Hoy resulta fácil sentir repulsión ante la práctica del canibalismo de hace miles de años. Pero para las sociedades prehistóricas, como lo muestra un nuevo estudio, la razón podría haber sido mucho más compleja que la de “la supervivencia del más fuerte”.
En un estudio que se publicó últimamente en el Journal of Archaeological Science, un grupo de arqueólogos revisó miles de restos humanos que se habían encontrado en tres cuevas diferentes de Granada, España. Los restos ya eran conocidos como prueba de canibalismo durante el neolítico (entre 10.000 y 2.000 años a.C.). Pero faltaba datarlos adecuadamente, y categorizarlos según la naturaleza, época y variabilidad de la ocupación humana. Hacerlo le indicaría al equipo que cada uno de los sitios había puesto en práctica el canibalismo por razones diferentes, y no todas eran por sobrevivir.
“Durante décadas el canibalismo prehistórico se solía interpretar como un único tipo de conducta”, declaró Antonio Rodríguez-Hidalgo, coautor del estudio e investigación en el Consejo Nacional Español de Investigaciones. “Nuestro trabajo muestra que no es posible hablar de una única forma de canibalismo neolítico porque la evidencia arqueológica, aunque sea similar, puede ocultar realidades sociales muy diferentes”.
Las cosas, en contexto
Según el trabajo de los arqueólogos, se ha insistido desde hace tiempo en que el canibalismo humano debe interpretarse dentro del marco cultural de cada sociedad. Claro que es más fácil decirlo que hacerlo ya que la “dimensión de inferencia” no está disponible en general, y en especial para estudiar las sociedades prehistóricas.
Los recientes esfuerzos han logrado una distinción general entre el canibalismo involuntario motivado por necesidad, y el canibalismo voluntario mayormente ligado a prácticas rituales. Mientras tanto, las cuevas de Malalmuerzo, Carigüela y Majolicas, se consideran el “punto más caliente del canibalismo” en la Península Ibérica, ya desde 1973, según este trabajo. Pero los arqueólogos no se habían tomado el tiempo de datar y categorizar la evidencia de tal canibalismo.
Tres cuevas con tres historias
En su estudio, este equipo estudió cada muestra en el microscopio, registrando las características físicas como marcas de corte, fracturas y marcas de dientes, registrando además si la lesión había sido antes o después de la muerte. Midieron la antigüedad respectiva de los restos y calcularon la edad de cada individuo mediante datación por radiocarbono. Finalmente, hicieron pruebas estadísticas y análisis computarizado para determinar si las fracturas eran accidentales o intencionales.
Los investigadores encontraron que la forma en que se procesaban los cuerpos era similar en los tres sitios. Pero había diferencias leves, aunque significativas en los contextos específicos. Por ejemplo, en la cueva Majolicas los huesos de alrededor del 3800 a.C. estaban teñidos de color rojo, tal vez con cinabrio, un mineral relacionado con prácticas rituales y mortuorias. Las muestras de Carigüela indicaban que había habido episodios recurrentes de canibalismo durante el neolítico. En Carigüela el equipo identificó esqueletos muy inusuales, como un objeto en forma de copa, hecho de un cráneo humano.

Los restos de Malalmuerzo databan del 5000 a.C. Esas fracturas apuntaban a muertes violentas”, según explicó Rodríguez-Hidaalgo. “Además nuestros análisis indican la presencia de restos de todos los grupos etarios, lo que sugeriría un hecho violento en el que mataron a todos o casi todos los de un grupo, y luego los consumieron”.
Patrones tétricos
Dicho esto, el equipo señaló que aunque los hallazgos son consistentes con patrones conocidos de canibalismo en el neolítico europeo, todavía está abierto a debate el “motivo o razón” de este patrón. Por ahora, resulta difícil averiguar si estos episodios tuvieron una causa en común.
Sin embargo, la tendencia podría reflejar “cambios en la organización social, en las relaciones entre grupos, y en las actitudes con respecto a la muerte y la violencia, añadió Palmira Saladié, autora principal del estudio y arqueóloga del Instituto Catalán de Paleoecología y Evolución social Humana.

De hecho, el neolítico fue un punto de inflexión en la prehistoria, la era final de la Edad de Piedra. También fue entonces que los humanos modernos, los Homo sapiens, se convirtieron en la única especie humana de la Tierra. Tiene sentido entonces que la raza humana empezara a ver importantes cambios culturales y sociales, incluyendo los cambios que tenían implicancias tétricas.