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Ciencia

Así se reconstruye la historia más antigua del sistema solar. El asteroide Bennu contiene polvo estelar y compuestos orgánicos anteriores al Sol

Las muestras recogidas por OSIRIS-REx confirman que Bennu no es una simple roca espacial. Su interior alberga partículas formadas en estrellas muertas hace miles de millones de años, minerales con agua en su estructura y restos orgánicos que anteceden al nacimiento del Sol. Este hallazgo abre la puerta a comprender cómo se mezclaron los ingredientes cósmicos que dieron lugar a la Tierra y a los planetas.
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Durante décadas, Bennu había sido observado como un objeto cercano y potencialmente peligroso, pero no fue hasta que la misión de la NASA trajo sus fragmentos a la Tierra que los científicos pudieron asomarse a su verdadera naturaleza. Lo que encontraron no es solo un archivo geológico: es un registro intacto de épocas anteriores al sistema solar.

Un asteroide ensamblado a partir de ruinas cósmicas

Hallazgo histórico de la NASA: el asteroide Bennu contiene material más antiguo que el sistema solar y cambia lo que sabíamos de su origen
© X / @NASASolarSystem.

Bennu no se formó como un cuerpo sólido y homogéneo. Su estructura actual es el resultado de la destrucción de un asteroide progenitor mucho mayor, golpeado y fragmentado por colisiones en el cinturón de asteroides. Los restos de aquel cuerpo se reagruparon en un ensamblaje frágil donde se mezclaron materiales de origen diverso: desde sólidos generados cerca del Sol hasta polvo interestelar procedente de estrellas muertas.

Algunas de esas partículas lograron conservarse sin alteraciones, lo que ha permitido a los investigadores identificar componentes más antiguos que el propio sistema solar. Estos fragmentos funcionan como cápsulas químicas que sobrevivieron a catástrofes cósmicas y quedaron atrapadas en Bennu durante miles de millones de años.

Polvo estelar y compuestos orgánicos

Hallazgo histórico de la NASA: el asteroide Bennu contiene material más antiguo que el sistema solar y cambia lo que sabíamos de su origen
© NASA/James Tralie.

Uno de los resultados más llamativos es la detección de polvo estelar y compuestos orgánicos con huellas isotópicas inusuales. Estos materiales se originaron en estrellas que desaparecieron mucho antes de que naciera nuestro Sol. Más tarde se incorporaron a la nube de gas y polvo que dio origen a los planetas.

El hecho de que Bennu contenga tanto partículas formadas cerca del Sol como granos interestelares muestra la diversidad y complejidad de los procesos de transporte de materiales en los primeros millones de años del sistema solar. En pocas palabras, es una prueba tangible de cómo lo cercano y lo lejano se unieron para formar mundos como el nuestro.

El papel del agua en su evolución

Hallazgo histórico de la NASA: el asteroide Bennu contiene material más antiguo que el sistema solar y cambia lo que sabíamos de su origen
© NASA/Erika Blumenfeld & Joseph Aebersold.

Los análisis también revelan que gran parte de los minerales de Bennu fueron alterados por interacciones con agua líquida. El asteroide padre que lo originó acumuló grandes cantidades de hielo, que con el tiempo se derritió y reaccionó con silicatos y otros compuestos.

Las reacciones químicas ocurrieron a temperaturas sorprendentemente bajas, alrededor de 25 grados Celsius, y dejaron una huella clara: cerca del 80 % de los minerales de Bennu contienen agua en su estructura cristalina. Estos procesos hidrotermales consolidaron su composición y preservaron parte del material primitivo.

Un cuerpo marcado por el espacio

A lo largo de su existencia, Bennu fue modelado por la meteorización espacial. La ausencia de atmósfera permitió que micrometeoritos y viento solar impactaran directamente su superficie, dejando cráteres microscópicos y capas de roca fundida. Estos procesos modificaron su aspecto externo, pero no lograron borrar la información más antigua que aún se conserva en su interior.

La comparación con otros asteroides, como Ryugu, revela que compartieron regiones similares de formación, aunque las diferencias químicas sugieren que el espacio primitivo fue mucho más heterogéneo y dinámico de lo que se pensaba.

Una cápsula del tiempo cósmica

Bennu no es solo un visitante cercano de la órbita terrestre. Es una cápsula de tiempo que guarda polvo interestelar más viejo que el Sol, minerales impregnados de agua y compuestos orgánicos que podrían haber sido clave en los orígenes de la vida.

Cada grano analizado es un testigo de los procesos que precedieron a nuestro sistema solar y una pieza del rompecabezas que explica cómo surgió la Tierra. La misión OSIRIS-REx no trajo simplemente un puñado de rocas: nos entregó las páginas más antiguas de nuestra propia historia cósmica.

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