Los científicos creen que inicialmente la vida en la Tierra incluía formas antiguas de crinoideos o parientes de las estrellas de mar modernas. Aparecen millones de fósiles crinoideos pero en un golpe de suerte hallaron el segundo fósil crinoideo con sus tejidos preservados.
Como suele suceder con los grandes hallazgos en la paleontología el equipo que llevó a cabo el estudio detectó al fósil del crinoideo Dendocrinus simcoensis en una colección relativamente desconocida, que en este caso pertenece a un museo local de Montreal en Quebec. Los investigadores descubrieron que la antigüedad del fósil es de unos 450 millones de años, más antiguo todavía que el único ejemplo anterior de tejidos blandos preservados en fósiles crinoideos. Afirman que este fósil brindará nuevos datos sobre los ecosistemas marinos de esos tiempos, y detallaron sus hallazgos en un trabajo publicado en Royal Society Open Science.
“Las probabilidades de hallar tejido blando preservado como en este caso es de uno en un millón por lo que despertó gran entusiasmo este fósil tan único”, dijo Lena Cole, autora principal del trabajo y paleontóloga de la Universidad de Oklahoma, hablando con Gizmodo. “Más allá del descubrimiento inicial me parece fascinante que podamos usar fósiles excepcionalmente preservados como este para poder entender mejor cómo se alimentaban los crinoideos, su conducta, y su interacción con otras criaturas, y eso nos brinda un vistazo maravilloso a las vidas de estas antiguas criaturas de mar”.

La vida que ya no está, pero podemos imaginar
Por razones evidentes son las partes más rígidas y fuertes del animal las que sobreviven a tantos períodos de desgaste, y como resultado muchos fósiles suelen comprender partes esqueléticas o conchas. No es imposible, pero sí es infrecuente que queden intactos los tejidos blandos como la piel, los ojos o los órganos internos, explicó Cole.
Evidentemente, eso no devalúa la información que logramos obtener de los fósiles esqueléticos pero como todo lo demás es mayormente una incógnita los científicos dependen de los indicios evolutivos de otros animales emparentados para así inferir con información cómo se vería un determinado animal. Eso también implica que lo que sabemos puede cambiar con el tiempo (como ejemplo famoso está el debate de si el Tiranosaurio tenía plumas, pelos o escamas).
Uno en un millón
En ese sentido este descubrimiento fue, de veras, un golpe de suerte. Según Cole parece que la criatura fosilizada vivió y murió en “condiciones inusuales” en que el crinoideo quedó rápidamente sepultado en un barro liviano que bloqueó el oxígeno hasta que los minerales cubrieron y fosilizaron los tejidos blandos. Además, las patas en forma de tubo, o pies ambulacrales, brindan datos esenciales sobre el estilo de vida de los crinoideos ya que los animales utilizan sus livianos apéndices para encontrar alimento y navegar las corrientes de agua, según explicó, y eso le suma valor al fósil.
Para confirmar que realmente se trataba de patas en forma de tubo o ambulacrales, los investigadores estudiaron las características esqueléticas generales y compararon el tamaño con otros fósiles de la misma especie y con crinoides vivos. Como resultado, pudieron identificar casi con certeza que el fósil perteneció a un grupo de crinoides del Paleozoico (de entre 541 y 252 millones de años), que según el trabajo se sumaba a la evidencia de las patas. Al comparar el fósil con sus parientes modernos el equipo descubrió que este antiguo crinoideo podría haberse “alimentado y comportado de manera muy diferente”, según le dijo Cole a Gizmodo.
Son muy inusuales los fósiles de tejidos blandos de especies extintas hace tanto tiempo, aunque sus características además evidencian cosas que están fuera del rango de variables que vemos en las especies vivas. Al comparar los modos de vida ecológica de las especies extintas con las modernas podemos entender cómo fueron cambiando los patrones evolutivos y qué factores moldearon la biósfera moderna que vemos hoy”, explicó Cole.