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Ciencia

Así fue la primera y desconocida misión de Japón a la Luna: una historia de ingenio y perseverancia

Mucho antes de que la JAXA se convirtiera en un referente mundial de la exploración espacial, Japón ya soñaba con la Luna. En 1990, el país lanzó la sonda Hiten, su primera misión lunar, marcando un antes y un después en la historia de su programa espacial. Aquella pequeña nave, de apenas 200 kilos, abrió el camino hacia una nueva era científica
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El 24 de enero de 1990, Japón se convirtió en el tercer país del mundo en enviar una sonda a la Luna, después de Estados Unidos y la Unión Soviética. El lanzamiento se realizó desde el Centro Espacial de Kagoshima (hoy Uchinoura Space Center) con un cohete Mu-3SII-5, construido por Nissan.

La misión, desarrollada por el Instituto de Ciencia Espacial y Astronáutica (ISAS), tenía como protagonista a la sonda MUSES-A, rebautizada tras su lanzamiento exitoso como Hiten (ひてん, “doncella celeste”). Con apenas 197 kilos y un diseño cilíndrico cubierto de paneles solares, la nave se convirtió en el símbolo del renacimiento del programa planetario japonés.

Su objetivo era claro: demostrar la capacidad tecnológica de Japón para enviar y maniobrar una nave más allá de la órbita terrestre. Y lo consiguió con creces.

Un viaje lleno de desafíos

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© dunc – Pixabay

Hiten fue lanzada con la intención de alcanzar una trayectoria directa hacia la Luna, pero un fallo en la etapa superior del cohete redujo su velocidad en unos 50 metros por segundo, dejando a la sonda en una órbita más baja de lo esperado.

Lejos de considerarlo un fracaso, los ingenieros japoneses corrigieron el rumbo mediante una maniobra de precisión, logrando un primer sobrevuelo lunar el 19 de marzo de 1990, a apenas 16.472 kilómetros de la superficie.

Durante ese encuentro, Hiten liberó un pequeño subsatélite llamado Hagoromo (はごろも, “manto de plumas”), de solo 12 kilos. Aunque se perdió la comunicación con él poco después, la misión continuó demostrando el ingenio japonés frente a la adversidad.

La pionera del aerofrenado

Aerofrenado
© NASA/JPL/Corby Waste, Public domain, via Wikimedia Commons

Uno de los logros más notables de Hiten fue el uso experimental del aerofrenado, una técnica que utiliza la atmósfera terrestre para reducir la velocidad orbital de una nave.

El 19 de marzo de 1991, Hiten se convirtió en el primer objeto fabricado por el ser humano en aplicar esta maniobra, pasando a solo 126 kilómetros de la superficie terrestre a una velocidad de 11 km/s. La fricción redujo su altitud orbital y permitió validar una técnica que décadas después sería fundamental en misiones a Marte y Venus.

Gracias a los cálculos de los científicos del JPL Edward Belbruno y James Miller, la sonda adoptó una innovadora trayectoria de baja energía que le permitió entrar en órbita lunar con un gasto mínimo de combustible.

El 15 de febrero de 1992, Hiten logró lo que parecía imposible: entrar en órbita lunar estable, convirtiéndose en la primera nave japonesa en hacerlo. Tras más de dos años de operaciones, el 10 de abril de 1993 impactó de forma controlada entre los cráteres Stevinus y Furnelius, cerrando un capítulo glorioso de la exploración espacial nipona.

Un legado que abrió el camino

El éxito técnico de Hiten allanó el terreno para futuras misiones japonesas, como SELENE/Kaguya (2007), la primera sonda lunar plenamente exitosa del país. Entre ambas misiones hubo otros intentos cancelados, como LUNAR-A, que nunca llegó a despegar, pero cuya tecnología sirvió de base para el desarrollo de nuevos instrumentos científicos.

Hiten no solo demostró que Japón podía llegar a la Luna: demostró que podía hacerlo con creatividad, precisión y perseverancia, valores que hoy siguen definiendo su programa espacial.

[Fuente: Eureka]

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