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Tecnología

ATOMZA, el sistema antidrones que intenta “cegarlos” sin bloquear su señal ni derribarlos

Los drones se han convertido en un problema creciente para aeropuertos, infraestructuras críticas y grandes eventos. Frente a los sistemas que interfieren comunicaciones o destruyen el aparato, VANEA Defence propone ATOMZA: una plataforma basada en disrupción óptica que busca inutilizar temporalmente sus sensores sin necesidad de hacerlo caer.
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Los drones son herramientas cada vez más habituales en fotografía, logística, vigilancia o inspecciones, pero esa misma facilidad de uso los ha convertido también en una preocupación para instalaciones sensibles. Un aparato que entra sin autorización en el espacio aéreo de un aeropuerto, una central energética o un evento multitudinario puede generar importantes problemas de seguridad.

El inconveniente es que muchas de las herramientas utilizadas para detenerlos no están al alcance de cualquier operador. Los inhibidores de frecuencia, los sistemas de interferencia GPS o los interceptores capaces de derribar físicamente un dron suelen estar sujetos a fuertes restricciones y, en muchos países, reservados a fuerzas de seguridad o autoridades específicas.

En ese contexto aparece ATOMZA, un sistema desarrollado por VANEA Defence que propone una estrategia distinta: actuar directamente sobre los sensores ópticos del dron.

En lugar de derribarlo, intenta dejarlo sin visión

Según la compañía, ATOMZA no bloquea la comunicación entre el dron y su piloto, tampoco interfiere las señales GPS ni lanza proyectiles contra el aparato.

Su funcionamiento se basa en lo que la empresa denomina disrupción óptica. El sistema dirige energía hacia los sensores del dron con el objetivo de impedir temporalmente que sus cámaras y sistemas ópticos puedan utilizarse correctamente para navegar, localizar objetivos o recoger imágenes.

En términos sencillos, la idea consiste en “cegar” al dron en lugar de destruirlo.

Esto puede resultar especialmente relevante porque muchas aeronaves no tripuladas modernas utilizan cámaras, sistemas de visión artificial y otros sensores para mantener la posición, evitar obstáculos o continuar funcionando incluso cuando existen problemas con la señal del operador.

Al degradar esa capacidad visual, ATOMZA pretende dificultar que el aparato complete su misión dentro de una zona protegida.

Una propuesta pensada también para instalaciones civiles

VANEA Defence presenta precisamente este sistema como una alternativa que podría resultar más accesible para operadores civiles.

La compañía argumenta que actuar sobre los sensores ópticos es jurídicamente diferente a interferir las comunicaciones de radiofrecuencia o el sistema de navegación del dron, tecnologías cuyo uso suele estar mucho más restringido.

Sin embargo, aquí existe una importante cautela: esa interpretación procede de la propia empresa. La posibilidad real de utilizar ATOMZA en aeropuertos, instalaciones industriales o eventos dependerá de las leyes y regulaciones de cada país. Antes de cualquier despliegue generalizado, los reguladores deberán determinar bajo qué condiciones puede emplearse este tipo de tecnología y qué riesgos puede plantear.

Evitar que un dron destruido caiga sobre personas

No derribar físicamente el aparato presenta además otra posible ventaja.

Cuando un sistema destruye o golpea un dron en pleno vuelo, el propio aparato y sus componentes pueden caer de forma descontrolada. En una zona urbana o durante un evento con miles de personas, eso introduce un nuevo riesgo precisamente mientras se intenta solucionar otro.

ATOMZA pretende evitar ese escenario actuando sobre la capacidad sensorial del dron sin fragmentarlo en el aire.

El sistema tiene un peso declarado de unos 195 kilogramos y, según VANEA Defence, está diseñado para alcanzar hasta 20.000 horas de vida operativa. La empresa asegura además que ya se encuentra en producción y disponible comercialmente.

Las primeras pruebas ya están en marcha

ATOMZA está siendo evaluado en Alemania en condiciones operativas por organismos relacionados con la seguridad y por operadores de infraestructuras críticas. VANEA Defence también prepara nuevas pruebas con socios militares.

El sistema todavía tendrá que demostrar no solo su eficacia frente a diferentes tipos de drones, sino también que su funcionamiento puede integrarse de manera segura dentro de los marcos regulatorios existentes.

Su planteamiento, sin embargo, muestra hacia dónde podría evolucionar parte del mercado antidrones: en lugar de interferir señales o destruir físicamente una aeronave, neutralizar los sensores que necesita para comprender el entorno.

Si esa estrategia demuestra ser fiable y legalmente viable, instalaciones civiles podrían disponer de una nueva herramienta para enfrentarse a drones intrusos sin necesidad de hacerlos caer del cielo.

Fuente: 20 Bits.

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