El universo todavía conserva las huellas de algunas de las colisiones más violentas entre cuerpos planetarios. Durante años, los científicos intentaron comprender unos misteriosos anillos de polvo caliente que rodean determinadas estrellas y que parecen formarse después de impactos extraordinariamente intensos.
Estos fenómenos, conocidos como discos de escombros extremos, fueron identificados por el telescopio espacial Spitzer de la NASA, que dejó de funcionar en 2020 sin conseguir reunir suficientes observaciones para explicar completamente su origen.
Ahora, el telescopio espacial James Webb ha retomado la investigación y, gracias a su capacidad para analizar la luz infrarroja, permitió descubrir qué tipos de colisiones podrían estar produciendo estas enormes cantidades de polvo espacial.
Los resultados fueron presentados el 1 de octubre de 2026 por la NASA y publicados en The Astrophysical Journal.
El misterioso fenómeno espacial que desconcertó al telescopio Spitzer
Los discos de escombros son acumulaciones de polvo y fragmentos rocosos que rodean algunas estrellas después de las primeras etapas de formación de sus sistemas planetarios.
Sin embargo, existe una categoría especialmente extraña.
Los llamados discos de escombros extremos contienen cantidades inusualmente elevadas de polvo caliente, partículas extremadamente pequeñas y variaciones irregulares en su brillo infrarrojo. Estas características sugieren que los materiales se generan mediante colisiones violentas entre grandes cuerpos rocosos.
Para investigar el fenómeno, un equipo internacional encabezado por la astrónoma Kate Su analizó 21 discos: cinco mediante observaciones archivadas de Spitzer y otros 16 con datos del James Webb.
They say planet formation’s a cruel endeavor
Violent collisions, like that between a proto-Earth and a Mars-sized object named Theia 4.5 billion years ago, shaped our home planet. Webb is helping compare other young stellar systems to our own. https://t.co/Chc49miHrh pic.twitter.com/R5TuGY1Wyx
— NASA Webb Telescope (@NASAWebb) October 1, 2026
El James Webb identificó dos tipos de colisiones planetarias
Uno de los principales hallazgos fue que los discos pueden dividirse en dos grupos según su composición química.
Los investigadores identificaron ocho discos ricos en sílice, un material asociado con impactos de energía extremadamente elevada.
Según los modelos científicos, estas características podrían producirse cuando cuerpos aproximadamente del tamaño de Marte chocan violentamente, provocando la vaporización de parte de sus materiales.
Los otros 13 discos contienen cantidades menores de sílice y parecen estar relacionados con colisiones menos energéticas, como impactos oblicuos entre objetos del tamaño de la Luna. El estudio también encontró diferencias relacionadas con la edad de las estrellas.
Los discos ricos en sílice aparecieron únicamente alrededor de estrellas con menos de 300 millones de años, mientras que los otros se encontraron en sistemas de edades más variadas.
Las observaciones podrían explicar cómo nació nuestra Luna
Los resultados tienen implicaciones importantes para comprender la historia del sistema solar.
Una de las principales hipótesis sobre el origen de la Luna sostiene que, hace aproximadamente 4.500 millones de años, un cuerpo del tamaño de Marte llamado Theia impactó contra la Tierra primitiva.
La colisión habría expulsado enormes cantidades de material al espacio, parte del cual terminó agrupándose para formar nuestro satélite natural. Los discos observados por el James Webb presentan características compatibles con procesos semejantes.
Esto significa que los astrónomos podrían estar estudiando sistemas planetarios que atraviesan etapas similares a las que experimentó la Tierra durante su formación.
Un descubrimiento que abre nuevas preguntas sobre el universo
Aunque los resultados representan un avance importante, todavía existen numerosos interrogantes.
Los discos de escombros extremos son poco frecuentes: las observaciones indican que aproximadamente el 1 % de las estrellas jóvenes presenta señales detectables de estos fenómenos, una proporción inferior a algunas expectativas teóricas. Los científicos todavía desconocen por qué son tan difíciles de encontrar y cuánto tiempo permanecen visibles después de una gran colisión.
Las futuras observaciones del James Webb permitirán ampliar la muestra, estudiar sistemas de distintas edades y comprobar si las diferencias químicas realmente reflejan distintos tipos de impactos.
Por ahora, el descubrimiento ofrece una perspectiva fascinante: algunas de las estructuras más caóticas del universo podrían conservar las pistas necesarias para comprender cómo nacieron la Tierra, la Luna y otros mundos rocosos.