La luz que emiten las luciérnagas es para atraer a su pareja. Un nuevo trabajo de investigación muestra que hay una especie de arañas que aprendió a aprovechar este fenómeno luminoso natural.
En un trabajo publicado el 27 de agosto en Journal of Animal Ecology un equipo de ecologistas informan que la Psechrus clavis (sheetweb spider es su nombre común en inglés) parece aprovechar la luminiscencia de las luciérnagas para atraer a más presas. El análisis observacional y los experimentos en laboratorio revelaron que al usar la luz de la luciérnaga como carnada, estos depredadores nocturnos mejoran su probabilidad de éxito al cazar. Es la segunda vez que se observa esta conducta en arañas, aunque en este nuevo trabajo la especie es completamente diferente.
“Este trabajo nos muestra nuevas formas en que los depredadores que permanecen a la espera de que caigan presas en sus trampas, logran sortear obstáculos, y nos brinda una singular perspectiva sobre la complejidad de las interacciones entre depredadores y presas”, dijo I-Min Tso, ecologista de la Universidad Tunghai de Taiwan, al comunicar los hallazgos del trabajo de su autoría.
Gusto por lo luminoso
Lo que hizo que los investigadores notaran esta extraña conducta fue la tendencia de las arañas a consumir de inmediato todo lo que caía en su telaraña, como polillas por ejemplo. Pero no comían las luciérnagas. Cuando las brillantes criaturas quedaban atrapadas la araña sencillamente las dejaba allí durante aproximadamente una hora y ocasionalmente se acercaban para ver si estaban vivas como para brillar.

A los del equipo del estudio les pareció extraño y sabían que no era porque no les apetecieran las luciérnagas, que sí les gustan. Era obvio que no podían averiguarlo sin un experimento, y eso hicieron.
Prepararon luces LED que se parecían mucho al brillo de las luciérnagas y las colocaron en las telarañas de las Psechrus clavis. Esas telarañas con luces LED atrajeron tres veces más presas en comparación con las telarañas de control que no tenían luces.
Lo sorprendente fue que cuando los investigadores limitaron las presas a luciérnagas reales, las telarañas con luces LED atrajeron diez veces más presas, principalmente machos. Eso sugiere que confunden el brillo artificial con potenciales parejas.
“El trato diferente hacia estas presas sugiere que la araña logra distinguir las especies de presas que captura, y decide cómo actuar”, explicó Tso. “Creemos que probablemente sea por las señales bioluminiscentes, y eso permite que las arañas adopten una conducta diferente hacia las luciérnagas”.
Sin embargo, los investigadores admitieron que usaron réplicas artificiales pero que un experimento de campo en situación ideal utilizaría luciérnagas reales, aunque “en la práctica sería extremadamente difícil”.
Además, muchas especies de luciérnagas están en riesgo de extinción. Resulta tentación creer que las arañas simplemente aprecian la luz que decora sus telarañas, pero tal como lo indica la conducta evolutiva, la hipótesis de este trabajo suena válida. Hasta saber más sobre la comunicación de las arañas, será la suposición más atinada.