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Ciencia

Cuatro huesos olvidados durante décadas en un museo de Suecia acaban de revelar algo inesperado sobre la Edad del Hierro. Investigadores descubren que pertenecieron a enormes ballenas utilizadas hace casi 3.000 años

Los fragmentos, almacenados durante años en archivos del Museo Histórico de la Universidad de Lund, pertenecían a distintas especies de ballenas barbadas y conservaban señales de perforación, desgaste y manipulación humana. El hallazgo está obligando a replantear cómo funcionaban las redes comerciales y la artesanía marítima en la Escandinavia prehistórica.
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En algún momento de los años 60 y 70, unos fragmentos de hueso excavados en el sur de Suecia terminaron almacenados en cajas de museo junto a miles de restos arqueológicos más. Nadie les prestó demasiada atención. Parecían piezas deterioradas, difíciles de identificar y probablemente poco importantes dentro del enorme archivo histórico acumulado por décadas de excavaciones.

Ahora, casi medio siglo después, esos mismos huesos acaban de cambiar parte de lo que sabíamos sobre la relación entre las sociedades escandinavas de la Edad del Hierro y el mar.

Investigadores que revisaban materiales antiguos del Museo Histórico de la Universidad de Lund descubrieron que cuatro de aquellos fragmentos pertenecían en realidad a enormes ballenas barbadas de hace cerca de 3.000 años. Y lo más interesante es que no parecen simples restos abandonados tras un consumo ocasional: muestran señales claras de haber sido trabajados y reutilizados como materia prima artesanal.

Los huesos pertenecían a algunas de las mayores ballenas del Atlántico Norte

Cuatro huesos olvidados durante décadas en un museo de Suecia acaban de revelar algo inesperado sobre la Edad del Hierro. Investigadores descubren que pertenecieron a enormes ballenas utilizadas hace casi 3.000 años
© Alexandre Lefebvre.

El análisis se realizó utilizando ZooMS, una técnica basada en marcadores de péptidos y espectrometría de masas que permite identificar especies incluso cuando los restos están muy deteriorados.

El resultado sorprendió al equipo. Entre los fragmentos aparecieron restos de una ballena jorobada, un rorcual común y posiblemente una ballena franca del Atlántico Norte o una ballena boreal. Hasta ahora, no existían pruebas claras de grandes ballenas barbadas en contextos arqueológicos de la Edad del Hierro en esa región de Suecia.

Eso convierte el hallazgo en algo bastante importante para la arqueología escandinava. Porque el registro conocido hasta ahora estaba dominado por cetáceos pequeños, especialmente marsopas y delfines. Las grandes ballenas parecían prácticamente ausentes de la narrativa arqueológica local.

Lo más extraño no era la presencia de las ballenas, sino las marcas que dejaron los humanos

Los investigadores encontraron algo todavía más revelador al examinar la superficie de los huesos. Algunos fragmentos conservaban perforaciones realizadas con herramientas, señales de abrasión intensa y cortes que dejaban expuesto el interior esponjoso del hueso. Una de las piezas, procedente de Stockholmsgården, presentaba incluso tres perforaciones claramente taladradas y marcas de desgaste asociadas a manipulación prolongada. Eso cambia bastante la interpretación del hallazgo.

Los huesos no parecen residuos alimentarios casuales. Todo apunta a que fueron procesados deliberadamente para fabricar objetos o componentes artesanales. Y eso tiene sentido.

El hueso de ballena era un material extremadamente valioso para las sociedades nórdicas antiguas. Es resistente, enorme, relativamente fácil de trabajar y permite fabricar herramientas, elementos decorativos, piezas de juego y otros objetos cuya función hoy resulta difícil de reconstruir.

La Escandinavia de la Edad del Hierro probablemente estaba mucho más conectada de lo que imaginamos

Cuatro huesos olvidados durante décadas en un museo de Suecia acaban de revelar algo inesperado sobre la Edad del Hierro. Investigadores descubren que pertenecieron a enormes ballenas utilizadas hace casi 3.000 años
© Jean-Marc Pétillon / Eduardo Berganza.

El estudio también abre otra posibilidad fascinante. Los investigadores advierten que la presencia de huesos de ballena no significa necesariamente que estos animales fueran comunes en las costas suecas de la época. En sociedades con redes comerciales activas, los materiales podían viajar enormes distancias. Eso implica varios escenarios posibles.

Los huesos pudieron proceder de ballenas varadas en otras regiones, de capturas realizadas lejos de Suecia o incluso de comercio especializado de materias primas marinas. Y ahí aparece una idea clave: la Edad del Hierro escandinava quizá dependía de redes de intercambio marítimo mucho más sofisticadas de lo que solemos imaginar.

Los contextos donde aparecieron los restos refuerzan esa hipótesis. En Västra Karaby y Stockholmsgården, los huesos estaban asociados a áreas de talleres y viviendas semienterradas vinculadas a actividad artesanal. Los arqueólogos ya sospechaban desde hace años que estos asentamientos funcionaban como pequeños centros de producción especializada. Ahora los huesos de ballena añaden una pieza nueva a ese puzzle económico.

Lo más fascinante del hallazgo es que estuvo olvidado durante décadas en un archivo

Y quizá ahí está una de las partes más interesantes de toda la historia. El descubrimiento no apareció en una excavación espectacular ni en una expedición remota. Surgió revisando cajas almacenadas en un museo universitario. Material arqueológico excavado hace décadas y que permaneció prácticamente invisible hasta que nuevas técnicas permitieron reinterpretarlo.

Eso ocurre más de lo que parece en arqueología moderna. Muchos museos conservan miles de piezas catalogadas hace generaciones bajo criterios limitados por la tecnología de su época. Hoy, herramientas químicas y genéticas permiten extraer información completamente nueva de objetos que llevaban décadas considerados secundarios.

En este caso, cuatro fragmentos olvidados terminaron revelando algo bastante grande: que hace casi 3.000 años, las comunidades del sur de Escandinavia probablemente ya utilizaban enormes huesos de ballena dentro de redes artesanales y comerciales mucho más complejas de lo que imaginábamos.

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