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Artemis II vuelve a aplazarse y ahora mira a marzo. Las ventanas de lanzamiento que decidirán cuándo la NASA rodeará la Luna con astronautas

La misión que marcará el regreso humano a la órbita lunar sufrió nuevos retrasos tras problemas técnicos en el SLS. La NASA ha definido varias ventanas en marzo que dependen no solo del clima, sino de complejas alineaciones orbitales y pruebas críticas de los sistemas de la nave Orion.

El regreso humano a la órbita de la Luna vuelve a tomarse un respiro forzado. La NASA ha tenido que reprogramar el lanzamiento de Artemis II tras detectar problemas técnicos en las pruebas finales del cohete SLS, empujando la misión a una nueva serie de ventanas en marzo. No es solo un retraso más en un calendario ya ajustado: es el recordatorio de hasta qué punto una misión tripulada depende de una coreografía milimétrica entre hardware, personas y geometría orbital.

Un problema técnico que lo cambia todo

Artemis II es la misión que debe llevar a cuatro astronautas alrededor de la Luna en un vuelo de unos diez días. No habrá alunizaje, pero sí una prueba completa de los sistemas de la nave Orion y de su capacidad para sostener vida humana fuera de la órbita baja terrestre. La primera ventana de lanzamiento estaba prevista para principios de febrero, pero el ensayo general del 2 de febrero destapó una fuga de hidrógeno líquido en la interfaz de la etapa central del SLS.

Ese tipo de fallo no admite atajos. El hidrógeno es extremadamente volátil y cualquier problema en los sistemas de carga y sellado obliga a revisar conexiones, sensores y procedimientos. La consecuencia inmediata fue cancelar las fechas de febrero y reprogramar el intento para marzo, una vez completadas las reparaciones y nuevas verificaciones.

Cinco ventanas en marzo… y no todas valen

Artemis II vuelve a aplazarse y ahora mira a marzo. Las ventanas de lanzamiento que decidirán cuándo la NASA rodeará la Luna con astronautas
© X / Mar__Carrillo.

Según el cronograma difundido por la NASA, el Centro Espacial Kennedy dispone de cinco oportunidades de lanzamiento consecutivas en marzo, con horarios que se desplazan cada día. No es una cuestión de agenda interna: cada ventana responde a la alineación entre la Tierra, la Luna y la órbita que debe seguir Orion tras separarse del SLS.

El perfil de misión exige que la nave entre primero en una órbita terrestre alta para comprobar sistemas críticos de soporte vital antes de encarar el viaje lunar. Además, la trayectoria debe garantizar que Orion no permanezca más de 90 minutos en la sombra de la Tierra, ya que una exposición prolongada comprometería la recarga de energía de los paneles solares. A esto se suma la geometría necesaria para un reingreso seguro a la Tierra al final del vuelo.

El arte de lanzar cuando todo encaja

Desde fuera, puede parecer que basta con “arreglar la fuga y esperar buen tiempo”. En la práctica, el lanzamiento de Artemis II depende de una lista de condiciones que deben cumplirse de forma simultánea: software validado, tanques cargados sin incidencias, meteorología favorable, tripulación preparada y una ventana orbital que encaje con todo lo anterior. Perder una de esas piezas obliga a mover todo el tablero.

Este tipo de retrasos no son una rareza en programas espaciales tripulados, pero en Artemis pesan más por el simbolismo: es la primera vez en más de medio siglo que la NASA enviará humanos más allá de la órbita baja terrestre. Cada día de espera es frustrante para el público, pero también es el precio de no repetir errores en un entorno donde no hay margen para improvisar.

Un ensayo general para lo que viene después

Artemis II no es el destino final del programa, sino su prueba de fuego. Si todo sale bien, abrirá la puerta a Artemis III, la misión que sí debería llevar astronautas a la superficie lunar. Por eso la NASA se permite —y se exige— este nivel de prudencia. La Luna lleva ahí 4.500 millones de años; el reto ahora es acertar con el día exacto para volver a rodearla con humanos sin que nada quede al azar.

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