Saltar al contenido
Ciencia

Científicos encuentran en pleno Sáhara los restos de un gigantesco cocodrilo marino que vivió hace más de 100 millones de años. El fósil obliga a replantear la desaparición de todo un grupo de depredadores del Jurásico

El hallazgo de Machimosaurus rex en el sur de Túnez no solo revela la existencia de un enorme depredador adaptado a lagunas costeras del antiguo océano Tetis. También demuestra que algunos reptiles marinos sobrevivieron millones de años después de la supuesta extinción de su linaje, complicando la historia evolutiva del final del Jurásico.
Por

Tiempo de lectura 4 minutos

Comentarios (0)

A primera vista cuesta imaginarlo. El sur de Túnez hoy es polvo, roca y un paisaje donde el horizonte parece secarse bajo el calor. Pero hace más de 100 millones de años, esa misma región estaba conectada a un sistema de lagunas y aguas costeras vinculadas al antiguo océano Tetis. Y entre aquellas aguas se movía un depredador enorme, pesado y silencioso que ahora acaba de volver a complicar la historia de la vida prehistórica.

El animal se llama Machimosaurus rex, un gigantesco pariente marino de los cocodrilos modernos cuyos restos fueron estudiados cerca de Tataouine, en pleno Sáhara tunecino. El fósil llevaba años siendo importante por su tamaño, pero el verdadero problema para los paleontólogos apareció cuando analizaron su edad.

Porque este reptil no debería haber existido en ese momento.

El fósil apareció millones de años después de la supuesta desaparición de su grupo

Científicos encuentran en pleno Sáhara los restos de un gigantesco cocodrilo marino que vivió hace más de 100 millones de años. El fósil obliga a replantear la desaparición de todo un grupo de depredadores del Jurásico
© Cretaceous Research.

Durante mucho tiempo, los científicos pensaron que los teleosáuridos (el grupo al que pertenecía Machimosaurus rex) habían desaparecido completamente al final del Jurásico.

La frontera entre el Jurásico y el Cretácico fue considerada una etapa complicada para muchos reptiles marinos, con importantes cambios ambientales y extinciones regionales. El problema es que el fósil tunecino rompe bastante esa narrativa.

Según el estudio publicado en Cretaceous Research, Machimosaurus rex vivió en el Cretácico temprano, aproximadamente 25 millones de años después de la supuesta desaparición definitiva de los teleosáuridos. Eso obliga a replantear la idea de una extinción simple y uniforme.

En vez de desaparecer completamente, algunos linajes pudieron sobrevivir en determinadas regiones costeras mientras desaparecían en otras partes del planeta. Y Túnez parece haber sido uno de esos refugios.

El animal era un depredador gigantesco adaptado a lagunas y zonas costeras

Aunque visualmente recuerde a un cocodrilo actual, Machimosaurus rex pertenecía a un grupo distinto de reptiles conocidos como crocodilomorfos teleosáuridos. Estos animales estaban especialmente adaptados a ambientes marinos y salobres. No vivían exactamente en océano abierto, sino en lagunas costeras, deltas y zonas litorales donde podían emboscar presas con bastante eficacia.

El fósil encontrado en Tataouine conserva gran parte del esqueleto articulado, incluyendo cuello, espalda, cola y extremidades visibles. Aunque algunas zonas del cráneo estaban erosionadas o incompletas, la posición de los restos permitió reconstruir bastante bien la anatomía del animal. Y todo apunta a que era enorme.

Las primeras estimaciones hablaban de unos 10 metros de longitud y alrededor de 3 toneladas de peso, aunque estudios posteriores más conservadores sugieren cifras cercanas a los 7 metros. Sigue siendo gigantesco, pero el detalle importa bastante en paleontología. Porque medir un animal extinguido nunca es tan sencillo como parece.

Los dientes revelan un depredador especializado en aplastar huesos

La parte más intimidante del fósil probablemente está en la mandíbula. Los dientes de Machimosaurus rex no eran finos ni afilados como los de muchos depredadores marinos rápidos. Eran cortos, robustos y redondeados, diseñados para ejercer una fuerza brutal.

Según explicó el investigador Tetsuto Miyashita, estos dientes no estaban hechos para cortar carne, sino para aplastar huesos. Eso encaja perfectamente con otro detalle del yacimiento: cerca del fósil aparecieron restos de grandes tortugas.

Los científicos creen que este animal actuaba como un depredador de emboscada generalista, capaz de capturar presas acuáticas y posiblemente también animales terrestres que se acercaban demasiado a la orilla. La imagen resulta bastante fácil de imaginar incluso hoy: un cuerpo enorme esperando inmóvil bajo aguas poco profundas hasta atacar en el último instante.

El Sáhara sigue demostrando que antes fue un mundo completamente distinto

Científicos encuentran en pleno Sáhara los restos de un gigantesco cocodrilo marino que vivió hace más de 100 millones de años. El fósil obliga a replantear la desaparición de todo un grupo de depredadores del Jurásico
© Cretaceous Research.

Y ahí aparece otra de las grandes lecciones del hallazgo. El desierto actual no tiene prácticamente nada que ver con el paisaje que existía allí durante el Cretácico. Las rocas de Tataouine conservan evidencia de ecosistemas húmedos llenos de peces, tortugas, reptiles voladores y dinosaurios.

El Sáhara moderno es relativamente reciente en términos geológicos. Por eso muchos de los descubrimientos más espectaculares sobre la vida prehistórica africana aparecen precisamente en regiones que hoy parecen incompatibles con semejante biodiversidad. Debajo de la arena siguen escondidos restos de antiguos océanos, lagunas y litorales desaparecidos hace millones de años.

Lo más importante del fósil no es solo el tamaño del animal, sino lo que dice sobre las extinciones

La historia tradicional de las extinciones suele imaginarse como un apagón brusco: una especie existe y luego desaparece de todas partes al mismo tiempo. Pero la realidad paleontológica suele ser muchísimo más caótica.

El caso de Machimosaurus rex sugiere que algunos ecosistemas actuaron como refugios temporales donde ciertos grupos sobrevivieron mucho más tiempo del esperado. Eso significa que las extinciones del final del Jurásico probablemente fueron más regionales e irregulares de lo que se pensaba. Y esa idea sigue apareciendo constantemente en paleontología moderna.

A veces basta un único fósil bien datado para desmontar una historia evolutiva que parecía completamente cerrada. En este caso, ese fósil apareció casi a ras del suelo en el desierto tunecino y terminó revelando que algunos gigantes marinos siguieron vivos muchísimo después de que la ciencia creyera haberlos perdido para siempre.

Compartir esta historia

Artículos relacionados