En el remoto pueblo de Huaytará, en Perú, el edificio de la Iglesia de San Juan Bautista es más de lo que parece. Se construyó sobre una estructura inca de tres muros conocida como carpa uasi, que intercambiaba la estabilidad por algo inesperado.
Si bien al imperio inca se lo conoce mayormente por la emblemática ciudadela de Machu Picchu del siglo XV, un equipo de investigadores estudia las propiedades acústicas de la carpa uasi, singular construcción inca que probablemente sea del mismo período. Se destaca así la importancia de estudiar más allá de lo que se ve al examinar las huellas de las civilizaciones que ya no están.
Edificio de tres muros
“Estamos explorando la posibilidad de que la estructura del tipo carpa uasi tal vez amplificaba los sonidos de baja frecuencia como el de los tambores, minimizando la reverberación”, declaró Stella Nair, profesora adjunta de artes indígenas de las Américas de la Universidad de California., Los Ángeles. “Con esta investigación podemos por primera vez saber el valor de la acústica para los incas”.
El imperio inca prosperó en los siglos XV y comienzos del XVI. A la llegada de los conquistadores españoles, este imperio se extendía a lo largo de la costa occidental de América del sur, desde lo que hoy es Ecuador hasta lo que es Chile.
El edificio en cuestión tenía solamente tres muros, lo que potencialmente permitía que el sonido – como el de los tambores – se propagara por la abertura sin muro a mayores distancias. Carpa uasi significa “casa tienda, casa carpa” en referencia a la singular estructura que tal vez construyeron los incas específicamente para amplificar la música y el sonido.
“Hoy muchos quedan impresionados ante el trabajo de la arquitectura inca que podemos ver, pero hay algo más, algo efímero, temporal y no permanente: el sonido. Valoraban mucho el sonido, parte importante de la arquitectura inca y andina, al punto de que los constructores permitían algo de inestabilidad en la estructura en pos del potencial acústico”, explicó Nair.
La importancia del sonido
Los investigadores conocen este edificio hace mucho tiempo pero Nair y sus colegas quizá sean los primeros en reconocer su potencial para amplificar el sonido. Es la única carpa uasi que ha llegado a nuestros días, y resistió estos últimos 600 años gracias a la fuerza estabilizadora d ela iglesia que se construyó sobre la estructura. Ahora, el equipo trabaja sobre una maqueta para explicar la propagación del sonido desde la carpa uasi hacia el exterior.
“Los sonidos son muy importantes. Solemos poner énfasis en lo visual para entender el mundo y el pasado. Pero todos nuestros sentidos importan. De modo que para entender mejor nuestra historia, hay que incluir el sonido en nuestra conversación con el pasado”, dijo Nair.