Un mito urbano que se derrumba
Durante décadas, el “mosquito del metro” fue un símbolo de la capacidad de la naturaleza para adaptarse al entorno humano moderno. Se creía que Culex pipiens f. molestus, la variedad que habita en los túneles del subte de Londres, había evolucionado recientemente para sobrevivir en la oscuridad y alimentarse de sangre humana.
El hallazgo de mosquitos que no salían a la superficie, se reproducían sin necesidad de invierno y picaban a los pasajeros reforzó la leyenda: una especie “nacida” con el transporte subterráneo.
Sin embargo, una nueva investigación publicada en Science cambió por completo esa historia. El estudio, encabezado por Yuki Haba y Carolyn McBride de la Universidad de Princeton junto al consorcio internacional PipPop, demostró que la adaptación subterránea del mosquito es mucho más antigua y no tiene su origen en Londres.
El ADN revela un linaje ancestral
El equipo analizó el material genético de 357 mosquitos recolectados en 77 regiones del Paleártico occidental —desde el norte de Europa hasta el Medio Oriente— y de ejemplares conservados en museos.
Gracias a técnicas avanzadas de secuenciación genómica y análisis de ADN antiguo, los investigadores determinaron que las dos variantes de Culex pipiens —la común y la “molestus”— se separaron entre 1.300 y 12.500 años atrás, mucho antes de la existencia del metro londinense.
🇬🇧‼️ | ALERTA EN REINO UNIDO — Detectan dos especies de mosquitos portadores de enfermedades tropicales —Aedes aegypti y Aedes albopictus—, asociados al dengue, zika, chikungunya y la fiebre amarilla. pic.twitter.com/awNrqJyk7P
— UHN Plus (@UHN_Plus) October 1, 2025
Las pistas apuntan a que la forma molestus evolucionó en la superficie, probablemente en la región mediterránea o en el Medio Oriente, en zonas asociadas con las primeras civilizaciones agrícolas.
Desde allí, el mosquito habría viajado con los humanos, extendiéndose por Eurasia y más tarde hacia América y Australia.
En climas fríos, como los del norte de Europa, esta variante encontró refugio bajo tierra, donde las temperaturas se mantenían estables. Así, la vida subterránea fue una adaptación secundaria, no el origen de la especie.
Una relación antigua con los humanos
Lejos de ser un producto de la modernidad, el mosquito del metro mantiene una historia de convivencia prolongada con el ser humano.
Viejas crónicas de Egipto e Italia ya mencionaban insectos con hábitos similares, aunque hasta ahora no existían pruebas genéticas que los vincularan con el molestus actual.
El hallazgo tiene implicaciones más amplias: al habitar espacios urbanos y subterráneos, esta especie puede actuar como vector del virus del Nilo Occidental y otras enfermedades.
Los científicos advierten que la hibridación entre las variantes de superficie y subterránea podría aumentar el riesgo de transmisión viral en las ciudades.
Happy to share this! 🚀 I’ve contributed as author on a new international paper in @ScienceMagazine about the “London Underground 🚇 mosquito 🦟”
Its adaptation to humans is far older than thought — over 1,000 years, from the Mediterranean region 🌍🦟
🔗 https://t.co/q3Hjc5mKiy pic.twitter.com/wNHvym1ltm— Daniel Bravo (@DanielBrav3) October 25, 2025
Nuevas preguntas sobre la fauna urbana
El estudio liderado por Princeton y el Wellcome Sanger Institute plantea que muchas especies consideradas “urbanas” podrían tener orígenes evolutivos mucho más antiguos.
Según los investigadores, comprender cómo los animales se adaptan —o readaptan— a los entornos humanos es esencial para anticipar los efectos de la urbanización sobre la biodiversidad y la salud pública.
“Esperamos que este trabajo abra la puerta a explorar cómo la urbanización moderna influye en la genética y la ecología de especies que ya compartían un largo pasado con nosotros”, señalaron los autores.
Del mito a la evidencia científica
El célebre mosquito londinense deja de ser una criatura nacida del concreto y los túneles modernos. La ciencia muestra que su historia comenzó milenios antes de que existiera el metro, en los campos agrícolas del Viejo Mundo.
Su evolución, marcada por la cercanía con los humanos, revela una lección más amplia: las ciudades no crean vida nueva, sino que reactivan vínculos antiguos entre los animales y nosotros.
Fuente: Infobae.