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Ciencia

Aire limpio: el derecho humano que millones siguen sin poder ejercer

Respirar debería ser un acto seguro y universal. Sin embargo, la contaminación atmosférica sigue arrebatando salud y vidas en gran parte del planeta. Aunque la ONU reconoció en 2022 el derecho a un medio ambiente sano, las desigualdades entre países hacen que millones de personas aún vivan condenadas a respirar veneno invisible.
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El derecho a respirar aire limpio no aparece en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, pero debería considerarse tan básico como el acceso al agua potable o la protección de la vida. Ocho décadas después, para millones de personas sigue siendo un ideal lejano. Mientras en Europa o Estados Unidos la calidad del aire ha mejorado, en muchos países desfavorecidos la contaminación continúa siendo una amenaza diaria para la salud.

De la intuición médica al concepto de “calidad del aire”

Ya Hipócrates asociaba enfermedades con respirar aire sucio, pero no fue hasta el siglo XIX cuando se identificaron los componentes del aire y sus efectos sobre la salud. A mediados del siglo XX nació el concepto de “calidad del aire”, que hoy define los límites seguros para partículas, gases y contaminantes.

La ONU y el reconocimiento explícito

En 2020, tras la pandemia de covid-19, la ONU declaró el Día Internacional del Aire Limpio. Dos años después dio un paso histórico al reconocer que todo ser humano tiene derecho a un medio ambiente saludable. El secretario general António Guterres lo calificó como “solo el principio”, recordando que la verdadera tarea es que cada país aplique medidas efectivas.

Desigualdad atmosférica entre regiones

Los países desarrollados han avanzado gracias a regulaciones estrictas. Europa, Estados Unidos, Japón y Canadá han logrado mejorar su aire en las últimas décadas, con directivas y controles constantes. La última directiva europea sobre calidad del aire, de 2024, refuerza esos estándares.

Aire limpio: el derecho humano que millones siguen sin poder ejercer
© FreePik

En cambio, en países en vías de desarrollo la situación es crítica: la contaminación atmosférica no es prioridad política y millones de personas ven multiplicado su riesgo de enfermedades respiratorias, cardiovasculares y cáncer. La OMS denuncia periódicamente estas cifras alarmantes de morbilidad y mortalidad prematura.

Un drama global que exige soluciones urgentes

Aceptar que gran parte de la humanidad no pueda ejercer el derecho a respirar aire razonablemente limpio es inadmisible. La contaminación atmosférica es un drama global que afecta tanto al clima como a la salud. La ciencia y la ingeniería deben seguir aportando conocimiento y soluciones, pero se necesita también compromiso político y social.

Respirar aire limpio no puede seguir siendo un privilegio geográfico o económico: debe ser un derecho garantizado, ejercido y protegido en cualquier lugar del planeta.

Fuente: Xataka.

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