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Tecnología

La IA creó ricos tan rápido que hasta los empleados tech tradicionales empiezan a quedar afuera

El boom de la inteligencia artificial está cambiando el mercado inmobiliario de San Francisco. Sueldos que antes garantizaban una vida cómoda en tecnología ahora quedan por debajo de una nueva élite formada por empleados con acciones de OpenAI, Anthropic y otras compañías de IA.
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Durante años, trabajar en tecnología en San Francisco era una especie de pase directo a la vida cómoda. No necesariamente al lujo absoluto, pero sí a una seguridad difícil de alcanzar en otras industrias: buenos salarios, oportunidades, acciones y la posibilidad de vivir cerca del centro mundial de Silicon Valley.

Ese pacto empieza a romperse. En la ciudad donde nacieron algunas de las mayores fortunas tecnológicas del mundo, ganar 180.000 dólares al año ya no garantiza poder alquilar un piso tranquilo ni comprar una vivienda. La inteligencia artificial no solo está transformando el software: también está reorganizando quién puede permitirse vivir en San Francisco.

El caso de Katrine Razniak y Adam Woodbury resume bien el nuevo clima. Según recogió The New York Times y replicó Entrepreneur, Razniak gana 180.000 dólares al año en Rippling y Woodbury 185.000 como ingeniero de software. Juntos superan los 360.000 dólares anuales, pero pasaron meses buscando un apartamento de una habitación por debajo de 5.000 dólares al mes sin conseguirlo. Visitaron unas 30 viviendas y encontraron un mercado demasiado caro, demasiado competitivo y cada vez más dominado por otra clase de comprador.

La IA creó ricos tan rápido que hasta los empleados tech tradicionales empiezan a quedar afuera
© Magnific

La nueva frontera ya no es trabajar en tecnología, sino trabajar en IA

El problema no es que esos sueldos sean bajos. En casi cualquier ciudad estadounidense, serían ingresos de clase alta. El problema es que San Francisco está viviendo una nueva fiebre de riqueza concentrada alrededor de la IA.

OpenAI cerró en marzo de 2026 una ronda de financiación de 122.000 millones de dólares, con una valoración post-money de 852.000 millones. Anthropic, por su parte, anunció en mayo una ronda de 65.000 millones que elevó su valoración hasta los 965.000 millones. Son cifras que colocan a estas compañías en una escala difícil de comparar incluso con tecnológicas gigantes de ciclos anteriores.

La diferencia está en las acciones. Un empleado con buen salario puede pagar alquileres altos, pero un empleado con opciones sobre acciones de una empresa valorada en cientos de miles de millones puede competir en otra liga. Si esas compañías salen a bolsa, una parte de sus trabajadores y exempleados puede convertirse de golpe en millonaria o multimillonaria.

Ese dinero esperado ya está afectando al mercado. The Guardian informó que, en la primera mitad de 2026, más de 140 viviendas en San Francisco se vendieron por al menos un millón de dólares por encima del precio pedido, frente a solo ocho en el mismo periodo del año anterior. La presión se concentra en barrios cercanos a los nuevos centros de poder de la IA.

San Francisco siempre fue caro, pero ahora la vara subió

La vivienda en San Francisco nunca fue fácil. La ciudad arrastra desde hace décadas un problema de oferta limitada, restricciones urbanísticas, salarios altos y demanda internacional. Pero el boom actual tiene un matiz distinto: no está empujado solo por “tech workers”, sino por una élite mucho más concentrada y mucho más líquida.

Según datos recogidos por SFGate a partir de un informe de Compass, el precio medio de las viviendas unifamiliares en San Francisco subió un 17% interanual y pasó de 1,7 a 2,2 millones de dólares. Además, el inventario cayó un 45% y las casas se están vendiendo a una velocidad no vista en años.

El alquiler también aprieta. ApartmentAdvisor situó a San Francisco como la ciudad más cara de Estados Unidos para alquilar en junio de 2026, con una mediana de 4.000 dólares mensuales. Nueva York aparecía justo detrás, con 3.819 dólares.

La consecuencia es incómoda: una parte de la clase media tecnológica se está sintiendo expulsada por otra clase tecnológica todavía más rica. Ya no alcanza con ser ingeniero, reclutador, product manager o empleado bien pagado de una empresa de software. En la nueva San Francisco, la verdadera diferencia parece estar en tener acciones de una compañía de IA antes de su salida a bolsa.

Eso no significa que todos los trabajadores de IA sean millonarios ni que todos los empleados tecnológicos estén al borde de irse. Pero sí marca una fractura dentro del propio ecosistema: quienes tienen salario alto, pero renta fija; y quienes tienen salario alto más una participación en la próxima gran fortuna de Silicon Valley.

El sueño de San Francisco siempre fue caro. La novedad es que ahora incluso muchos de los que antes lo financiaban empiezan a quedar fuera. La IA no solo está cambiando el futuro del trabajo. También está cambiando quién puede vivir cerca de donde ese futuro se está construyendo.

 

 

Fuente: Xataka.

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