descubierto grandes plataformas de roca caliza que hoy están sumergidas. El agua de lluvia, ligeramente ácida al absorber dióxido de carbono de la atmósfera y del suelo, comenzó entonces a infiltrarse por grietas y fracturas. Poco a poco fue disolviendo la caliza y creando cavidades, túneles y cuevas subterráneas.
Con el tiempo, algunas estructuras se hicieron tan grandes que sus techos colapsaron, formando enormes depresiones verticales.
Cuando terminó el periodo glacial y el nivel del mar volvió a subir, muchas de esas cavidades quedaron inundadas.

Por qué se ven de un azul tan oscuro
El color también tiene una explicación física. Las zonas que rodean estos agujeros suelen ser poco profundas y presentar fondos claros de arena o carbonato, que reflejan gran cantidad de luz.
En cambio, dentro del agujero la profundidad aumenta bruscamente.
El agua absorbe progresivamente las longitudes de onda rojas, amarillas y verdes de la luz visible, mientras el azul penetra más profundamente. Desde arriba, esa diferencia provoca el característico contraste entre el azul claro de las aguas poco profundas y el tono oscuro, casi negro, del interior.
Algunos esconden ambientes extremos
La circulación de agua dentro de un agujero azul puede ser muy limitada.
En los más profundos aparecen capas con grandes diferencias de temperatura, salinidad y concentración de oxígeno. Algunas zonas incluso pueden quedar prácticamente sin oxígeno, creando ambientes capaces de conservar sedimentos y restos orgánicos durante largos periodos.
Taam Ja’, en la bahía de Chetumal, México, es un ejemplo extraordinario.
Las mediciones realizadas por investigadores superaron los 420 metros de profundidad sin llegar todavía al fondo, lo que lo convirtió en el agujero azul más profundo conocido.
El famoso agujero azul de Belice
Uno de los ejemplos más reconocibles es el Gran Agujero Azul de Belice, situado dentro del sistema de arrecifes del país. Su entrada mide alrededor de 300 metros de diámetro y alcanza aproximadamente 125 metros de profundidad.
Su tamaño y su forma casi circular lo han convertido en uno de los grandes destinos del buceo técnico.
Pero explorar estas estructuras puede ser peligroso. La profundidad, la escasa luz, las paredes verticales y las capas de agua pobres en oxígeno hacen que muchas zonas estén fuera del alcance del buceo recreativo.
Los agujeros azules son, en definitiva, restos de un paisaje que se formó cuando el océano estaba mucho más abajo que hoy. Cada uno funciona como una ventana geológica hacia antiguas variaciones del nivel del mar y hacia mundos subterráneos que posteriormente quedaron ocultos bajo el agua.