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Ciencia

Aníbal cruzó los Alpes con 37 elefantes y durante siglos nadie supo exactamente por dónde. Un nuevo cálculo energético sugiere que eligió la ruta más eficiente y que sus soldados sufrieron mucho más que sus bestias

Un estudio publicado en PNAS reconstruyó las posibles rutas alpinas de Aníbal a partir del gasto energético de hombres, caballos y elefantes. El resultado refuerza la hipótesis del Col de la Traversette y deja una conclusión inesperada: los elefantes habrían perdido mucha menos grasa corporal que los soldados.
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La imagen tiene algo de imposible incluso después de más de dos mil años: un ejército cartaginés avanzando por nieve, roca y hielo, con miles de hombres agotados, caballos cargados y elefantes de guerra abriéndose paso por los Alpes. Aníbal Barca no solo quería llegar a Italia. Quería hacerlo por donde Roma no lo esperaba.

En el año 218 a. C., en plena Segunda Guerra Púnica, el general cartaginés llevó su ejército desde la península ibérica hacia el norte de Italia atravesando una de las barreras naturales más difíciles de Europa. La hazaña quedó grabada como una de las maniobras militares más audaces de la Antigüedad, pero también como un enigma geográfico: nadie sabe con absoluta certeza qué paso alpino utilizó.

Ahora, un nuevo estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences propone mirar el problema desde un ángulo poco habitual. No desde los textos antiguos, ni desde la geología, ni desde la arqueología tradicional, sino desde la energía. Según explican el Centro Alemán de Investigación Integrativa de la Biodiversidad, la Universidad de Jena y la Universidad de Oxford, los investigadores calcularon cuánto habría costado mover a hombres, caballos y elefantes por las principales rutas candidatas. El resultado apunta con fuerza al Col de la Traversette.

El misterio de la ruta de Aníbal acaba de sumar una pista biológica

Aníbal cruzó los Alpes con 37 elefantes y durante siglos nadie supo exactamente por dónde. Un nuevo cálculo energético sugiere que eligió la ruta más eficiente y que sus soldados sufrieron mucho más que sus bestias
© AGTravel / Alamy.

El debate sobre el camino de Aníbal lleva generaciones abierto. Durante mucho tiempo, uno de los candidatos favoritos fue el Col du Clapier, un paso entre la actual Francia y el Piamonte italiano. Sin embargo, en los últimos años el Col de la Traversette ganó peso entre algunos investigadores. El nuevo trabajo no pretende cerrar el caso de forma definitiva, pero sí añade una pieza interesante: si Aníbal quería reducir el coste físico de mover un ejército enorme por la montaña, la Traversette era la mejor opción.

El equipo, formado por Emilio Berti y Fritz Vollrath, aplicó un modelo bioenergético basado en la masa corporal y la pendiente del terreno. La idea es sencilla de explicar, aunque compleja de calcular: no todas las rutas exigen la misma energía, y esa diferencia importa mucho cuando se intenta desplazar a miles de personas y animales por pasos alpinos cubiertos de nieve.

Según iDiv, el análisis se apoyó en modelos de movimiento desarrollados a partir de elefantes africanos actuales, capaces de estimar el gasto energético en función del peso del animal y la inclinación del terreno. Después, los investigadores combinaron esos cálculos con datos de elevación para comparar varios cruces posibles de los Alpes.

La Traversette habría sido la opción más dura de imaginar, pero la más eficiente de recorrer

Los números son bastante claros. De acuerdo con la Universidad de Jena, el Col de la Traversette habría requerido un coste total de 5,42 terajulios para todo el ejército. La segunda opción, el Col de Montgenèvre, habría exigido 6,02 terajulios. El Col du Clapier, 6,28. Y el Col du Mont Cenis, 6,45. En comparación con la Traversette, esas rutas habrían costado un 11%, un 16% y un 19% más de energía, respectivamente.

La conclusión no significa que la Traversette fuera un paseo. De hecho, es un paso alto y muy exigente. Popular Science recuerda que se encuentra en la frontera entre Italia y Francia y alcanza unos 2.947 metros de altitud. Pero el punto del estudio no es buscar la ruta más cómoda en términos absolutos, sino la menos costosa para una marcha extrema con decenas de miles de personas, caballos y 37 elefantes.

