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Ciencia

A solo 7 años luz de la Tierra hay un mundo donde las nubes aparecen y desaparecen. El James Webb acaba de descubrir algo que parecía imposible de observar

El telescopio James Webb ha observado cómo cambia la atmósfera de uno de nuestros vecinos cósmicos más fríos. Sus datos revelan nubes de agua variables y gases que ascienden desde profundidades desconocidas.
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A poco más de siete años luz de la Tierra existe un mundo tan extraño que resulta difícil encajarlo en nuestras categorías astronómicas. Tiene aproximadamente el tamaño de Júpiter, una temperatura inferior a los cero grados y una atmósfera en la que las nubes cambian mientras enormes corrientes transportan gases desde sus profundidades. No es exactamente un planeta, pero tampoco una estrella convencional. Y durante años fue prácticamente imposible estudiar qué sucedía dentro de su atmósfera.

Ahora, el telescopio espacial James Webb ha conseguido algo extraordinario: observar cómo cambia el tiempo atmosférico de este objeto y encontrar evidencias de que sus nubes de agua se vuelven más gruesas y más delgadas con el paso de las horas.

El descubrimiento, presentado por un equipo de la Universidad de Arizona, ofrece una de las perspectivas más detalladas obtenidas hasta ahora sobre el comportamiento de una atmósfera situada fuera de nuestro Sistema Solar. Y lo más interesante es que algunos de los procesos detectados resultan sorprendentemente familiares.

Un mundo helado del tamaño de Júpiter que apenas emite luz

A solo 7 años luz de la Tierra hay un mundo donde las nubes aparecen y desaparecen. El James Webb acaba de descubrir algo que parecía imposible de observar
© Gemini Observatory/AURA image by Joy Pollard.

El protagonista de esta historia se llama WISE 0855 y se encuentra aproximadamente a 7,5 años luz del Sol, en la constelación de Hidra. Fue descubierto en 2014 mediante observaciones infrarrojas de los telescopios WISE y Spitzer de la NASA. Desde entonces, se ha convertido en uno de los objetos más interesantes para estudiar atmósferas extremadamente frías.

WISE 0855 pertenece a la categoría de las enanas marrones, cuerpos que se forman de manera semejante a las estrellas, pero que no alcanzan la masa necesaria para mantener la fusión estable del hidrógeno en sus núcleos.

Su temperatura efectiva ronda los 265 kelvin, equivalentes a unos ocho grados bajo cero. Una cifra extraordinariamente baja para un objeto de estas características. Esa frialdad permite que el agua presente en su atmósfera pueda condensarse y formar nubes.

Según explica la Universidad de Arizona, la astrónoma Brittany Miles encabezó una investigación destinada a comprender cómo evolucionan estas estructuras y qué ocurre en las capas atmosféricas situadas debajo. Para conseguirlo, el equipo necesitaba observar el objeto durante horas, en lugar de limitarse a obtener una fotografía aislada.

El James Webb lo observó durante once horas y descubrió que su atmósfera tenía dos comportamientos distintos

Los investigadores utilizaron el instrumento NIRSpec del James Webb para registrar 44 espectros infrarrojos de WISE 0855 durante aproximadamente once horas, con intervalos de quince minutos. Un espectro permite descomponer la luz e identificar señales asociadas a determinadas moléculas. En este caso, el procedimiento hizo posible estudiar cómo cambiaban las características atmosféricas con el tiempo.

Los resultados revelaron variaciones de hasta el 10% en algunas longitudes de onda, especialmente aquellas relacionadas con el monóxido de carbono. También aparecieron señales asociadas a la fosfina, el dióxido de carbono, el metano, el amoniaco y el agua. Pero lo verdaderamente interesante surgió al comparar las observaciones con modelos atmosféricos.

Los científicos identificaron evidencias de dos procesos que parecen desarrollarse simultáneamente: cambios en el espesor de las nubes de agua de las capas superiores y movimientos de gases procedentes de regiones mucho más profundas.

La investigación, titulada Water Cloud and Chemical Modulations in the Coldest Brown Dwarf, fue presentada en septiembre de 2026 y aceptada para su publicación en The Astronomical Journal.

Los modelos que incorporan nubes de agua irregulares reproducen mejor las observaciones que aquellos que prescinden de ellas. Sin embargo, esas estructuras no fueron fotografiadas directamente: su presencia y evolución se infieren a partir de las señales espectrales y su comparación con simulaciones.

El hallazgo podría cambiar cómo investigamos los gigantes gaseosos de otros sistemas solares

A solo 7 años luz de la Tierra hay un mundo donde las nubes aparecen y desaparecen. El James Webb acaba de descubrir algo que parecía imposible de observar
© NASA/JPL-Caltech.

La segunda parte del descubrimiento está relacionada con la convección, un fenómeno que también ocurre en la Tierra y en Júpiter. Cuando el material caliente asciende desde las profundidades de una atmósfera, puede transportar sustancias químicas hacia regiones más frías. Eso modifica las concentraciones de ciertos gases y deja señales detectables en la radiación que escapa al espacio.

En WISE 0855, los investigadores encontraron variaciones relacionadas con el monóxido de carbono y la fosfina que apuntan hacia ese mecanismo.

El equipo plantea que también podrían existir grandes corrientes atmosféricas organizadas en bandas, parecidas a las de Júpiter, aunque todavía no dispone de observaciones suficientes para confirmar su estructura. Tampoco conoce con precisión cuánto tarda WISE 0855 en completar una rotación. Harán falta campañas de observación más prolongadas para comprender cómo evolucionan sus nubes y distinguir los efectos de los vientos y de la rotación.

El descubrimiento tiene implicaciones que van mucho más allá de este objeto. Si los mismos procesos físicos que gobiernan las nubes y la circulación atmosférica de Júpiter aparecen también en una enana marrón situada a años luz, podemos utilizar ese conocimiento para interpretar mundos que todavía somos incapaces de observar con semejante detalle.

El James Webb no ha encontrado océanos ni indicios de vida. Ha conseguido algo distinto: empezar a reconstruir cómo funciona el clima de un mundo lejano, observando cambios que ocurren en cuestión de horas. Y eso convierte a WISE 0855 en un laboratorio natural excepcional para estudiar los secretos de otras atmósferas del universo.

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