Durante años, el glaciar Thwaites ha sido observado con atención casi obsesiva por la comunidad científica. No es casualidad: este gigantesco bloque de hielo de la Antártida occidental ya es responsable de alrededor del 4% del aumento global del nivel del mar, y su comportamiento futuro podría marcar la diferencia entre una subida controlable y un escenario mucho más grave.
Ahora, nuevas observaciones han añadido un motivo más de preocupación. Cientos de terremotos de baja magnitud han sido detectados bajo el glaciar, en una región donde, en teoría, no debería haber actividad sísmica tradicional.
Terremotos que no vienen de la Tierra, sino del hielo

Los investigadores son claros: estos seísmos no tienen origen tectónico. No están causados por el movimiento de placas, sino por el propio glaciar. Los registros sísmicos apuntan a un fenómeno conocido como “stick-slip”, un proceso en el que el hielo permanece bloqueado durante un tiempo, acumulando tensión, hasta que se desliza bruscamente sobre el lecho rocoso.
Este comportamiento genera pequeñas sacudidas, similares a terremotos, que delatan un movimiento interno irregular. En lugar de avanzar de forma constante hacia el océano, el glaciar lo hace a trompicones, alternando fases de aparente estabilidad con episodios de desplazamiento repentino.
Uno de los aspectos que más inquieta a los científicos es dónde se concentran estos seísmos. La mayoría se localiza en la zona de contacto entre el glaciar y el océano, una región especialmente vulnerable al aumento de la temperatura del agua marina.
El agua más cálida actúa como un lubricante natural: debilita la base del hielo, facilita su deslizamiento y favorece la aparición de fracturas internas. Estas fracturas, a su vez, liberan energía en forma de pequeñas sacudidas sísmicas, que ahora están siendo registradas con una precisión inédita.
Los datos muestran, además, que la actividad sísmica aparece en ráfagas, lo que refuerza la idea de que el glaciar no se comporta como una masa rígida y predecible, sino como un sistema dinámico extremadamente sensible a los cambios ambientales.
Por qué el glaciar Thwaites es tan crítico

El Thwaites no es solo enorme: es estratégico. Actúa como una especie de tapón que retiene grandes masas de hielo del interior de la Antártida occidental. Si pierde estabilidad, ese hielo podría deslizarse hacia el mar con mucha mayor rapidez.
Los modelos actuales estiman que un colapso completo del glaciar podría contribuir a un aumento del nivel del mar de hasta tres metros a largo plazo. No se trata de un escenario inmediato, pero sí de una posibilidad que preocupa seriamente a los investigadores.
Por ahora, los científicos insisten en que estos terremotos no significan un colapso inminente. Sin embargo, confirman que el glaciar está atravesando procesos internos complejos que hasta hace poco no se podían observar con tanto detalle.
Una señal de alerta para mejorar las predicciones
La detección de estos seísmos abre una nueva ventana para comprender cómo se comportan los grandes glaciares en un clima cambiante. Incorporar estos datos a los modelos permitirá afinar las predicciones sobre su evolución y su impacto real en el nivel del mar.
Y ese impacto no es menor. Estudios recientes advierten de que una subida de solo 50 centímetros del nivel del mar podría inundar millones de edificios en todo el mundo, afectando especialmente a regiones costeras densamente pobladas.
El glaciar Thwaites vuelve así a recordarnos que el cambio climático no siempre avanza de forma silenciosa. A veces, también tiembla.
[Fuente: As]