Emilio Berti lo resume con cautela en la nota de iDiv: el análisis no elimina toda la ambigüedad, pero fortalece el caso de la Traversette porque muestra que esa ruta se ajusta mejor a las exigencias de mover un ejército con elefantes por un terreno alpino extremadamente difícil.

La sorpresa: los elefantes habrían resistido mejor que los hombres

La parte más llamativa del estudio aparece al calcular el desgaste corporal. En la ruta de la Traversette, los soldados habrían perdido cerca del 19% de sus reservas de grasa durante el cruce. Esa cifra ayuda a entender por qué la travesía fue tan devastadora para el ejército cartaginés. En cambio, los elefantes habrían perdido solo un 4% de sus reservas.

A primera vista, suena contraintuitivo. Un animal de varias toneladas subiendo y bajando montañas parece una mala idea logística. Pero los elefantes tienen una ventaja decisiva: enormes reservas energéticas y una forma de moverse muy estable sobre terrenos complicados. La comparación casi se escribe sola: frente a soldados exhaustos, con menos grasa acumulada y sometidos a frío, hambre y ataques, los elefantes podían gastar una fracción menor de sus reservas para superar el mismo obstáculo.

Según Popular Science, el modelo sugiere que muchos de los elefantes pudieron sobrevivir precisamente por esa capacidad de amortiguar el coste energético del cruce. El problema, en todo caso, no terminaba al bajar de los Alpes. Mantener vivos a esos animales en territorio enemigo, durante el invierno y sin una línea de suministros segura, era otra historia muy distinta.

Por qué Aníbal llevó elefantes a una campaña tan brutal

Aníbal cruzó los Alpes con 37 elefantes y durante siglos nadie supo exactamente por dónde. Un nuevo cálculo energético sugiere que eligió la ruta más eficiente y que sus soldados sufrieron mucho más que sus bestias
© Getty Images / Prisma / Universal Images Group.

La pregunta sigue siendo fascinante: si cruzar los Alpes ya era una locura, ¿por qué llevar elefantes? La respuesta probablemente no tenga una sola causa. Según iDiv y la Universidad de Jena, los investigadores plantean varias posibilidades: Aníbal pudo utilizarlos como elemento sorpresa en sus primeros enfrentamientos contra Roma, como arma psicológica contra la caballería o incluso como espectáculo político para impresionar a los pueblos celtas del norte de Italia y atraerlos a su causa.

También hay una lectura más pragmática. Si el gasto energético de los elefantes era relativamente bajo en comparación con el de los hombres, quizá no eran una carga tan absurda como parece desde el presente. No eran fáciles de mantener, no eran invulnerables y su utilidad militar podía depender del contexto, pero cruzar las montañas no habría sido necesariamente el peor tramo para ellos.

La paradoja es potente: los animales que solemos imaginar como el gran obstáculo logístico de la expedición pudieron ser, en términos energéticos, algunos de los mejor preparados para sobrevivir al cruce.

Un rompecabezas histórico que ahora también se mide en energía

El estudio tiene límites, y sus autores no los ocultan. Un modelo energético no puede reconstruirlo todo. No mide por completo el estrés mecánico sobre articulaciones, el riesgo de caídas, el hambre, el frío, la moral de las tropas o los ataques de pueblos locales. Tampoco resuelve los problemas de las fuentes antiguas, que fueron escritas décadas después de los hechos y dejan espacio para muchas interpretaciones. Popular Science recuerda que solo sobreviven dos relatos principales del cruce, y ambos presentan desafíos para reconstruir la ruta exacta.

Aun así, el enfoque es valioso porque cambia la pregunta. En lugar de discutir solo qué paso encaja mejor con Polibio o Livio, permite preguntar qué ruta habría tenido más sentido para cuerpos reales moviéndose por montañas reales. La historia, en este caso, se cruza con la biomecánica.

Después de más de dos mil años, Aníbal sigue sin devolver una respuesta definitiva desde los Alpes. Pero sus elefantes, o al menos la energía que habrían necesitado para caminar, acaban de aportar una pista inesperada. Tal vez la ruta no se encuentre solo en los textos antiguos ni en las piedras del camino, sino en algo mucho más básico: cuánto cuesta avanzar cuando el mundo se vuelve cuesta arriba.

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