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Tecnología

Anthropic encontró algo que hasta ahora era difícil demostrar: científicos reales intentaron usar Claude en investigaciones capaces de volver más peligrosos a virus. La empresa bloqueó cinco casos y admite que distinguir ciencia legítima de un posible arma biológica es cada vez más difícil

Anthropic detectó cinco casos en los que científicos utilizaron Claude en trabajos que podían apoyar el desarrollo de armas biológicas. El problema es que parte de esa investigación también puede servir para crear vacunas y tratamientos.
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Durante años, uno de los grandes temores alrededor de la inteligencia artificial avanzada fue relativamente teórico: qué ocurrirá cuando un modelo pueda ayudar a un especialista a modificar un patógeno de maneras que antes exigían conocimientos muy difíciles de conseguir. Anthropic asegura que esa discusión acaba de acercarse bastante más al mundo real.

En su nuevo informe de inteligencia de amenazas, la compañía detrás de Claude describe cinco casos protagonizados por investigadores que utilizaron sus modelos en actividades que podían contribuir al desarrollo de armas biológicas. No afirma que esas personas estuvieran fabricando deliberadamente un arma ni que hayan llegado a producir una. De hecho, insiste en que eran científicos en activo y que algunas de las investigaciones podían tener aplicaciones médicas legítimas.

Ahí está precisamente el problema. Una investigación destinada a comprender cómo cambia un virus puede ser necesaria para anticiparse a futuras epidemias o desarrollar mejores vacunas. Las mismas preguntas, llevadas en otra dirección, pueden servir para hacerlo más peligroso.

Una solicitud parecía académica. El lugar donde iba a realizarse encendió las alarmas

El caso más detallado comenzó en mayo. Los sistemas de seguridad de Anthropic bloquearon una petición relacionada con la redacción de una propuesta de financiación para estudiar cambios en el virus del chikunguña que afectaban propiedades como su transmisión y su capacidad para esquivar defensas inmunitarias.

Sobre el papel podía tratarse de investigación biomédica de doble uso. Pero Anthropic encontró otro elemento que elevó la preocupación: aunque la propuesta mencionaba investigadores civiles, el trabajo estaba vinculado a un instituto de investigación militar.

La compañía amplió entonces la investigación y descubrió una plataforma intermediaria que daba acceso a diferentes modelos de IA a científicos del área de ciencias de la vida y que, según Anthropic, había tratado de evadir restricciones regionales y derivar las consultas rechazadas hacia modelos con controles menos estrictos.

Anthropic terminó suspendiendo las cuentas relacionadas, trabajando con socios para cerrar esas vías de acceso y compartiendo información con otras compañías y autoridades. La red reapareció posteriormente utilizando nuevas cuentas, una señal de lo complicado que puede resultar bloquear por completo este tipo de uso.

Otros casos detectados involucraron investigaciones sobre patógenos como la gripe aviar. Reuters señala que Anthropic documentó cinco episodios en total relacionados con posibles aplicaciones de armas biológicas.

El detalle inquietante es que Anthropic ya no puede asegurar que sus modelos sean poco útiles para esto

Anthropic encontró algo que hasta ahora era difícil demostrar: científicos reales intentaron usar Claude en investigaciones capaces de volver más peligrosos a virus. La empresa bloqueó cinco casos y admite que distinguir ciencia legítima de un posible arma biológica es cada vez más difícil
© Gizmodo.

Hasta hace relativamente poco, la propia compañía consideraba que sus modelos no mejoraban de forma significativa las capacidades de un científico sofisticado en este terreno. Eso ha cambiado.

Anthropic explica que evaluaciones realizadas sobre modelos de 2025 todavía permitían hacer esa afirmación con cierta confianza. Con la generación actual, en cambio, sostiene que las capacidades científicas han progresado lo suficiente como para que ya no pueda garantizar lo mismo. Por eso ha introducido barreras adicionales en sus modelos más nuevos para determinadas consultas biológicas de doble uso.

La evolución importa porque no estamos hablando de enseñarle biología básica a una persona sin formación. La preocupación está en el extremo contrario: qué ocurre cuando un especialista que ya dispone de laboratorio, conocimientos y materiales utiliza una IA capaz de acelerar análisis, revisar literatura, ayudar con documentos científicos o conectar información que antes requería mucho más tiempo.

Anthropic reconoce que esos límites son difíciles de dibujar. La empresa no ha identificado públicamente a los investigadores ni a sus instituciones precisamente porque dice no tener pruebas de que intentaran causar daño.

La misma IA puede ayudar a fabricar una vacuna o plantear algo mucho más peligroso

Ese es el dilema que atraviesa todo el informe. Bloquear cualquier investigación sobre virus haría menos útiles estos modelos para científicos legítimos. Permitir todas las consultas, en cambio, puede abrir una puerta a trabajos con consecuencias completamente distintas. Y el problema ya no se limita a la biología. El mismo informe describe usos de Claude relacionados con armamento convencional, vigilancia, operaciones cibernéticas, campañas de influencia y fraude, todos detectados y posteriormente interrumpidos por Anthropic.

La compañía no está diciendo que Claude haya creado un arma biológica. Está diciendo algo más incómodo: por primera vez ha encontrado científicos reales utilizando un modelo avanzado en investigaciones que podrían servir para desarrollarlas, y reconoce que la frontera entre salvar vidas y crear un riesgo biológico puede parecer prácticamente idéntica desde la pantalla de un chatbot.

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